Budismo en zapatillas

Vibrar alto

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La primera vez que lo escuché fue durante la pandemia, y sonaba a consuelo. Estábamos todos encerrados y con miedo, y circulaba un texto que explicaba que las emociones tienen una frecuencia: que el miedo, el dolor, la irritación, el abandono vibran bajo, que el amor y el agradecimiento vibran alto, y que de eso dependía enfermarse o no. Cada tanto alguien me lo reenviaba.

Pensé que se iba a ir cuando se fuera la pandemia. No se fue. Se instaló en cómo hablamos: "esto me vibra bajo", "esta persona tiene una vibración hermosa", "me vibra mal". Terminó siendo una forma de clasificar personas y situaciones sin tener que explicar nada.

Y ya que se quedó a vivir con nosotros, conviene abrir el paquete. Porque adentro hay algo cierto y algo que no, y vienen pegados.

La vibración en el cuerpo humano

Todo en el Universo vibra, es parte de cómo los átomos crean la materia. Y el cuerpo humano tiene un determinado rango vibratorio producto de su composición. Por ejemplo, los ojos y los huesos vibran diferente, los pulmones y los intestinos absorben las ondas sonoras de manera distinta.

Nuestras emociones tensan al cuerpo, en algunas partes más que otras, generando mayor resistencia, pero el rango es tan imperceptible que su vibración no cambia.

También, los pensamientos que generan emociones de mayor estrés, causan una aceleración de la respiración, ritmo cardíaco y hasta hacen que el tono de nuestra voz se eleve (no sólo el volumen sino la tonalidad). De hecho, nuestras cuerdas vocales vibran de manera más aguda cuando estamos activados y en sensación de peligro. En general, las voces calmas, graves, vibran más bajo y nos hacen sentir más en calma.

La respuesta autoinmune

Lo que pensamos nos afecta emocionalmente, y las emociones están directamente relacionadas con la respuesta de nuestro sistema inmunológico. Es decir, cuanto más miedo, estrés y peligro sintamos, nuestra respuesta a las enfermedades puede ser menor. Esto ha sido algo que inclusive el gran psiquiatra Viktor Frankl observó durante su detención en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial: si un prisionero perdía la alegría de vivir, enfermaba y moría.

Las hormonas del estrés generan inflamación, y cuando esa inflamación se cronifica, se va comiendo de a poco al mismo cuerpo y el sistema autoinmune puede terminar atacando al mismo cuerpo al intentar defenderse de lo que sucede en el ambiente (o en el caldo mental que todos cultivamos a diario).

¿De dónde viene esto de "vibrar alto"?

Un psiquiatra estadounidense, David R. Hawkins, en su libro "El poder contra la fuerza" (1995), ordena las emociones humanas yendo de 0 (muerte) a 1000 (iluminación). Y dice que a menor vibración (miedo, odio) más posibilidades de enfermar y morir.

Su método fue el test muscular: sostenía que el cuerpo se debilita frente a lo falso y se fortalece frente a lo verdadero. Con eso concluyó que las personas con emociones menos afines a sentirse en paz con la vida estaban más débiles y eran más susceptibles de enfermarse. Conviene decirlo con todas las letras: ese método no comprueba nada.

También, en su investigación cita como las personas más tristes, doloridas o deprimidas, carecían de energía y sus procesos de reparación sucedían de manera más lenta o ineficiente.

Eso último —que las emociones sostenidas afectan la salud— sí es cierto, pero no por lo que él creía.

¿Qué es lo que cambia con nuestros pensamientos?

Lo que cambia dentro nuestro cuando estamos calmos, alegres, agradecidos, es nuestra química cerebral. Segregamos más neurotransmisores vinculados con el bienestar y menos hormonas vinculadas con el estrés. Eso hace nuestra respuesta autoinmune más efectiva. Nuestro cuerpo no vibra distinto.

Aquí las preguntas más comunes que recibí de mis alumnos y consultantes:

¿Por qué tomamos esta frase como si LA vibración fuera medible y real?

Probablemente, la poesía de Hawkins haya sido tomada en serio en una simplificación mayúscula de su legado. En su libro habla de la expansión de la Consciencia, y ordena las emociones de "malas" a "buenas".

¿Hay emociones malas o buenas?

