Creía que no podía pedir más. Vivía en un hermoso departamento en una torre nueva, me había comprado un televisor enorme, estaba enamorado, me iba de vacaciones a Europa y tenía un trabajo exitoso como Director Comercial en una multinacional en el área tecnológica. Y, por supuesto, era tremendamente infeliz.¿Cómo era eso? ¿No estaba haciendo yo todo lo que cualquiera podría desear? Una mañana me desperté con una sensación de nausea profunda y con mareos, como si no hubiese dormido siquiera quince minutos. Mientras me duchaba para ir a trabajar sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho. Mentiría si dijese que no me asusté, y aunque la sensación desapareció pronto, en vez de intentar ver de dónde venía, responsabilicé al café de una extraña taquicardia.Esa misma noche, cuando me fui a meter en la cama, sentí que el colchón se iba a doblar en dos para tragarme. Como me resultaba imposible dormirme, decidí sentarme junto a la cama en la alfombra, apoyando mi cabeza contra el colchón... de a poco comenzaba a quedarme dormido, hasta que de pronto sentí como miles de pequeñas hormigas coloradas caminaban por mis pies y mis manos mordiéndome. Sobresaltado abro los ojos para sacudirme esas hormigas, para descubrir que me las estaba imaginando. Vuelvo a intentar subirme a la cama, y al acostarme el corazón se me acelera nuevamente y siento que me ahogo. Me laten las sienes, me pasa por delante la larga lista de tareas pendientes que tengo en la oficina, los reclamos de mi jefe... mi jefe y su presión constante... ¿Es esto estrés laboral?Se lo explico a mi pareja en ese momento, me mira con cara rara, muerde una tostada y vuelve al diario: "será algo que comiste... ".La compañía en la que trabajaba estaba por lanzar un nuevo servicio de Internet de alta velocidad y todo parecía desmoronarse en el país en ese momento.Releo mis diarios de aquel entonces, hace ya más de quince años, y todo lo que trataba de hacer eran listas de cosas que no llegaba a cumplir y relatos sobre la enorme tristeza que me causaban los domingos a las siete de la tarde.Después de varias noches muy difíciles y una sensación de certeza de que iba a morirme en cualquier momento, decidí ir al servicio de urgencias del hospital donde me atendía en Buenos Aires, porque la situación iba de mal en peor.Clonazepam.Lo tomé durante un par de días, y empecé a sentir como me desconectaba de todo, como nada era un problema... ni tampoco una alegría. Antes llevaba una vida gris, ahora también era gris por dentro.Cuando volví a la oficina, todavía tomando medicación, me sentí raro, como si fuera un zombie, como si todo lo que pasara alrededor mío fuera una película: nada me pasaba a mí.Esa sensación de desconexión de mis emociones, llegó un momento en el que empezó a asustarme... ¿No tenía que acabar esta pastilla con el miedo?A las dos semanas, volví al psiquiatra y le dije que quería dejar de tomarla, y estuvo en completo desacuerdo. La abandoné igual, cosa que no se hace. Y el médico me dijo que como había dejado el tratamiento de forma unilateral, me dijo que ya no podía atenderme y que mi salud estaba en riesgo.Volví a casa un poco
Vibrar alto
Desde que comenzó la pandemia, se comparte mucho por redes sociales un texto que habla sobre la vibración, la salud y la enfermedad. En este post, te cuento qué hay de cierto detrás de todo eso.
Se usa como expresión cada vez más: "esto me vibra bajo", "esta persona tiene una vibración hermosa", "me vibra mal", etcétera. Se convirtió en una forma de clasificación de la cualidad emocional y psicológica de situaciones y personas.
Y se comparten citas que aseveran que las emociones generan diferentes vibraciones y que las llamadas "malas" como el miedo, dolor, irritación, abandono... generan una vibración más baja que el amor, el agradecimiento y así ¿Qué hay de cierto en todo eso?
La vibración en el cuerpo humano
Todo en el Universo vibra, es parte de cómo los átomos crean la materia. Y el cuerpo humano tiene un determinado rango vibratorio producto de su composición. Por ejemplo, los ojos y los huesos vibran diferente, los pulmones y los intestinos absorben las ondas sonoras de manera distinta.
Nuestras emociones tensan al cuerpo, en algunas partes más que otras, generando mayor resistencia, pero el rango es tan imperceptible que su vibración no cambia.
También, los pensamientos que generan emociones de mayor estrés, causan una aceleración de la respiración, ritmo cardíaco y hasta hacen que el tono de nuestra voz se eleve (no sólo el volumen sino la tonalidad). De hecho, nuestras cuerdas vocales vibran de manera más aguda cuando estamos activados y en sensación de peligro. En general, las voces calmas, graves, vibran más bajo y nos hacen sentir más en calma.
La respuesta autoinmune
Lo que pensamos nos afecta emocionalmente, y las emociones están directamente relacionadas con la respuesta de nuestro sistema inmunológico. Es decir, cuanto más miedo, estrés y peligro sintamos, nuestra respuesta a las enfermedades puede ser menor. Esto ha sido algo que inclusive el gran psiquiatra Viktor Frankl observó durante su detención en los campos de concentración alemanes durante la Segunda Guerra Mundial: si un prisionero perdía la alegría de vivir, enfermaba y moría.
Las hormonas del estrés generan inflamación, y cuando esa inflamación se cronifica, se va comiendo de a poco al mismo cuerpo y el sistema autoinmune puede terminar atacando al mismo cuerpo al intentar defenderse de lo que sucede en el ambiente (o en el caldo mental que todos cultivamos a diario).
¿De dónde viene esto de "vibrar alto"?
Un famoso doctor inglés, llamado Richard Dawkins, en 1996 su libro "El poder contra la fuerza", ordena las emociones humanas yendo de 0 (muerte) a 1000 (iluminación). Y dice que a menor vibración (miedo, odio) más posibilidades de enfermar y morir.
