El tumor (Mike Wazowski)

Cumplir años y celebrarlos

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Esta vez, es diferente. No por el número, si no por la sensación de que esta celebración realmente estaba fuera de todo plan.Cuando somos pequeños, las celebraciones de cumpleaños son algo esperado: por la atención, por los regalos, por la expectativa que genera nuestro propio entorno, y también por compartir con nuestros amigos y compañeros.En los festejos hay, en ese entonces, una sensación de hito, de logro que se alcanza.En esta sociedad que le da las espaldas a la adultez, pasados ciertos mojones, a casi nadie le interesa ya ni la torta, ni las velas, ni las fiestas. A algunos aún les interesan los regalos, y otros ya no quieren ver gente porque esos eventos les causan ansiedad social.Mi abuela me hacía una torta, como la que pidiese, y en ese tiempo no se usaban otra cosas que las velas con forma de vela.Como le sucede a muchos, llegué a una edad en la que mi cumpleaños se transformó en saludos y demostraciones de cariño. Un día en el calendario y un número más alto en la edad.En el último tiempo, inclusive los saludos se transforman en mensajes de texto o audio, y ya no hay interacción, a veces ya ni reuniones.En una sociedad que sobrevalora la juventud (todos somos o hemos sido jóvenes, no hay mérito en ello), dejar de ser joven se convierte en algo "a disimular".Este año cumplí 47. Lo curioso es que pensé que nunca iba a llegar a esta edad. Y es literal, cuando tenía unos doce años, estaba convencido que iba a vivir hasta los 46 ¡y casi lo consigo! En ese momento, inclusive mis padres eran menores y uno de mis abuelos había fallecido muy joven. La vida me parecía larguísima.Este es el cumpleaños que "nunca debería haber tenido", y sin embargo aquí estoy. Inclusive mi salud es mejor que antes, y mis ganas de celebrar.Cuando se acaban las expectativas, cuando superamos todos los planes, empezamos a ver el regalo que es la vida, y lo poco que podemos hacer para controlar su existencia.Sin ánimo de parecer excesivamente optimista, este año celebré, agradecí, y disfruté como nunca.Superar esa loca barrera infantil, sumado al tumor cerebral que el año pasado casi me mata, da la sensación de "tiempo extra", aunque claramente es una ilusión.La vida es muy frágil, y toda existencia es para celebrar... los nacimientos, los cumpleaños, los que se van de repente o despidiéndose.Mis arrugas y mis canas dan testimonio de mi viaje en este plano, de "lo que estoy durando". Y mi yoga, mis escritos, mi festejar, mi compartir quizá de "cómo lo transcurro".Eso, la vida es muy frágil, no celebrarla, sería no reconocer el milagro.Contra el tiempo perdemos todos, así que mientras estemos aquí, demos señales de vida.