En realidad, no. Las emociones según el Dalai Lama, no son buenas o malas, sino que nos apegamos a ellas y nos identificamos tanto que terminamos creyendo que son nosotros. El miedo te avisa, la tristeza te frena, la bronca te marca dónde estaba el límite. Ninguna vino a arruinarte el día. El problema no está en sentirlas, está en mudarse adentro de una y decorarla.

¿Entonces si me enfermo es porque vibré bajo?

No. Y esto lo escribo sabiendo bien de qué hablo. Cuando me diagnosticaron el tumor cerebral, hubo gente que me preguntó si no habría vibrado bajo. Si no tendría algo para reparar que no quería ver.

No me lo preguntaban para lastimarme, y creeme que lo sé. Me lo preguntaban porque necesitaban que el mundo tuviera una lógica donde los tumores le pasan a los que dejaron algo sin mirar. Si vos hiciste algo mal, entonces yo, que estoy mirando todo, estoy a salvo. Es un mecanismo viejo y bastante humano: se protegían. El problema es lo que queda del otro lado de esa pregunta, que es alguien acostado, esperando una cirugía, y ahora encima buscando en su propia vida qué fue lo que hizo mal.

Enfermarse no es un examen de actitud. Hay genética, hay edad, hay un virus que circula, hay azar, hay años de cosas que no elegiste. Que el estrés sostenido tenga un costo real en tu salud es verdad; que vos seas el autor intelectual de tu enfermedad, no. Entre esas dos frases hay un abismo, y la industria del pensamiento positivo vive de que no lo veas.

¿Y entonces da igual lo que piense?

Tampoco. Fijate la diferencia: no vas a evitar una enfermedad pensando lindo, pero sí podés cambiar la vida que llevás mientras tanto. Dormir mejor, tener a alguien a quien llamar un martes a las once de la noche, dejar de correr detrás de cosas que no querías. Nada de eso te hace vibrar distinto. Te hace vivir distinto, que es bastante más interesante.

¿Está mal decir que alguien me vibra mal?

No, y creeme que yo también lo digo. Cuando decís que alguien te vibra mal casi siempre estás describiendo algo cierto: te ponés en guardia, se te tensa la panza, se te acelera algo. Eso pasó de verdad. Lo que no pasó es que la persona tenga una frecuencia. La que se activó fuiste vos, y lo que sentiste es información valiosa sobre ese vínculo. Ponerle un número del 0 al 1000 no la vuelve más cierta: la vuelve más difícil de mirar.

Y ahí está lo que me interesa de todo esto. La versión mística parece más generosa —todos podemos elevar la vibración, todos podemos— pero deja al que se enferma solo y encima culpable. La versión aburrida, la de la química y el sueño y la gente que te quiere, no promete nada milagroso. Solo te devuelve lo que sí está en tus manos, que nunca fue todo, pero tampoco fue nada.

Así que la próxima vez que te llegue ese texto por WhatsApp, no hace falta que lo pelees. Es una forma torpe de decir algo que sí importa: que cómo vivís te pasa por el cuerpo. Lo que no necesitás es inventarle una física para que sea verdad.

Construir certezas en un mundo en cambio

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Hace mucho que no escribo por aquí. No es que me haya olvidado, estuve tratando de poner foco en la escritura y revisión de mis libros, pero realmente extraño este formato. Gracias por leerme. Hoy quiero hablarte de cómo tener un poco de ancla en este mar tan removido de los tiempos del COVID-19.

Estamos viviendo una de las etapas más transformadoras de la vida humana en muchos años, quizá en casi un siglo. Todo lo que considerábamos cierto ya no lo es, todo se desvaneció por completo.

Los seres humanos no somos muy afectos a la impermanencia, la llevamos bastante mal. Nos gusta que las cosas sean de un modo, y que sigan así "para siempre".

La mala noticia aquí es que todo cambia, nada es permanente... si lo pensás, todo lo que comenzó en algún momento terminó, todo lo que estuvo vivo en algún momento dejó de estarlo. La estabilidad o certeza es simplemente una ilusión de la mente para poder lidiar con el mundo.

¿Cómo es eso? Sólo podemos dar un paso en el mundo si miramos a nuestro alrededor y sentimos que "conocemos el terreno". Y lo cierto es que superficialmente muchas cosas no cambian: nuestro barrio, la camisa que nos pusimos ayer, la forma en la que cocinamos la pasta, la forma en la que los políticos se comportan... jaja... perdón, necesito hacer foco.