Pudo comprobar a través de pruebas kinesiológicas como las personas con emociones menos afines a sentirse en paz con la vida estaban más débiles, y susceptibles de enfermarse.
También, en su investigación cita como las personas más tristes, doloridas o deprimidas, carecían de energía y sus procesos de reparación sucedían de manera más lenta o ineficiente.
Las emociones que están en el rango más alto, si son sostenidas, estas personas tienen mejor salud y viven más. Hasta aquí lo cierto.
¿Qué es lo que cambia con nuestros pensamientos?
Lo que cambia dentro nuestro cuando estamos calmos, alegres, agradecidos, es nuestra química cerebral. Segregamos más neurotransmisores vinculados con el bienestar y menos hormonas vinculadas con el estrés. Eso hace nuestra respuesta autoinmune más efectiva. Nuestro cuerpo no vibra distinto.
Aquí las preguntas más comunes que recibí de mis alumnos y consultantes:
"¿Por qué tomamos esta frase como si vibración fuera medible y real?" Probablemente, la poesía de Hawkins haya sido tomada en serio en una simplificación mayúscula de su legado. En su libro habla de la expansión de la Consciencia, y ordena las emociones de "malas" a "buenas".
"¿Hay emociones malas o buenas?" En realidad, no. Las emociones según el Dalai Lama, no son buenas o malas, sino que nos apegamos a ellas y lo tóxico está en la dosis. Tener miedo, rechazar, irritarse, son emociones positivas en determinados entornos. El amor incondicional que no nos incluye, es dañino porque nos somete a otros al no valorarnos. Todo es relativo.
"¿Protege contra el COVID-19 tener pensamientos benevolentes?" No, es muy posible que transitar una enfermedad con mayor calma, ayude al proceso de reparación del propio cuerpo. Los pensamientos no generan ninguna barrera de protección contra patógenos ambientales, pero sí pueden influir en la forma en la que nuestro cuerpo responda a ellos.
"¿Es cierto que rezar nos protege de enfermarnos?" La oración es una acción muy poderosa, con efectos similares a la meditación, que además pone propósito y orden a nuestros pensamientos y emociones. No protege contra el contagio, sí puede ayudar a la forma en la que procesamos estos eventos en la vida.
"¿Respirar profundo nos sube la frecuencia vibratoria?" No, lo que hace es reducir la sensación de estrés, y si se practica de manera sostenida, ayuda a reducir la inflamación generada por el cortisol y a generar una sensación de calma sostenible.
"¿Los cuencos tibetanos o los diapasones protegen contra la enfermedad o ayudan a sanar?" Lo que hacen los cuencos o diapasones es transmitir una frecuencia vibratoria que ayuda a relajar los tejidos blandos del cuerpo (músculos, fascia, tendones, ligamentos) y a través de ello darle al sistema nervioso central una sensación de calma y seguridad que ayuda a cambiar la forma en la que el cerebro responde a los estímulos. Eso, ayudará a reducir los niveles de cortisol, y por ende mejorará la respuesta autoinmune en la proporción que sea posible. No tiene efecto sobre los patógenos que el cuerpo no sabe combatir.
"¿Esta mal entonces hablar de "vibrar alto" o "vibrar bajo"?" No creo que esté mal, y cada uno puede pensar de manera diferente. Creo que es una imagen muy bella que ayuda a comprender que hay emociones que nos dañan y otras que nos protegen, además de hacernos más felices. Es importante saber qué es cierto y qué no, y que hagamos nuestra propia experiencia.
Espero que este pequeño artículo te ayude a comprender de dónde viene la expresión y cómo funciona tu forma de responder a las enfermedades desde el punto de vista de las emociones. Nos seguimos encontrando en el Camino. Te abrazo.
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Si usas Spotify, encontrame aquí en mi podcast BUDISMO EN ZAPATILLAS
Mujer de fuego
Su centro de estética se desmoronó con la cuarentena por el COVID-19, y decidió vender algunas cosas y pedir prestado algo de dinero para participar en un "telar de la abundancia" como forma de reflotar su negocio. Estas son mis conclusiones después de la charla con Beatriz y con otras mujeres que participaron de estos esquemas de "empoderamiento".
Construir certezas en un mundo en cambio
Hace mucho que no escribo por aquí. No es que me haya olvidado, estuve tratando de poner foco en la escritura y revisión de mis libros, pero realmente extraño este formato. Gracias por leerme. Hoy quiero hablarte de cómo tener un poco de ancla en este mar tan removido de los tiempos del COVID-19.
Estamos viviendo una de las etapas más transformadoras de la vida humana en muchos años, quizá en casi un siglo. Todo lo que considerábamos cierto ya no lo es, todo se desvaneció por completo.
Los seres humanos no somos muy afectos a la impermanencia, la llevamos bastante mal. Nos gusta que las cosas sean de un modo, y que sigan así "para siempre".
La mala noticia aquí es que todo cambia, nada es permanente... si lo pensás, todo lo que comenzó en algún momento terminó, todo lo que estuvo vivo en algún momento dejó de estarlo. La estabilidad o certeza es simplemente una ilusión de la mente para poder lidiar con el mundo.
¿Cómo es eso? Sólo podemos dar un paso en el mundo si miramos a nuestro alrededor y sentimos que "conocemos el terreno". Y lo cierto es que superficialmente muchas cosas no cambian: nuestro barrio, la camisa que nos pusimos ayer, la forma en la que cocinamos la pasta, la forma en la que los políticos se comportan... jaja... perdón, necesito hacer foco.
Lo cierto es que las cosas parecen estáticas, pero no lo son... nosotros no lo somos, nuestra mente ve cosas distintas mirando lo mismo una y otra vez, estamos hechos además de trillones de células que van cambiando todo el tiempo.
¿Por qué nuestra mente cree en la permanencia?