Amar lo que nos pasa

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Otra vez llegué temprano, muy temprano. Nevaba bastante fuerte, y así y todo preferí ir caminando. Inclusive se hizo de día mientras avanzaba calle arriba hacia el hospital. La nieve fresca silencia todos los ruidos, hace las pisadas sordas. Sólo podía escuchar mis suspiros, y hasta el sonido de mi respiración.Es difícil no prever escenarios, no tener expectativas. Mientras trataba de encontrar la entrada correcta al edificio número seis, inhalaba profundo y sentía el aire helado llegar hasta mis pulmones.Amar lo que es, lo que sea que sea...Cuando llegué al área de los consultorios de Neurología, me encontré con los pacientes que esperaban su turno y con las enfermeras de uniforme que los acompañaban hasta la sala de espera. En su mayoría, personas mayores con dificultades serias para valerse por su cuenta, en un largo pasillo lleno de puertas y de sillas a los costados.Mirando con atención los carteles puestos junto a cada puerta, pude dar con los del doctor que me operó en octubre. Mi mente comenzó a comprender que, realmente, la espera estaba terminando en ese mismo instante: a partir de ahora tendría la certeza de lo que estaba sucediendo conmigo hoy.Amar el resultado que venga, abrazarlo y hacer lo que haga falta...Di dos pasos hacia atrás, giré hacia la derecha para medir la distancia hasta la silla más cercana (no puedo aún girar a la izquierda sin marearme) y me senté. Mientras miraba la puerta del consultorio, pensaba en mis migrañas casi constantes antes de la operación, y cuánto mejor me sentía ahora.Me dije a mi mismo qué, si antes mis síntomas habían sido alerta de otra cosa... ahora, que me siento mucho mejor... ¿No debería ser esa ausencia de síntomas una buena noticia?A través de lo vivido, y no sólo con "Mike" (mi tumor), aprendí a ver al cuerpo como lo que es: una fuente inagotable de señales que desesperadamente quieren ser escuchadas.Amar lo que mi cuerpo tenga para decir, sin rechazarlo...Aprendemos a ignorar al cuerpo: usamos zapatos incómodos, ropa apretada, comemos cosas que ni siquiera son comida, adoptamos posiciones al sentarnos que son antinaturales... Nos acostumbramos tanto a lo molesto, que cuando hay algo para prestarle atención seriamente, tiene que elevarse por sobre un enorme ruido de fondo: nuestros hábitos.El Yoga te enseña a escucharte, y creo que fue eso mismo lo que me permitió darme cuenta hace unos meses de que "algo no andaba bien" cuando tenés que tomar un analgésico por día para reducir un dolor de cabeza. Alguna vez lo dije ya, nos acostumbramos a todo, inclusive al dolor.Después de dos semanas de no construir escenarios, o al menos de intentar no hacerlo, me encontraba sentado esperando que sea puerta se abriese, y tenía pensado estudiar cada gesto del médico cuando me saludara... por supuesto, nada de eso ocurrió.Amar lo que es, desde este presente, sin adelantarme...Una bata blanca entró en mi campo visual por la izquierda y me llamó por mi apellido. Me señaló la puerta cerrada con una mano y sonrió. Su cara era inescrutable. En lo que tardé en sacarme los abrigos, él ya había desplegado imágenes de mi cerebro en dos pantallas.Me dijo que estaba "admirando mis imágenes" y lo primero que pensé era que tenía una linda cabeza, para darme cuenta de que el neurocirujano hablaba de su propio trabajo. Me pidió que mirara la pantalla de la derecha y me preguntó si veía algo anormal en la imagen... "Veo una cabeza completamente normal", le dije. "Es la tuya", me contestó.Estaba absolutamente asombrado, no había traza alguna de "Mike" o siquiera del espacio que había dejado vacante al ser desalojado.Entonces, aquello que el cuerpo me decía, que me sentía bien porque estaba bien, era cierto... El inglés no era la lengua nativa de ninguno de los dos, y a mí de pronto me costaban las palabras... el médico tomó la batuta en la conversación y me empezó a decir que no quedaban huellas aparentes del tumor. Hizo un par de movimientos con el mouse, y puso junto a ese perfil de mi cabeza obtenido recientemente, una instantánea de cuando encontraron a Mike en