Lo cierto es que las cosas parecen estáticas, pero no lo son... nosotros no lo somos, nuestra mente ve cosas distintas mirando lo mismo una y otra vez, estamos hechos además de trillones de células que van cambiando todo el tiempo.

¿Por qué nuestra mente cree en la permanencia?

Tenemos la capacidad de analizar cientos de escenarios posibles a cada minuto ¿llego a cruzar la calle antes de que este coche? ¿qué sucede si olvido algo en el supermercado? ¿puedo cambiar la ruta para volver a casa? ¿qué pasa si está oscuro? ¿cruzo de vereda o sigo por esta? Nuestra mente tiene como objetivo garantizar la supervivencia, y la forma de hacerlo es crear en nuestra mente escenarios uno detrás de otro y evaluarlos para ver cómo actuar. La única forma de que todos estos cálculos mentales tengan sentido es que lo que estamos valorando no cambie.

Y nuestra confianza se cimienta en que podamos repetir un resultado (por ejemplo, una postura de yoga compleja, una torta cocinada desde cero). Confiamos cuando nos sentimos "en control".

¿Qué se hace entonces en estos tiempos?

Bueno, en estos tiempos, y en los anteriores también, las certezas que teníamos y que venían del afuera se disuelven a más o menos velocidad. Todo lo que creíamos del mundo, y sobre su funcionamiento, hoy está en duda.

Tenemos dos opciones posibles: creer que lo que "fue" volverá a ser, o que vamos a vivir en el futuro una "nueva normalidad". Yo me inclino por la segunda, no quisiera vivir una realidad que pueda desencadenar en volver esto nuevamente, no?

No podemos controlar el afuera. Nunca pudimos, lo que pasa es que entre todos hicimos un esfuerzo titánico para evitar que cambiara... hasta que no lo pudimos sostener más. Y aquí no importa si el virus nació en una probeta en un laboratorio chino o en un mercado húmedo. De verdad que no importa el pasado, importa el presente.

Sí podemos decidir cómo reaccionar frente a lo que pasa, y eso es lo que llamo "construir certezas desde adentro". Es saber que lo que está pasando no pudo no haber pasado, que lo que fue simplemente ES, que lo que nuestra mente ve como otros escenarios posibles de lo que "podría haber pasado" es parte de ese mecanismo que usamos para prever la realidad, pero no es más que una creación de la mente.

Como esa creación propia (y a veces colectiva) nos gusta más que lo que sucedió, estamos "enamorados" de ella... y sufrimos porque no fue. Desearla no la hace real. Se que no es tema de este post, pero la Ley de Atracción nos hizo mucho daño en la forma de pensar, porque genera mucho sufrimiento. (si te interesa el tema, déjame un comentario y lo charlamos en otro momento).

Las cosas sólo sucedieron como podían, porque es un juego de causa-consecuencia (karma, acción). No podrían haber sido de otro modo. Bueno, fueron de otro modo o podrían ser de otra manera en nuestra mente, porque tenemos esa maravillosa habilidad de crear escenarios e imaginarnos alternativas.

Crea certezas eligiendo siempre el presente como es, eligiendo cómo reaccionar frente a lo que pasa, eligiendo siempre desde dentro. Tu paz y calma te pertenecen. El mundo conocido puede caerse a pedazos, y podes ser quien navegue esta nueva realidad o viva esclavizado por las visiones que creó tu mente sobre lo que "debería haber sido".

Nota final: inspirado en un autor que vivió en mi barrio de infancia, el genial Julio Cortázar, no corrijo lo que escribo: como sale, sale. Eso puede hacer que un texto sea confuso, tenga errores gramaticales u ortográficos, o le falten palabras. Si lo pensás, se parece bastante a cómo habla un hombre de casi 50 años con una cirugía cerebral, jajaja... Pido disculpas si eso hace complicada la lectura en algún momento, voy por lo espontáneo, por evitar la "parálisis por análisis" y que lo que escribo llegue a ver la luz (en vez de morir en la carpeta de "borradores" con las más de treinta entradas que aún estoy "corrigiendo"). Gracias por tu paciencia.