Tenemos la capacidad de analizar cientos de escenarios posibles a cada minuto ¿llego a cruzar la calle antes de que este coche? ¿qué sucede si olvido algo en el supermercado? ¿puedo cambiar la ruta para volver a casa? ¿qué pasa si está oscuro? ¿cruzo de vereda o sigo por esta? Nuestra mente tiene como objetivo garantizar la supervivencia, y la forma de hacerlo es crear en nuestra mente escenarios uno detrás de otro y evaluarlos para ver cómo actuar. La única forma de que todos estos cálculos mentales tengan sentido es que lo que estamos valorando no cambie.
Y nuestra confianza se cimienta en que podamos repetir un resultado (por ejemplo, una postura de yoga compleja, una torta cocinada desde cero). Confiamos cuando nos sentimos "en control".
¿Qué se hace entonces en estos tiempos?
Bueno, en estos tiempos, y en los anteriores también, las certezas que teníamos y que venían del afuera se disuelven a más o menos velocidad. Todo lo que creíamos del mundo, y sobre su funcionamiento, hoy está en duda.
Tenemos dos opciones posibles: creer que lo que "fue" volverá a ser, o que vamos a vivir en el futuro una "nueva normalidad". Yo me inclino por la segunda, no quisiera vivir una realidad que pueda desencadenar en volver esto nuevamente, no?
No podemos controlar el afuera. Nunca pudimos, lo que pasa es que entre todos hicimos un esfuerzo titánico para evitar que cambiara... hasta que no lo pudimos sostener más. Y aquí no importa si el virus nació en una probeta en un laboratorio chino o en un mercado húmedo. De verdad que no importa el pasado, importa el presente.
Sí podemos decidir cómo reaccionar frente a lo que pasa, y eso es lo que llamo "construir certezas desde adentro". Es saber que lo que está pasando no pudo no haber pasado, que lo que fue simplemente ES, que lo que nuestra mente ve como otros escenarios posibles de lo que "podría haber pasado" es parte de ese mecanismo que usamos para prever la realidad, pero no es más que una creación de la mente.
Como esa creación propia (y a veces colectiva) nos gusta más que lo que sucedió, estamos "enamorados" de ella... y sufrimos porque no fue. Desearla no la hace real. Se que no es tema de este post, pero la Ley de Atracción nos hizo mucho daño en la forma de pensar, porque genera mucho sufrimiento. (si te interesa el tema, déjame un comentario y lo charlamos en otro momento).
Las cosas sólo sucedieron como podían, porque es un juego de causa-consecuencia (karma, acción). No podrían haber sido de otro modo. Bueno, fueron de otro modo o podrían ser de otra manera en nuestra mente, porque tenemos esa maravillosa habilidad de crear escenarios e imaginarnos alternativas.
Crea certezas eligiendo siempre el presente como es, eligiendo cómo reaccionar frente a lo que pasa, eligiendo siempre desde dentro. Tu paz y calma te pertenecen. El mundo conocido puede caerse a pedazos, y podes ser quien navegue esta nueva realidad o viva esclavizado por las visiones que creó tu mente sobre lo que "debería haber sido".
Nota final: inspirado en un autor que vivió en mi barrio de infancia, el genial Julio Cortázar, no corrijo lo que escribo: como sale, sale. Eso puede hacer que un texto sea confuso, tenga errores gramaticales u ortográficos, o le falten palabras. Si lo pensás, se parece bastante a cómo habla un hombre de casi 50 años con una cirugía cerebral, jajaja... Pido disculpas si eso hace complicada la lectura en algún momento, voy por lo espontáneo, por evitar la "parálisis por análisis" y que lo que escribo llegue a ver la luz (en vez de morir en la carpeta de "borradores" con las más de treinta entradas que aún estoy "corrigiendo"). Gracias por tu paciencia.
Sana uno y sanamos todos
Hace rato que hay gente que me escribe por dos cosas principalmente: quieren poder sanar cosas de su pasado y su presente, y quieren aprender a meditar.Con el tiempo descubrí que, en realidad, ambas cosas son lo mismo. Para mi están profundamente conectadas.El proceso de sanación no es algo externo, no es algo que alguien pueda activar desde afuera. Los "sanadores" son un mal de nuestro tiempo, son gente a quienes les encanta mostrarse indispensables para el proceso de otros. "Yo te sano" parece un gesto de amor, aunque a mi me suena a una declaración de dependencia.La capacidad de sanación es un talento natural de cada uno, lo que ocurre es que no sabemos muchas veces cómo activarlo. Me refiero a la sanación emocional, que es la que muchas veces decide cómo reacciona nuestro sistema inmune, y nuestra capacidad de recuperación física.Pensando en mi propio proceso (que podés leer en el blog, y también ver la TEDx del año pasado) y en lo que me ayudó a mí, me metí en los borradores de mi libro y en los audios que fui grabando en estos dos años.Siete días para empezar a sanarAsí nació esta serie de meditaciones que empecé a mandar por WhatsApp a la gente que está pasando por cosas complicadas en este momento. Se lo dediqué especialmente a una amiga que está tratando de deshacerse de un cáncer y de todas las emociones que le despierta, y a un amigo que está tratando de aceptar una de las pérdidas más dolorosas de su vida.Ninguno de los dos está habituado a meditar a diario, y los pensamientos sombríos sobre su futuro los llevaron a enfermarse más allá de lo que ya estaban pasando.Les pedí que lo compartieran con quienes quisieran, si era algo que pudiera llegar a servirle a alguien más... bienvenido!Cuando abrís la mano, ya no es tuyoUna cadena que empezó como algo íntimo, sin saber muy bien cómo, llegó a más de 10 países y a miles de personas. No lo se con exactitud, sólo lo sé por quienes me han escrito a mi Instagram, que pegó un salto enorme en una semana. Pero eso no es lo importante, de verdad que no... lo más importante es lo que me compartieron algunos de los que hicieron este ciclo de meditaciones conmigo.El lema de estas meditaciones que "si sana uno, sanamos todos" porque cuando nosotros estamos mejor, el mundo alrededor nuestro recibe ese impacto, no somos sólo nosotros los que nos beneficiamos de la reparación, el consuelo o la salud.Y entre esas historias de sanación personal que consiguieron despertar estos meditadores, te quiero compartir un par:
- Una señora que cuando llegó la séptima, se la quería guardar para cuando estuviera triste porque no quería que se acabe.