septiembre del año pasado. Mi cerebelo izquierdo había sido comprimido a la mitad de su tamaño esperado, gracias a este "cuerpo extraño", a esta perla que había hecho crecer dentro de mi cabeza.Cuando le pregunté si podía ayudarme a darme cuenta de la dimensión que había tenido en mi cabeza, me dijo que si lo hubiera tenido en mi mano, no habría podido cerrar el puño sin apretarlo. Dicho de ese modo me parecía gigante.En ese momento, amé al Lucas que fui, al que soportó todo como si una aspirina y un montón de agua fuera hacerlo desaparecer.Amar al que lo soportó... Con respecto a mis mareos y vértigos, mi médico fue muy cauto y claro: podría desaparecer en unos meses, o acompañarme por el resto de mi vida. Cuando giro hacia la izquierda o hacia atrás, siento como si el mundo desapareciera y fuese a caer al vacío absoluto... como quien se asoma por encima de la cornisa de un edificio altísimo.Empecé a hablar y el doctor me interrumpió amablemente, para decir que "cualquier consecuencia de esta naturaleza era mejor que tener un tumor cerebral" y yo comencé a reírme. Era claro que estaba acostumbrado a que los pacientes se quejaran de los efectos secundarios de las operaciones. Yo en cambio seguía asombrado de estar así, y por sobre todo con vida.Amar al que lo sobrevivió...Después de contarme que el patólogo tuvo que chequear varias veces que la muestra estaba viva, porque no había habido actividad celular en las dos semanas que estuvieron analizando a Mike bajo el microscopio, me dijo que era probable que hubiese tenido este tumor prácticamente toda mi vida, allí, creciendo a la sombra.En el Yoga se habla de "samskaras" como marcas profundas que nos dejan los acontecimientos que vivimos, bloqueos en nuestra mente que pueden llegar al cuerpo... teniendo en cuenta que todo lo que está en nuestro cuerpo tiene algún factor emocional, además de lo genético y lo medioambiental... no podía dejar de preguntarme qué fue lo que hizo que dejara que una célula que creció descontrolada terminara transformándose  en algo más grande que un damasco. En estos meses, descubrí que a los médicos les encanta comparar a los tumores con frutas, los hace parecer más inofensivos. En cambio, parece que los pacientes solemos compararlos con pelotas de diversos deportes, los hace parecer más reales y agresivos.Escuchó con atención todo lo que tenía para decir, y tomó nota de todo lo que le pareció curioso o un dato trascendente. Me explicó que mi cerebelo tardaría meses en volver a expandirse a su máxima capacidad y que reconectarse con el espacio también sería un desafío para mí. Inmediatamente pensé en las asanas invertidas, en la parada de cabeza, y en otras cosas que aún no he vuelto a hacer y que extraño. Meses. Meses era mejor que nunca.Y lo que fuese a surgir, yo iba a amar eso... lo que pueda ser...Esto de la ubicación espacial es curioso, porque mi cerebelo procesa información que viene del oído medio y de los movimientos que hago, como una forma de medir dónde está el suelo, la pared, etcétera... hay movimientos que me dan la sensación de estar enfrentándome al infinito, y no quizá a la almohada o la puerta del baño.Estos síntomas extraños me dan sensación de fragilidad, y las imágenes que vi en pantalla en el consultorio a la vez me hacen sentir fuerte, de a ratos indestructible. Creo que esa mezcla de sensaciones representa eso de "amar lo que es".Esa combinación extraña de sensibilidad y resiliencia, es la que nos da permiso para probar algo distinto, para sentirnos alegres de haber superado algo que parecía insuperable. Cada paso es un logro, y aunque este no sea el último, me devolvió la visión de que la salud es un proceso, un equilibrio, y por sobre todo aceptación y calma.Le pregunto al médico cuándo vuelvo a verlo, y me dice que todo está tan bien que él cree que directamente cuando se cumpla un año de la operación, no antes. "Cuando menos lo vea, por mí mejor, usted fue el que me abrió la cabeza con una sierra" le contesto y ambos nos reímos.Cuando llegué de nuevo a la calle, había salido el sol: ya no nevaba. No importa, también hubiese amado que hubiera seguido nevando.

