Creía que no podía pedir más. Vivía en un hermoso departamento en una torre nueva, me había comprado un televisor enorme, estaba enamorado, me iba de vacaciones a Europa y tenía un trabajo exitoso como Director Comercial en una multinacional en el área tecnológica. Y, por supuesto, era tremendamente infeliz.¿Cómo era eso? ¿No estaba haciendo yo todo lo que cualquiera podría desear? Una mañana me desperté con una sensación de nausea profunda y con mareos, como si no hubiese dormido siquiera quince minutos. Mientras me duchaba para ir a trabajar sentía como si el corazón se me fuera a salir del pecho. Mentiría si dijese que no me asusté, y aunque la sensación desapareció pronto, en vez de intentar ver de dónde venía, responsabilicé al café de una extraña taquicardia.Esa misma noche, cuando me fui a meter en la cama, sentí que el colchón se iba a doblar en dos para tragarme. Como me resultaba imposible dormirme, decidí sentarme junto a la cama en la alfombra, apoyando mi cabeza contra el colchón... de a poco comenzaba a quedarme dormido, hasta que de pronto sentí como miles de pequeñas hormigas coloradas caminaban por mis pies y mis manos mordiéndome. Sobresaltado abro los ojos para sacudirme esas hormigas, para descubrir que me las estaba imaginando. Vuelvo a intentar subirme a la cama, y al acostarme el corazón se me acelera nuevamente y siento que me ahogo. Me laten las sienes, me pasa por delante la larga lista de tareas pendientes que tengo en la oficina, los reclamos de mi jefe... mi jefe y su presión constante... ¿Es esto estrés laboral?Se lo explico a mi pareja en ese momento, me mira con cara rara, muerde una tostada y vuelve al diario: "será algo que comiste... ".La compañía en la que trabajaba estaba por lanzar un nuevo servicio de Internet de alta velocidad y todo parecía desmoronarse en el país en ese momento.Releo mis diarios de aquel entonces, hace ya más de quince años, y todo lo que trataba de hacer eran listas de cosas que no llegaba a cumplir y relatos sobre la enorme tristeza que me causaban los domingos a las siete de la tarde.Después de varias noches muy difíciles y una sensación de certeza de que iba a morirme en cualquier momento, decidí ir al servicio de urgencias del hospital donde me atendía en Buenos Aires, porque la situación iba de mal en peor.Clonazepam.Lo tomé durante un par de días, y empecé a sentir como me desconectaba de todo, como nada era un problema... ni tampoco una alegría. Antes llevaba una vida gris, ahora también era gris por dentro.Cuando volví a la oficina, todavía tomando medicación, me sentí raro, como si fuera un zombie, como si todo lo que pasara alrededor mío fuera una película: nada me pasaba a mí.Esa sensación de desconexión de mis emociones, llegó un momento en el que empezó a asustarme... ¿No tenía que acabar esta pastilla con el miedo?A las dos semanas, volví al psiquiatra y le dije que quería dejar de tomarla, y estuvo en completo desacuerdo. La abandoné igual, cosa que no se hace. Y el médico me dijo que como había dejado el tratamiento de forma unilateral, me dijo que ya no podía atenderme y que mi salud estaba en riesgo.Volví a casa un poco