- Una oceanógrafa que las escuchaba en la playa a más de 15.000 kilómetros de distancia de donde las grabé.
- Una madre de dos niños en un pueblito del sur de Alemania donde, entre mates y la cocina, usaba mis audios para volver a su eje,
- Un veterinario que usa las meditaciones como tema de conversación con una compañera a la que quiere invitar a salir, para descubrir que ella estaba también siguiendo los mismos audios.
- Una trabajadora que, en un hospital, le hace escuchar un audio a una paciente con dificultades para respirar, y toda la sala común le pide que se las haga escuchar.
- Un chico que trabaja en Lima con gente que vive en la calle, y las comparte mientras cenan y se van a dormir en el refugio.
- Mis amigos que las reciben de personas que no me conocen.
- Gente que no tiene ni Instagram, ni Facebook... ni WhatsApp o teléfono! Y las escuchó de mano de una trabajadora social en un lugar árido y silencioso del norte de Chile.
Increíble viaje escuchar los mensajes que recibo a diario de gente que se da cuenta que sanar es un derecho, y que aquellas emociones que sentimos mientras los síntomas nos comen, son parte de lo que también hay que sanar.Se me ocurrió hacer una pequeña encuesta en Facebook sobre el tema de las próximas meditaciones... ¿Ansiedad o Capacidad de Sanación? Y, sin sorpresas... ganó la segunda nuevamente. Más de mil personas contestaron, y recibo mensajes a diario.Vamos a lo concretoLa idea de usar una lista de distribución en WhatsApp es que no hay casi barrera tecnológica: lo recibís, lo escuchas, lo compartís si querés. Además, me permite estar en contacto con la gente de manera espontánea y compartir como persona que conecta con otra persona.El único tema, es que este sistema permite armar listas de un máximo de 256 personas a la vez. Lo que es una suerte, si pensás que todos los mensajes, con algunas demoras, los leo yo. Todos.Si sabes de alguien que le interese trabajar este tema, pasale este post o que se meta en mi Instagram y me escriba.¿Por qué que los otros sanen modifica lo que a mí me pasa?Para terminar ¿te acordas de cuando te decían que una manzana podrida estropeaba todo el cajón? Bueno, también funciona a la inversa: todo aquello que vos sanes, los otros aprenderán de vos.Sea lo que hagas, sabé que lo que compartas será aquello que alimentará a los otros. Expandí consciencia, en la forma que sea... porque si sanas vos, sanan todos.
Gigantesco Circo Lowandi
Acabábamos de terminar el colegio secundario. Fue una época complicada para mí. Era muy malo para las actividades físicas, quien lo diría... y muy poco sociable, otra sorpresa. Si conocieras al que era a los diecisiete, probablemente no sabrías que él y yo somos la misma persona. Flaquito, desgarbado, silencioso, tímido, y decidido a hacer carrera en... publicidad!
Es la edad en la que todos estamos buscando nuestro lugar en el mundo, aquello en lo que queremos entregar nuestro corazón. Y en ese lugar también estaba Marina.
Marina fue mi compañera de banco más de la mitad del secundario. Nos sentábamos en primera fila, justo en el banco que estaba más cerca de la puerta de salida del aula. Creo que no era casualidad... casi que no formaba parte de lo que pasaba en mi grupo, pero no porque no quisiera: no calzaba, era la oveja negra ahí también.
Marina al principio no me soportaba mucho. Yo soy zurdo y ella diestra, entonces nos matábamos a codazos, hasta que yo empecé a poner mis cuadernos en posición vertical y aprendí a escribir de arriba hacia abajo (aún escribo así para no mancharme la mano con tinta y ver lo que estoy dejando en la hoja). Además, yo era un "nerd" en toda regla y ella era la hija menor de un talabartero y una mujer enormemente creativa y dulce.
Ellos tenían una casa en Capilla del Monte (Córdoba, Argentina), muy cerca del río Calabalumba. Era una casita sencilla, blanca, en una esquina. En esa época estaba en el borde exterior del pueblo.
Marina hablaba siempre de ese lugar como uno de los más importantes en su mundo, sus vacaciones ahí eran una forma de conectar con el cerro, la tierra, y la gente tranquila. Ella siempre decía "tenés que conocer, tenés que venir alguna vez".
Yo había ido en uno de los peores años de mi adolescencia, con un campamento de los curas carmelitas. Mi familia formaba parte del Movimiento Familiar Cristiano y los campamentos eran casi parte obligada de las vacaciones. No era muy bueno para la vida al aire libre, y los curas solían aprovecharse de mi tono pálido y físico larguirucho para burlarse de mí, supongo con el edificante propósito de sacarme de la zona de confort. Para entonces, yo ya llevaba bastante mal comer carne, y el cura párroco era afecto a carnear animales para todo el campamento. Esteban los compraba vivos: cabras, y hasta una vez un cerdo. Una vez, un chivo se le escapó mientras intentaba matarlo y se escondió en mi carpa. Yo estaba dentro leyendo un libro y cuando el cura lo encontró, se lo llevó de las orejas mientras el animal lloraba a los gritos.
A pesar de mis malos recuerdos a orillas del Calabalumba, Marina me prometió que si íbamos de vacaciones al terminar quinto año del colegio, podría comer lo que quisiera. Fueron una semana y media de arroz y pastas para mí.