No sabemos el propósito de nada

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Estoy en un avión. Y no me explotó la cabeza... mi mente había fabricado la imagen de que mi cerebro iba a explotar en el aire como explotaban las cabezas de los marcianos en "Mars Attack".No es que tuviese que temer, ya que mi médico me dio autorización para hacer este vuelo.Bueno, con el miedo ya sabes cómo es, no? A veces no tiene que ver con la lógica si no con lo que desesperadamente queremos evitar.Voy camino a Londres, a ver unos amigos y unas exposiciones. Es un viaje de dos horas, Y cuando no tengo nada para hacer, medito o escribo... y cada vez más, la escritura se vuelve una actividad contemplativa: escribo, observo, no juzgo, sigo escribiendo.Aún estoy a la espera de los resultados de mi primer chequeo, y todo lo que hago pasa por el filtro de aprovechar este tiempo, de no hacer la espera un desperdicio.Si los resultados son que necesito más tratamiento, al menos hice todo lo que podía con este tiempo. Si los resultados son que no necesito más tratamiento, mi vida no estuvo en suspenso por algo que no sucedió.Ayer, hablaba con una gran amiga, que recientemente fue diagnosticada con un tumor maligno en su pulmón derecho.Y mientras hacíamos una llamada de audio por WhatsApp, uno a 12.400 km de la otra, hablábamos exactamente de eso: no sabemos cuál es el propósito de nada.Mientras lo estamos viviendo, no tiene sentido, y muchas veces asumimos para qué sirve lo que vivimos. Y te prometo que nos equivocamos.¿Para qué sirve un tumor? ¿Para qué le sirve a ella un cáncer? ¿Para qué nos sirven el dolor o la desilusión?Mi amiga, enorme creyente y practicante, hoy está enojada con todo.Los dos hemos hecho cosas buenas, y desde alguna perspectiva pareciera que no nos ha ido bien.Sorpresa.Ese deseo humano de prevenir el dolor y la enfermedad, siendo buenos y "haciendo las cosas bien" puede ser simplemente eso: nuestra esperanza, lo que queremos como premio a lo que hicimos.Sorpresa.A veces queremos entender y dar sentido, y resulta que no funciona...No sabemos cuál es el propósito de nada, simplemente se lo asignamos desde lo que queremos que suceda o tratamos de evitar.Creemos que podemos decidir sobre el propósito de las cosas, cómo usarlas, cómo darles sentido... somos parte de algo más grande, un tejido celeste, y cada cosa que sucede es un aprendizaje.¿Eso significa que hay sincronía entre lo que vivís vos y lo que vivo yo? Escucho a diario esto de "necesitaba leer justo esto", "no sabes lo bien que me viene lo que acabas de publicar", "parece que me estuvieras leyendo la mente", "eso lo escribiste para mí" y otros grandes éxitos. Amo eso <3Hay una danza entre la luna y el mar... hay una danza entre las estaciones y el árbol, y por supuesto entre cada evento humano.No cabe en nuestra cabeza el tamaño, o el sentido, de lo que vivimos. A veces por forzar aquello que queremos que sea nos olvidamos de lo que realmente está pasando aquí, delante de nuestros ojos.Con esta amiga, ella enojada y yo completamente empático con su enojo, coincidíamos en algo que nos sorprendió cuando ambos dimos a conocer nuestros desafíos: nos cubrieron de amor, cambió la forma en la que nos vimos a nosotros mismos, y nos pusimos a hacer todo lo que demoramos en hacer en nuestra vida.Y esa demora aplica a lo que teníamos que hacer por nosotros mismos, y las situaciones con las que queríamos "hacer las paces". El Buda hubiera dicho: "y lo peor es que creemos que tenemos tiempo".Si yo hubiera seguido creyendo en que no servía de nada escribir, no estarías leyéndome en este momento. No sabía el propósito de mi escritura, hasta que me reconocí que hace 36 años que escribo, que hace seis años había abierto una cuenta en WordPress sin escribir ni una entrada, y ahora escribo desde mi teléfono en un avión y con miedo a que mi cabeza explote. A veces, casi siempre, no sabemos el propósito de nada.¿Y cuál es el sentido detrás de estos sinsentidos? Aprendemos, siempre que nos abramos a la lección. Y yo ya no me cierro a nada, no hay tiempo.Mi amiga y yo aprendimos a no postergarnos, a no jugar a que tenemos tiempo, a decir más "te quiero" y más "te amo", a darnos permisos, a decir que "no" más seguido, a no forzarnos, a dejarnos amar...En definitiva, frente a la adversidad uno puede confundirse y llegar a creer que es una mala noticia.Sorpresa.Hay siempre un bien mayor, y si le abrimos la puerta, pasará a través nuestro, y allí aparecerá el sentido. Somos parte de algo más grande.Ya el vuelo lleva más de una hora de recorrido y releyendo lo que he escrito creo que apruebo en coherencia, hasta aquí al menos. Y mi cabeza no explotó. Primer viaje en avión desde el desalojo de Mike, un paso más, un miedo menos, una zona de confort un poco más grande.La última sorpresa, fue abrir hoy "Un curso de milagros" y encontrarme con la frase de hoy.... si crees que era "No sabemos el propósito de nada" estás en lo cierto.El mundo es sincrónico, todo sucede por algo, aunque no sepamos desde este lugar por qué pasan las cosas. Todo está lleno de amor.