Sana uno y sanamos todos

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Hace rato que hay gente que me escribe por dos cosas principalmente: quieren poder sanar cosas de su pasado y su presente, y quieren aprender a meditar.Con el tiempo descubrí que, en realidad, ambas cosas son lo mismo. Para mi están profundamente conectadas.El proceso de sanación no es algo externo, no es algo que alguien pueda activar desde afuera. Los "sanadores" son un mal de nuestro tiempo, son gente a quienes les encanta mostrarse indispensables para el proceso de otros. "Yo te sano" parece un gesto de amor, aunque a mi me suena a una declaración de dependencia.La capacidad de sanación es un talento natural de cada uno, lo que ocurre es que no sabemos muchas veces cómo activarlo. Me refiero a la sanación emocional, que es la que muchas veces decide cómo reacciona nuestro sistema inmune, y nuestra capacidad de recuperación física.Pensando en mi propio proceso (que podés leer en el blog, y también ver la TEDx del año pasado) y en lo que me ayudó a mí, me metí en los borradores de mi libro y en los audios que fui grabando en estos dos años.Siete días para empezar a sanarAsí nació esta serie de meditaciones que empecé a mandar por WhatsApp a la gente que está pasando por cosas complicadas en este momento. Se lo dediqué especialmente a una amiga que está tratando de deshacerse de un cáncer y de todas las emociones que le despierta, y a un amigo que está tratando de aceptar una de las pérdidas más dolorosas de su vida.Ninguno de los dos está habituado a meditar a diario, y los pensamientos sombríos sobre su futuro los llevaron a enfermarse más allá de lo que ya estaban pasando.Les pedí que lo compartieran con quienes quisieran, si era algo que pudiera llegar a servirle a alguien más... bienvenido!Cuando abrís la mano, ya no es tuyoUna cadena que empezó como algo íntimo, sin saber muy bien cómo, llegó a más de 10 países y a miles de personas. No lo se con exactitud, sólo lo sé por quienes me han escrito a mi Instagram, que pegó un salto enorme en una semana. Pero eso no es lo importante, de verdad que no... lo más importante es lo que me compartieron algunos de los que hicieron este ciclo de meditaciones conmigo.El lema de estas meditaciones que "si sana uno, sanamos todos" porque cuando nosotros estamos mejor, el mundo alrededor nuestro recibe ese impacto, no somos sólo nosotros los que nos beneficiamos de la reparación, el consuelo o la salud.Y entre esas historias de sanación personal que consiguieron despertar estos meditadores, te quiero compartir un par:

  • Una señora que cuando llegó la séptima, se la quería guardar para cuando estuviera triste porque no quería que se acabe.
  • Una oceanógrafa que las escuchaba en la playa a más de 15.000 kilómetros de distancia de donde las grabé.
  • Una madre de dos niños en un pueblito del sur de Alemania donde, entre mates y la cocina, usaba mis audios para volver a su eje,
  • Un veterinario que usa las meditaciones como tema de conversación con una compañera a la que quiere invitar a salir, para descubrir que ella estaba también siguiendo los mismos audios.
  • Una trabajadora que, en un hospital, le hace escuchar un audio a una paciente con dificultades para respirar, y toda la sala común le pide que se las haga escuchar.
  • Un chico que trabaja en Lima con gente que vive en la calle, y las comparte mientras cenan y se van a dormir en el refugio.
  • Mis amigos que las reciben de personas que no me conocen.
  • Gente que no tiene ni Instagram, ni Facebook... ni WhatsApp o teléfono! Y las escuchó de mano de una trabajadora social en un lugar árido y silencioso del norte de Chile.

Increíble viaje escuchar los mensajes que recibo a diario de gente que se da cuenta que sanar es un derecho, y que aquellas emociones que sentimos mientras los síntomas nos comen, son parte de lo que también hay que sanar.Se me ocurrió hacer una pequeña encuesta en Facebook sobre el tema de las próximas meditaciones... ¿Ansiedad o Capacidad de Sanación? Y, sin sorpresas... ganó la segunda nuevamente. Más de mil personas contestaron, y recibo mensajes a diario.Vamos a lo concretoLa idea de usar una lista de distribución en WhatsApp es que no hay casi barrera tecnológica: lo recibís, lo escuchas, lo compartís si querés. Además, me permite estar en contacto con la gente de manera espontánea y compartir como persona que conecta con otra persona.El único tema, es que este sistema permite armar listas de un máximo de 256 personas a la vez. Lo que es una suerte, si pensás que todos los mensajes, con algunas demoras, los leo yo. Todos.Si sabes de alguien que le interese trabajar este tema, pasale este post o que se meta en mi Instagram y me escriba.¿Por qué que los otros sanen modifica lo que a mí me pasa?Para terminar ¿te acordas de cuando te decían que una manzana podrida estropeaba todo el cajón? Bueno, también funciona a la inversa: todo aquello que vos sanes, los otros aprenderán de vos.Sea lo que hagas, sabé que lo que compartas será aquello que alimentará a los otros. Expandí consciencia, en la forma que sea... porque si sanas vos, sanan todos.