La noche que llegamos a Capilla del Monte, empezamos a caminar por el barrio y pasamos por un terreno baldío que estaba antes de la entrada del Camping Municipal. Un enorme poste blanco con una bola dorada en la punta estaba plantado en la tierra y un grupo de hombres y mujeres estaban apuntalando otros más pequeños mientras una lona multicolor se desplegaba cubriendo todo el predio. Estábamos los cuatro congelados mirando la escena, cuando vimos alguien acercarse con unos panfletos que decían en papel mimeografiado "GIGANTESCO CIRCO LOWANDI" y mostraba los horarios de las funciones y contaba las geniales atracciones que traían al pueblo: trapecista, amaestradora de perros, mujer con el cabello de acero...
Mientras caminábamos a la casa, una caravana de autos tirando de trailers y un pequeño bus empezaban a acomodarse alrededor de la carpa. Detrás, como queriendo alcanzarlos, llega un pequeño Fiat 600 de color anaranjado con unas enormes orejas de ratón, una especie de Topo Gigio en cuatro ruedas. Las orejas escondían dos enormes altavoces pintados.
En este pequeño circo, el trapecista era además uno de los payasos, y varios eran en realidad parientes: era realmente un circo familiar.
Allí, fue la primera vez que toqué a un elefante, y pude sentir esa piel gruesa y la dureza de esos pelos que crecían esparcidos cada tanto. Me asombraron las pecas, que parecían salpicaduras de tinta esparcidas elegantemente sobre cemento arrugado y vivo. Sus ojos eran gigantes y de un color miel.
¿Cómo se tanto de ellos? ¿Cómo fue que pude estar tan cerca de la elefanta del circo? El trapecista (y payaso) se enamoró de Marina y fuimos varias veces a ver la función. Él nos contaba los trucos, y repartíamos volantes para los shows, y paseábamos en el Fiat 600 con el equipo de sonido en el asiento, todo lleno de polvo. A veces le dábamos de comer a Yeny, la elefanta.
Lo hermoso de esta historia, fue que Marina también se enamoró de él. Una noche él se acercó a ella con un ramo de flores y la invitó a dar un paseo. La historia no se quedó allí, con los años tuvieron una hija que se parece a él y que tiene la chispa de ella en su mirada.
Esa historia de amor, ya es especial hasta aquí. Y lo es aún más si uno tiene en cuenta la cantidad de convenciones que tuvo que romper para ser posible. Marina estaba buscando su lugar en el mundo, dejando atrás una relación con el que se suponía que debía ser su futuro marido algún día... Y se enamoró sin planearlo de un tipo alegre, que la hacía sentir una reina y que era capaz de cualquier cosa por ella. En un circo. En su lugar de vacaciones favorito.
Ese viaje fue "la venganza de los nerds" por una experiencia de egresados en Bariloche que no fue exactamente lo que habíamos soñado que fuera... entre otras cosas, porque la chica que me gustaba se había ido con el barman del hotel y las chicas sufrieron el acoso sostenido de un montón de adolescentes borrachos con ganas de tener sus primeras experiencias.
Tengo un montón de blancos en la historia. Estoy hablando de un verano hace casi treinta años. En general, para rellenar estos blancos recurrimos a los que se llama "co-recordadores". Recordar viene de "re-cordis", que significa volver a pasar por el corazón. Un co-recordador es alguien que te ayuda a volver a pasarlo por el corazón.
Hoy, co-recuerdo esta historia con Graciela, nuestra amiga del alma, que se sentaba un banco detrás del nuestro, y que fue parte de toda esta aventura: sobrevivir al colegio secundario, el viaje de egresados y luego nuestras vacaciones en el circo.
Marina ya no está. Luchó muy dignamente contra un cáncer de mama hace un par de años. En 2017, cuando yo me estaba recuperando de mi cirugía, la enfermedad volvió a visitarla y se la llevó.
Graciela, mientras su mejor amiga de la secundaria se iba para siempre, seguía charlando con Marina sobre las cosas que habían hecho juntas... co-recordando, ayudando a cimentar esa memoria que de pronto se quedaría sin testigos. Se habían hecho la promesa de volver a juntarnos cuando fuera posible. En septiembre del año pasado, antes de mi cirugía, deberíamos habernos visto, pero no sucedió. Me volví a Noruega con eso en mi lista de pendientes. Aún está el nombre de Marina sin tachar. Se fue el 15 de noviembre de 2017.
Hoy quedan su marido y su hija. Y Graciela y yo estamos también aquí, para co-recordar a la bella mujer que era nuestra amiga, y lo mucho que tocó la vida de tanta gente.
Ella fue una mujer que se animó a romper con todo y vivir la vida con intensidad. No sé si en algún lugar sabía que su paso por aquí sería corto, lo que me consta es que cuando el amor se paró frente a ella, aunque fuera un hombre en mallas amarillas que manejaba un coche-ratón, lo supo ver...
Yo quiero contar esta parte de su historia para que lo que me enseñó no se pierda. Los que se van siguen vivos en los que nos quedamos. Y esos que no están, trascienden a través de sus acciones en la vida de todos nosotros.
Contemos las historias de las personas que nos transformaron. Hagamos que su paso por este mundo no se pierda.
Marina siempre será la amiga de mi adolescencia que se animó a enamorarse y casarse con el trapecista del circo. Y fue feliz.
La extrañamos.