Para sanar, hay que aceptar

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Hace poco me di cuenta que dejé de estar enojado con "lo que no fue". Pasé un montón esperando que las cosas cambiaran, porque me parecía "más justo" que así fuera.
Ese enojo, por un lado me dio energía para "pelearla", por el otro me sacó completamente de eje ¡me la pasaba peleándola!
Estaba tan convencido de que las cosas tenían que ser como yo quería, que en el cuerpo (y en la mente) me dolía la amargura de sentir que esto pasaba contra mi voluntad y que no lo quería aceptar.
A veces a las personas buenas les pasan cosas malas... y lo que sentía aún peor era que, a veces a las personas malas les pasan cosas buenas... Nada es justo, simplemente las cosas son como son.
Como una herida abierta que no se cierra nunca, lo que no aceptaba era un constante "arrancarse la cascarita", volver a hacer el tajo, seguir sangrando.
A veces hay que plantarse en frente de la adversidad, de eso que no podemos tragar, para mirarlo a los ojos y decir "acepto que estés acá".
Es algo parecido a quitarse la venda, ver las cosas como son, y eso caramba sí que duele cuando no es lo que esperábamos.
Ahí, mirando a los ojos a mi peor pesadilla: "esto no va a cambiar nunca", "realmente no le importo", "esto no tiene arreglo", "me olvidé de mí", "hice de todo esperando algo a cambio y nunca llegó"... ahí, mirando a los ojos a LO QUE ES, lo acepto.
Y esta aceptación es tipo: "OK, ACA ESTAS, AHORA TE VI, SE COMO SOS, NO ME ENGAÑO POR MIEDO AL DOLOR"...
Y ahora que veo lo que realmente está pasando, desilusionado, sin esa venda, le digo a lo que veo: "OK, AHORA QUE TE VI, SE LO QUE TENGO QUE HACER" y pongo manos a la obra...
Y aunque nada esté resuelto, la herida siempre abierta empieza a cerrarse. Empiezo a sanar, la negación desaparece, empiezo a sentirme mejor... ya no me resisto frente a lo que sucede.
Desde la cicatriz que recorre mi nuca, desde el diagnóstico de un tumor cerebral y desde las esperas o "paciencias" que tengo que tener con el sistema médico o mi recuperación... ACEPTAR LO QUE ES se convirtió en la forma de sanar más rápidamente la cirugía, de sanar mi mente tratando de buscar una causa, sanar mi juicio sobre mi mismo y sobre los demás.
Ahora mi foco está puesto en estar bien... para estar bien, tengo que reconocer que antes todo estuvo mal, no?
Me doy cuenta que son términos intercambiables ACEPTAR y SANAR... y que BUENO o MALO tienen mucho más que ver conmigo y lo que siento que con una verdad incuestionable. Pienso sacarle todo el jugo que pueda a lo que me pasa, transformar el algo "bueno" cada cosa "mala" que me suceda.
Aceptar es sanar. Sanar es aceptar.
Para enfrentar esto, necesito a todos mis recurso. Sostener esa venda, autoengañarme, siquiera enojarme, no sirve de nada.
Si niego, la herida sigue abierta. Si acepto, sano.
¿Mi siguiente paso? Ahora que estoy sanando, ahora que veo lo que es, ahora que se lo que tengo que hacer... no me para nadie :)
No te resistas, animate a ver.