Gigantesco Circo Lowandi

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Acabábamos de terminar el colegio secundario. Fue una época complicada para mí. Era muy malo para las actividades físicas, quien lo diría... y muy poco sociable, otra sorpresa. Si conocieras al que era a los diecisiete, probablemente no sabrías que él y yo somos la misma persona. Flaquito, desgarbado, silencioso, tímido, y decidido a hacer carrera en... publicidad! 

Es la edad en la que todos estamos buscando nuestro lugar en el mundo, aquello en lo que queremos entregar nuestro corazón. Y en ese lugar también estaba Marina.

Marina fue mi compañera de banco más de la mitad del secundario. Nos sentábamos en primera fila, justo en el banco que estaba más cerca de la puerta de salida del aula. Creo que no era casualidad... casi que no formaba parte de lo que pasaba en mi grupo, pero no porque no quisiera: no calzaba, era la oveja negra ahí también.

Marina al principio no me soportaba mucho. Yo soy zurdo y ella diestra, entonces nos matábamos a codazos, hasta que yo empecé a poner mis cuadernos en posición vertical y aprendí a escribir de arriba hacia abajo (aún escribo así para no mancharme la mano con tinta y ver lo que estoy dejando en la hoja). Además, yo era un "nerd" en toda regla y ella era la hija menor de un talabartero y una mujer enormemente creativa y dulce.

Ellos tenían una casa en Capilla del Monte (Córdoba, Argentina), muy cerca del río Calabalumba. Era una casita sencilla, blanca, en una esquina. En esa época estaba en el borde exterior del pueblo.

Marina hablaba siempre de ese lugar como uno de los más importantes en su mundo, sus vacaciones ahí eran una forma de conectar con el cerro, la tierra, y la gente tranquila. Ella siempre decía "tenés que conocer, tenés que venir alguna vez".

Yo había ido en uno de los peores años de mi adolescencia, con un campamento de los curas carmelitas. Mi familia formaba parte del Movimiento Familiar Cristiano y los campamentos eran casi parte obligada de las vacaciones. No era muy bueno para la vida al aire libre, y los curas solían aprovecharse de mi tono pálido y físico larguirucho para burlarse de mí, supongo con el edificante propósito de sacarme de la zona de confort. Para entonces, yo ya llevaba bastante mal comer carne, y el cura párroco era afecto a carnear animales para todo el campamento. Esteban los compraba vivos: cabras, y hasta una vez un cerdo. Una vez, un chivo se le escapó mientras intentaba matarlo y se escondió en mi carpa. Yo estaba dentro leyendo un libro y cuando el cura lo encontró, se lo llevó de las orejas mientras el animal lloraba a los gritos. 

A pesar de mis malos recuerdos a orillas del Calabalumba, Marina me prometió que si íbamos de vacaciones al terminar quinto año del colegio, podría comer lo que quisiera. Fueron una semana y media de arroz y pastas para mí. 

La noche que llegamos a Capilla del Monte, empezamos a caminar por el barrio y pasamos por un terreno baldío que estaba antes de la entrada del Camping Municipal. Un enorme poste blanco con una bola dorada en la punta estaba plantado en la tierra y un grupo de hombres y mujeres estaban apuntalando otros más pequeños mientras una lona multicolor se desplegaba cubriendo todo el predio. Estábamos los cuatro congelados mirando la escena, cuando vimos alguien acercarse con unos panfletos que decían en papel mimeografiado "GIGANTESCO CIRCO LOWANDI" y mostraba los horarios de las funciones y contaba las geniales atracciones que traían al pueblo: trapecista, amaestradora de perros, mujer con el cabello de acero...

Mientras caminábamos a la casa, una caravana de autos tirando de trailers y un pequeño bus empezaban a acomodarse alrededor de la carpa. Detrás, como queriendo alcanzarlos, llega un pequeño Fiat 600 de color anaranjado con unas enormes orejas de ratón, una especie de Topo Gigio en cuatro ruedas. Las orejas escondían dos enormes altavoces pintados.