Los falsos gurus
Hace unos días, un amigo a quien quiero mucho y admiro como profesional, fue a una de estas tantas cenas de fin de año.En la comida, entre tantas otras charlas surgen los sueños y proyectos para el futuro y él pone sobre la mesa su idea de ir a India a hacer un viaje vinculado con el mundo del yoga.Esto despertó un debate sobre si la verdadera espiritualidad necesita de irse a Oriente o si es algo que se puede cultivar a nivel individual.Surgieron los nombres de grandes líderes espirituales y de verdaderas maquinarias de producir dinero asociado al crecimiento personal como un comercio.Uno de los presentes dice: "yo conozco a uno de estos falsos gurús, que no es de India, es de acá: un verdadero chanta" y ahí, para sorpresa de este amigo, esta persona que no me conoce... sí, dice mi nombre.El ambiente del Yoga, la Meditación y el crecimiento personal está lleno de personas que dicen tener la opción correcta, la verdad, y que piden adoración de sus seguidores. También, hay gente que hace mucho trabajo anónimo y que ayuda a que los otros busquen su propio camino.Cuando lo que hago me eligió, y lo digo así porque empecé a enseñar por compartir lo que a mi me hizo bien, supe que iba a ser un desafío principalmente fuera del aula y del consultorio.Soy un varón que trabaja temas profundos llamando a las cosas por su nombre, en una sociedad donde muchos han aprovechado sus posiciones de poder para lastimar a otros.Contrariamente al prejuicio, mi deseo es que cada uno recupere su propio poder, porque ese empoderamiento a mi me salvó la vida.Yo soy de la idea de que cada uno es su propio Maestro.Hay un pequeño "koan" del zen (verso o problema que un maestro da a su alumno para que lo analice y medite sobre él) que dice: "Si ves a Buda en el camino, mátalo".Suena a una apología del magnicidio, pero dentro del contexto de la filosofía oriental quiere decir que no busques maestros afuera, no busques gente que eleves a la categoría de un dios, si no que seas vos tu propio líder y guía.Para el momento en el que Linji escribió este koan, Buda llevaba muerto un buen rato, así que si alguien lo veía al costado de la ruta, era claramente una alucinación.Hay gente que se viste de blanco, prende velas, se cambia el nombre por uno en sánscrito, y juzga a todos los que no cumplen con lo que ellos o sus maestros dictan. Endiosarse no nos hace menos humanos.Yo sé que el que odia y juzga es porque nunca estuvo lo suficientemente cerca, porque no puede tener empatía, porque teme a lo que no conoce. Yo lo he vivido desde los dos lugares: he sido rechazado y rechacé, no lo digo emulando un lugar de santidad.Yo no me creo ejemplo de nada. Tuve una infancia muy dolorosa y mis primeros años estuvieron signados por abusos, alcoholismo y muchas conductas riesgosas que terminaron con un intento de suicidio a mis quince años. Volvería a pasar por mi tumor cerebral y mi cirugía varías veces antes de volver a los primeros años de mi vida.Muchas de las cosas que digo nacieron de lo que resonó en mi o de lo que me digo a mi mismo buscando una respuesta.Cuando yo digo que la vida nos pertenece, no significa que tu vida me pertenezca, si no que es sólo tuya.Y cuando te digo que yo no soy un gurú, maestro o líder espiritual, no es falsa modestia: soy una persona como vos. Empoderate.La única diferencia quizá, es que yo le dediqué decenas de miles de horas a esto, mientras otro se lo dedicó a la ingeniería o a cocinar los mejores pasteles del mundo. La única diferencia es lo que sostenemos.Hablando de no sostener, mi nombre sanniasin es Ramachandran, que significa "agradable luz de luna". Mi maestro dice que quería para mi camino la luz de las emociones (la luna) y uno de los atributos principales del dios Rama en el hinduismo que es el cumplir con el Dharma o propósito vital. Esto último porque en mi vida, durante décadas, me dediqué más a hacer lo que otros esperaban de mi y muy poco de lo que yo amaba. No uso este nombre públicamente, porque desconecta de quien soy y fui. Quiso, amorosamente, que me empoderara.No escribo esto porque esté enojado con quien no coincide con lo que digo, o con la persona que hizo aquel comentario en la cena, porque eso es "parte del juego" en una actividad como esta. Escribo porque los falsos gurús no buscan tu crecimiento si no pararse de manera narcisista en el centro de la escena, y te piden obediencia y que no los cuestiones. Duda de todo.Vivimos un momento donde poco a poco las personas oprimidas recuperan su voz, y lo celebro. Cada triunfo lo vivo como propio. Aquel que te proponga que le creas ciegamente, cuestionale.Lo contrario a la fe, no es la desconfianza si no la certeza. Fe es dar testimonio sin pedir o necesitar prueba. Yo la necesito, y la pido. Después de todo, quiero un camino de certezas. Si ves a Buda en el camino...
Mi perro es mi faro
Mi perro está enfermo. No parece mortal, aunque es un proceso de desgaste enorme que se lo ha ido consumiendo desde el mes de mayo de este año: primero empezó con una infección en una uña, que unos meses después y fuera de control se cobró un par de falanges.El jueves pasado finalmente la veterinaria decidió que lo mejor era amputarle el dedo, porque esa pequeña y persistente herida ya no cerraría jamás.Supuestamente, esa acción tenía que terminar con unos casi seis meses de tratamientos diarios, medicación y preocupación. No fue así.En el quirófano se agarró una infección y en el primer control de su herida, en esa pata de tres dedos, aparecía el líquido brillante y pegajoso que anticipa la defensa del cuerpo ante las bacterias. Sí, me cuesta mucho decir la palabra "pus"... vengo intentando hacer desaparecer todo signo de infección desde hace ya seis meses, y estoy tratando de eliminarla hasta de mi propio lenguaje.Justamente, para que una herida infectada pueda curarse, a veces hay que abrirla, drenarla, "cortar por lo sano"...Félix es mi compañero, mi constante con quien he recorrido el mundo. Nació en Argentina, y nos conocimos un par de semanas después de que Theo murió de leucemia. En ese momento, en abril de 2011, le dije a mis amigos y familia: "no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro". Acababa de mudarme a Buenos Aires después de ocho años en España, volví a estar con mis padres que estaban en edad de jubilarse, a conocer a mis sobrinos con quien no compartía más que alguna reunión familiar cuando cruzaba el Atlántico... tenía muchas expectativas de lo que iba a ser "volver". Aunque yo me desplacé físicamente desde Europa a Sudamérica, haciendo el viaje inverso que había hecho en 2003, el lugar del que me había ido ya no existía y pude sí estar cerca de mi familia, pero habíamos crecido en direcciones diferentes.Theo había enfermado y murió en mis brazos. Yo estaba recomenzando mi vida en un país conocido-desconocido, con muchas cosas diferentes dentro de mí y en los que me rodeaban. Ninguno de nosotros éramos los mismos, me sentía profundamente desconectado y aislado.Así fue como, gracias a la amiga de una amiga, terminé en un criadero de Schnauzers Gigantes. Acababan de devolver a un macho de tres meses con temblores en una de sus patas sospechando que había tenido moquillo.Me senté en el suelo, el cachorro vino hacia mí y se sentó pegado a mi cadera e inclinó todo su peso sobre mi cuerpo. Suspiró. Y yo lloré. Extrañaba mucho a Theo, y me daba cuenta de que todo lo que estaba pasando alrededor mío era demasiado, que necesitaba una constante, algo que empezara a dar orden a mis días.Nunca un clavo saca a otro clavo, nunca un duelo se cierra cuando se abre una relación nueva. Ergo, queridos amigos "no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro" y una semana más tarde se vino conmigo.No fue fácil. Le puse Félix porque nació un seis de enero, y en el Santoral Católico es "San Félix", al menos eso era lo que contaba... en realidad, le puse ese nombre porque detrás de eso estaba yo entonces, la búsqueda de la felicidad. Curioso, porque luego descubriría que la felicidad no se busca, si no que se encuentra (es una forma de ver las cosas, no un estado de situación). De cachorro ya era más grande y pesado que mi perro anterior de adulto. Y aún la presencia de Theo llenaba cada rincón y comparación. Fue cruel con los dos, y muy egoísta haber decidido no esperar un poco más para adoptar una nueva mascota.Vivir con Félix es como entrenar un dragón, o domar una pantera. Es un animal salvaje, poderoso, noble y con una enorme devoción por los humanos. Y en su contracara está atento a los descuidos, glotón, posesivo y obsesivo, testarudo y feroz si alguno de su manada está en peligro. Yo he aprendido a ser menos civilizado a su lado. Le encanta el agua, el barro y perseguir gatos o conejos. Su mejor sentido es el olfato, si la intuición no cuenta.Yo sé que nuestro tiempo tiene principio y fin. No creo que el final esté cerca, aunque no quiero imaginarme qué sucederá después si esta misteriosa bacteria... no quiero ponerlo en palabras, dejémoslo así. Hoy agradezco que me haya sacado de todos los espacios oscuros, haya sido mi constante en un mar de cambios, hayamos recorrido ya cuatro países juntos y dos continentes.En la fragilidad de nuestro tiempo juntos, voy a asegurarme que la felicidad no sea una circunstancia que se crea si no un sentimiento que se alimenta, que cada momento esté lleno de amorosa presencia, porque así siempre lo fue de su lado.Anne Lamott, en su libro "Pájaro a pájaro", tiene una frase que me atravesó el corazón: "Los faros no corren por toda la isla buscando botes para salvar. Ellos se quedan ahí, brillando". Félix ha sido mi faro durante mis viajes, mis desafíos y este último año de mi recuperación... hoy me toca ir hacia él, para asegurarme de que siga brillando todo lo que su luz pueda dar.
Ladran
Salirse del sistema tiene su precio. Claro que pertenecer a él también. La familia de origen nos marca un "guión", también llamado mandato, algo que "venimos a ser" ¿Pero es esto realmente el propósito de nuestra existencia?Yo no sé si crees en el alma, en la esencia de los seres o en el destino. Quiero hablarte quizá de algo más concreto y menos metafísico: la libertad como parte de la vida.Es verdad que la familia nos trae al mundo, que encarnamos en un árbol con historia, genes, cultura... ¿Y somos solamente eso?Es ahí donde comienza a esbozarse el concepto de la libertad. Nuestras familias, por sus costumbres y experiencias, tienen una "idea" o "plan" para cada uno de sus miembros. Y nosotros en esencia, podemos estar de acuerdo y abrazar o no ese camino pre marcado.Por ejemplo, mi abuela María fue migrante de la Guerra Civil Española, apenas sabía leer y escribir, tuvo una vida muy dura laboralmente, con opciones muy limitadas. A pesar de ello (mejor dicho "a través de ello") salió adelante y le transmitió a su familia un bien muy preciado: la resiliencia. Por otra parte, sus dos hijos fueron profesionales universitarios, un Doctor en Física y el otro Ingeniero Industrial. Esa inteligencia y maña para enfrentar la adversidad y los desafíos se transformó en un plan brillante: que sus hijos tuvieran el estudio que ella no tuvo. Se casó con la persona correcta, con un interés común, y mi padre y mi tío son dos luminarias ¿Es eso lo que realmente querían? No lo sé, eso lo saben ellos, y respeto sus decisiones: todos los caminos que nos traen al presente son buenos caminos.El éxito o terminar una carrera poco tiene que ver con el deseo. Yo sí puedo hablarte de mi, y contarte que ni el Yoga, ni la Psicología Budista y Transpersonal fueron mi primera opción o carrera. Durante años trabajé en el mundo corporativo (otro día si querés te cuento más) e hice mi primer estudio en Comunicación Social ¿Me hacía feliz? No, ganaba muy buen dinero siendo infeliz yo y haciendo infelices a muchas personas a mi alrededor. A pesar de ello, era "lo que se esperaba de mi".De más de una manera, lo que yo hago, la vida que llevo, las opciones que tomé, hasta el lugar donde elegí llamar "hogar", se sale del "guión" que mi familia de origen tenía para mi y para lo que se supone que mi vida "debería ser". Tanta comilla marca la diferencia entre lo que los demás ven cuando me miran y lo que veo yo ¿Estoy yo para cumplir con ese plan y esas expectativas?A veces, por amor a nuestro clan, a nuestra familia de