Ser paciente

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Por supuesto llegue temprano, cuarenta y cinco minutos temprano. Afuera aún estaba tímidamente amaneciendo y las calles cubiertas de la nieve dura acumulada de la semana anterior.Anoche no pude dormir demasiado, me desperté antes de que sonara el despertador y me puse en movimiento con mi práctica matinal de meditación. Contemplar para mi se volvió como cepillarme los dientes, me sentiría muy raro si saliese a la calle sin hacerlo.La sala de espera estaba casi vacía, y elegí un sillón cerca de la puerta del laboratorio donde está el resonador para sentarme a leer. A mi lado, una señora de unos setenta años, con el cabello todo blanco, espera al paciente que está dentro agarrando su cartera con fuerza y mirando fijamente a la pared blanca que tenemos enfrente.Llega la hora y exactamente a las nueve y quince sale la técnica radióloga a buscarme sonriente diciendo mi apellido con tono divertido. Nos conocemos. Es la misma técnica de todas mis veces anteriores en el hospital, es nuestra tercera vez juntos. Ella se parece mucho a Patsy Kensit, una actriz inglesa, y pienso decírselo esta vez.Me pasa el camisón de hospital para que me cambie y me da las instrucciones del caso. Mientras tanto, el paciente que espera la señora de cabello blanco es sometido a los imanes del enorme aparato. Todo coordinado en la mayor eficiencia, y con mucha amabilidad y cuidado.Cuando finalmente entro a la sala, ya con mi bata con pequeñas banderitas noruegas y mis calzoncillos largos, noto que algo anda mal... bueno, no es que algo esté literalmente mal, sino que el resonador es mucho más pequeño y no solo en tamaño: el agujero por el que meten la camilla es sensiblemente más chico.Me ponen tapones para los oídos, una gorra verde con elástico y unos auriculares para bloquear el sonido: estoy listo para poder hasta dormir en una obra en construcción. Lo único que escucho es mi respiración y como trago saliva.Pregunto por el tamaño del túnel en el que descansará la camilla conmigo dentro y, efectivamente, es más pequeño. Es diez centímetros de diámetro más pequeño que el que está en el área de neurología en la tercera planta, el que conozco. En un total de setenta centímetros de diámetro, un túnel de sesenta centímetros o menos parece un poco a ser enterrado vivo. Perspectivas.Esto me hace acordar a una pariente de mi edad que pesaba tanto que las balanzas de las farmacias no llegaban a marcar su peso, y ni siquiera podía subirse con los dos píes a la báscula sin la referencia de alguien cercano. Cuando tuvo que hacerse una resonancia magnética por una infección que le estaba comiendo los huesos, la médica que la atendía le explicó que iba a contactar al zoológico donde contaban con un aparato que soportaba su perímetro y kilos. Después de saber que en ese aparato diagnosticaban hipopótamos se hizo colocar un balón gástrico. No se si su médica se lo dijo en serio o no, lo cierto es que bajó más de cien kilos en el siguiente año y medio. Perdón, necesitaba distraerme un poco.Como saben lo que están buscando y lo que van a controlar, me dice la técnica que el ciclo solo durará doce minutos y será directamente con contraste. La noticia me pone de buen humor y le digo que se parece a Patsy Kensit, y por supuesto le tengo que explicar quién es... "¿Arma Mortal 2? ¿Mel Gibson?"... claro que ella no sabe de qué le estoy hablando."Patsy" me presenta a una estudiante que será la encargada de encontrar la vena en mi brazo derecho para la vía del gadolinio. Ese es el nombre de la sustancia utilizada frecuentemente para las resonancias.El líquido radiactivo que se utiliza durante la prueba genera un ligero calor en la garganta y el pecho, y se disipa rápidamente en el torrente sanguíneo. Así los tumores y los edemas pueden verse con claridad en las pruebas.Esta chica, que no habla mucho inglés, no encuentra la vena a la primera y "Patsy" le tiene que pedir que le deje las jeringas de contraste, que no fluyen como debiera. Hermoso ayudar a que estos estudiantes consigan más experiencia, el moretón y la mancha de sangre que me quedó después evidencia que aún es un poco pronto para dejarla hacer esto sola.Acostado en la camilla, me ponen la máscara para mantener quieta la cabeza y procesar las imágenes. Me da la alarma anti pánico, una perilla gris que se aprieta como la que se usa para medir la presión sanguínea por medios tradicionales. Es un botón para pedir que te saquen del túnel si algo sucede. Una pequeña parte de los pacientes que toman estos estudios tienen crisis de ansiedad y sienten que no pueden respirar en ese espacio, que está perfectamente ventilado. La estudiante empieza a meter la camilla dentro presionando un botón, y como no lo mantiene apretado, se para y arranca de golpe, como si estuviera aprendiendo a manejar y tuviera problemas para regular el freno. Los tres nos reímos, yo un poco de los nervios, y "Patsy" le dice algo en noruego que para mí sonó como "Dejá, dejá..." y se ve que tomó el control de la botonera porque entré como si fuera a flotar en el espacio.Los sonidos que el resonador hace, más graves y más agudos, asemejan a máquinas mecánicas, como bombas de pozos de agua, sistemas hidráulicos o un martillo neumático golpeando contra metal en diferentes ritmos. Para conseguir diferentes imágenes de todos los tejidos del cuerpo, mueve diferentes piezas que hacen ruidos distintos. Hay videos en YouTube que muestran estos raros sonidos y se usan para familiarizar a los pacientes con los sonidos que se encontrarán.Después de haber estado en ese caño durante media hora las veces anteriores, los doce minutos se pasaron bastante rápido. Los dediqué a repetir mantras y a crear imágenes en mi mente como si estuviera usando un japa mala (un collar de cuentas que se usa para repetir mantras). Intentaba que lo único que se moviera fuese mi abdomen al inhalar y exhalar.Lo que me enseñó la experiencia previa... bueno, las tres resonancias anteriores, es a perder un poco el miedo a los espacios reducidos y a los sonidos fuertes ¡y a hacer foco en cualquier otra cosa que no fuera el espacio reducido!Cada vez que los sonidos provenientes de las bobinas y los imanes cambiaban, me decía "ya está, no puede ser... es pronto" y seguía un poco más. De pronto se hizo el silencio y la camilla se empezó a deslizar hacia afuera. Esta vez fue sin sobresaltos, realmente reconfortante.Al salir, pregunté como me hacía con el resultado de la prueba y "Patsy Kensit" me dijo que, como era un control, tendría que esperar una semana y se pondrían en contacto conmigo.El término "paciente" viene claramente de eso: del que tiene paciencia, de ese suspenso (de quedar suspendido) y tener que esperar a que otros tomen la iniciativa.Y hay que aprender a ser paciente, a transformar esos tiempos de espera en acción propia, hacer algo por uno y por mantenerse en eje y en calma.La verdadera diferencia en la salud es el empoderamiento, cuando uno hace por uno mismo. El dejar de ser simplemente "el que espera", para ser "el que espera y hace", por supuesto eso hace la diferencia. Estoy aprendiendo a ser activamente paciente. Consejos que enseñaba a mis consultantes más lo que aprendí en primera personaQuiero compartir con vos una serie de consejos extraídos de la práctica profesional y enriquecidos con mi propia experiencia en "el túnel". Por supuesto que se complementan con lo que los médicos sugieran y no reemplaza ninguna de sus recomendaciones:Una semana antes de la resonancia