En este pequeño circo, el trapecista era además uno de los payasos, y varios eran en realidad parientes: era realmente un circo familiar. 

Allí, fue la primera vez que toqué a un elefante, y pude sentir esa piel gruesa y la dureza de esos pelos que crecían esparcidos cada tanto. Me asombraron las pecas, que parecían salpicaduras de tinta esparcidas elegantemente sobre cemento arrugado y vivo. Sus ojos eran gigantes y de un color miel.

¿Cómo se tanto de ellos? ¿Cómo fue que pude estar tan cerca de la elefanta del circo? El trapecista (y payaso) se enamoró de Marina y fuimos varias veces a ver la función. Él nos contaba los trucos, y repartíamos volantes para los shows, y paseábamos en el Fiat 600 con el equipo de sonido en el asiento, todo lleno de polvo. A veces le dábamos de comer a Yeny, la elefanta.

Lo hermoso de esta historia, fue que Marina también se enamoró de él. Una noche él se acercó a ella con un ramo de flores y la invitó a dar un paseo. La historia no se quedó allí, con los años tuvieron una hija que se parece a él y que tiene la chispa de ella en su mirada.

Esa historia de amor, ya es especial hasta aquí. Y lo es aún más si uno tiene en cuenta la cantidad de convenciones que tuvo que romper para ser posible. Marina estaba buscando su lugar en el mundo, dejando atrás una relación con el que se suponía que debía ser su futuro marido algún día... Y se enamoró sin planearlo de un tipo alegre, que la hacía sentir una reina y que era capaz de cualquier cosa por ella. En un circo. En su lugar de vacaciones favorito. 

Ese viaje fue "la venganza de los nerds" por una experiencia de egresados en Bariloche que no fue exactamente lo que habíamos soñado que fuera... entre otras cosas, porque la chica que me gustaba se había ido con el barman del hotel y las chicas sufrieron el acoso sostenido de un montón de adolescentes borrachos con ganas de tener sus primeras experiencias. 

Tengo un montón de blancos en la historia. Estoy hablando de un verano hace casi treinta años. En general, para rellenar estos blancos recurrimos a los que se llama "co-recordadores". Recordar viene de "re-cordis", que significa volver a pasar por el corazón. Un co-recordador es alguien que te ayuda a volver a pasarlo por el corazón.

Hoy, co-recuerdo esta historia con Graciela, nuestra amiga del alma, que se sentaba un banco detrás del nuestro, y que fue parte de toda esta aventura: sobrevivir al colegio secundario, el viaje de egresados y luego nuestras vacaciones en el circo. 

Marina ya no está. Luchó muy dignamente contra un cáncer de mama hace un par de años. En 2017, cuando yo me estaba recuperando de mi cirugía, la enfermedad volvió a visitarla y se la llevó. 

Graciela, mientras su mejor amiga de la secundaria se iba para siempre, seguía charlando con Marina sobre las cosas que habían hecho juntas... co-recordando, ayudando a cimentar esa memoria que de pronto se quedaría sin testigos. Se habían hecho la promesa de volver a juntarnos cuando fuera posible. En septiembre del año pasado, antes de mi cirugía, deberíamos habernos visto, pero no sucedió. Me volví a Noruega con eso en mi lista de pendientes. Aún está el nombre de Marina sin tachar. Se fue el 15 de noviembre de 2017.

Hoy quedan su marido y su hija. Y Graciela y yo estamos también aquí, para co-recordar a la bella mujer que era nuestra amiga, y lo mucho que tocó la vida de tanta gente.

Ella fue una mujer que se animó a romper con todo y vivir la vida con intensidad. No sé si en algún lugar sabía que su paso por aquí sería corto, lo que me consta es que cuando el amor se paró frente a ella, aunque fuera un hombre en mallas amarillas que manejaba un coche-ratón, lo supo ver... 

Yo quiero contar esta parte de su historia para que lo que me enseñó no se pierda. Los que se van siguen vivos en los que nos quedamos. Y esos que no están, trascienden a través de sus acciones en la vida de todos nosotros. 

Contemos las historias de las personas que nos transformaron. Hagamos que su paso por este mundo no se pierda.

Marina siempre será la amiga de mi adolescencia que se animó a enamorarse y casarse con el trapecista del circo. Y fue feliz.

La extrañamos.