origen, postergamos todo deseo individual para ser aquellos que los demás quizá necesitan que seamos. El tema es que, a pesar de haber nacido en una familia con historia y roles que cubrir, puede que en nuestro interior haya otras pasiones latiendo, otros rumbos con ansia profunda de explorar.Ahí, en ese punto de conflicto, uno se alumbra a si mismo. Y uso este verbo porque tiene algo de darse luz y otro poco de hacerse nacer.Lo que está por verse en ese momento es si uno es capaz de escucharse en ese auto llamado, si es capaz de verbalizarlo y pasar a la acción, y si el clan puede aceptar que elijamos postergar aquello que tenían pensado o diagramado para nosotros y nos "permitan" esa libertad.Aquí la noticia: la vida nos pertenece. Nadie puede decidir por nosotros nada. La vida nos pertenece, y lo repito absolutamente a propósito. Por supuesto que les debemos la existencia y todos los dones con los que nos han traído al mundo, inclusive las dificultades y desafíos de haber nacido en este lugar, con estas condiciones y con esa historia. La vida, así y todo, nos pertenece.¿Otro ejemplo? Una chica es encerrada por sus padres en un baño para evitar que huyera con su novio músico de pelo largo, tiene 20 años. Finalmente se pone de novia con la persona que su familia cree que es la correcta: un buen tipo, muy trabajador y religioso. Se casan, tienen tres hijos varones. Hoy han pasado ya 20 años de aquel momento y ella se da cuenta que no lo ama, y que aún extraña a aquel hombre que la hacía sentir que la vida era una aventura. Hoy, la relación es más estrecha entre el yerno y la suegra, que entre la madre y la hija ¿Quién tiene razón?Porque la vida es inmensamente sabia, nos encontramos con que la mayoría, aunque no todos, despiertan frente a su propia libertad para vivir su vida. Y hay clanes, como decíamos, más aceptantes de esa libertad que otros... Hay resistencias, y fuertes!Ojo, a veces hay coincidencias, y son reales, y todos viven en profunda armonía. Si ese es tu caso, entonces este no es tu post, pero tampoco entonces necesitabas que te hablaran de esto. Este mensaje va más a los que se sienten ovejas negras, a los que sienten que si se toman esa libertad que viene ya con el hecho de estar vivo, están traicionando los planes de otro.Segunda noticia importante: los hijos no nos pertenecen. Yo no tuve hijos biológicos, aunque sí fui padre sustituto durante muchos años (esos seguro no te pertenecen, los que nacieron de vos tampoco). Ahí, La Biblia dice en el Génesis que Dios creó al Hombre con "libre albedrío" y quizá se refería a eso... ¿Dónde queda esto de honrar al Padre y a la Madre? Enorme respeto y agradecimiento por habernos traído a este plano, habernos dado todo lo que nos dieron... ¿Ahora? Ahora eso es nuestro.Hay clanes que, cuando uno reconoce que el guión no le pertenece, celebran esa libertad y ayudan a desplegar alas. En general, son los clanes que se han formado en el amor y la propia libertad. Amar es querer la mejor versión del otro, y reconocer que el camino siempre es propio.Hay clanes que, en la misma situación, juzgan, limitan, reprimen, someten, censuran... ladran.Nadie, excepto vos, puede decirte si tu camino es el correcto. Nadie, excepto vos, puede determinar si los planes de tu clan son tus planes. Estar vivo es ser libre. Y si los que te rodean no son capaces de reconocerte esa libertad, ladran.Si te interesa el tema y querés indagar un poco más en tu propio proceso, podés contactarme aquí
Cumplir años y celebrarlos
Esta vez, es diferente. No por el número, si no por la sensación de que esta celebración realmente estaba fuera de todo plan.Cuando somos pequeños, las celebraciones de cumpleaños son algo esperado: por la atención, por los regalos, por la expectativa que genera nuestro propio entorno, y también por compartir con nuestros amigos y compañeros.En los festejos hay, en ese entonces, una sensación de hito, de logro que se alcanza.En esta sociedad que le da las espaldas a la adultez, pasados ciertos mojones, a casi nadie le interesa ya ni la torta, ni las velas, ni las fiestas. A algunos aún les interesan los regalos, y otros ya no quieren ver gente porque esos eventos les causan ansiedad social.Mi abuela me hacía una torta, como la que pidiese, y en ese tiempo no se usaban otra cosas que las velas con forma de vela.Como le sucede a muchos, llegué a una edad en la que mi cumpleaños se transformó en saludos y demostraciones de cariño. Un día en el calendario y un número más alto en la edad.En el último tiempo, inclusive los saludos se transforman en mensajes de texto o audio, y ya no hay interacción, a veces ya ni reuniones.En una sociedad que sobrevalora la juventud (todos somos o hemos sido jóvenes, no hay mérito en ello), dejar de ser joven se convierte en algo "a disimular".Este año cumplí 47. Lo curioso es que pensé que nunca iba a llegar a esta edad. Y es literal, cuando tenía unos doce años, estaba convencido que iba a vivir hasta los 46 ¡y casi lo consigo! En ese momento, inclusive mis padres eran menores y uno de mis abuelos había fallecido muy joven. La vida me parecía larguísima.Este es el cumpleaños que "nunca debería haber tenido", y sin embargo aquí estoy. Inclusive mi salud es mejor que antes, y mis ganas de celebrar.Cuando se acaban las expectativas, cuando superamos todos los planes, empezamos a ver el regalo que es la vida, y lo poco que podemos hacer para controlar su existencia.Sin ánimo de parecer excesivamente optimista, este año celebré, agradecí, y disfruté como nunca.Superar esa loca barrera infantil, sumado al tumor cerebral que el año pasado casi me mata, da la sensación de "tiempo extra", aunque claramente es una ilusión.La vida es muy frágil, y toda existencia es para celebrar... los nacimientos, los cumpleaños, los que se van de repente o despidiéndose.Mis arrugas y mis canas dan testimonio de mi viaje en este plano, de "lo que estoy durando". Y mi yoga, mis escritos, mi festejar, mi compartir quizá de "cómo lo transcurro".Eso, la vida es muy frágil, no celebrarla, sería no reconocer el milagro.Contra el tiempo perdemos todos, así que mientras estemos aquí, demos señales de vida.