  • Familiarizarse con los sonidos que produce el resonador. Para hacerlo hay videos en YouTube. Mi consejo es escucharlos con el mayor volumen soportable y con auriculares.
  • Practicar la postura "Savasana" o postura del cadaver, para acostumbrarse a la inmovilidad,  por períodos prolongados de tiempo. Es la postura de relax del yoga y ayuda a generar quietud física y mental.
  • Practicar la respiración abdominal (hacia el abdomen) donde la inhalación sea contando hasta cuatro y la exhalación sea contando hasta ocho, siempre que sea cómodo. Exhalaciones más largas que las inhalaciones, eso calma la mente y activa la relajación profunda.
  • Cuando se hayan  pueden combinarse los sonidos, la inmovilidad  y la respiración como entrenamiento para evitar la ansiedad durante la prueba.

El día de la resonancia

  • Comer bien e hidratarse bien, a no ser que la indicación médica sea en contrario.
  • Vestirse con ropa cómoda y dejar todos los objetos metálicos en casa (anillos, cadenas, cinturones, aros, piercings, etcétera).
  • Dejar todos los objetos de valor que no sea necesario llevar con nosotros también en el hogar. Vamos a tener que dejarlos en el guardarropas durante casi una hora.
  • Preparar en la mochila o bolso una banana, una botella de agua y algo para entretenerse durante las esperas como un libro, tejido o un cuaderno (vamos por lo analógico).
  • No todos los centros diagnósticos lo ofrecen, es una excelente idea llevar tapones para los oídos.

Durante la resonancia

  • Empezar a practicar la postura inmóvil y la respiración en cuanto podamos estar en la camilla.
  • En la aplicación del contraste, que puede ser antes o en mitad del estudio, cuando pinchan con la aguja lo mejor es exhalar por la boca con la mandíbula relajada. Eso hace que todo el brazo y los hombros se relajen y duela menos la entrada de la vía.
  • Si nuestra mente se disparara a pensamientos de tensión y ansiedad, se puede repetir un mantra (si usas alguno) o cantar mentalmente una canción que ayude a concentrarse y calmarse.
  • Todo empieza y termina, este es el momento de ser realmente paciente.

Después de la resonancia

  • Hidratarse. Hay que tomar mucho líquido para eliminar el contraste por la orina.
  • Tomarse un par de horas para readaptarse, si es posible.
  • Puede que haya algo de mareo o vértigo, inclusive desde estar dentro del resonador. Es frecuente y se resuelve en algunas horas. Lo mismo sucede con los dolores de cabeza. Si continuaran, por favor consulta a tu médico.
  • Compartí tu experiencia. Es una prueba cada vez más frecuente, que puede salvar vidas, y cuantos más le perdamos el miedo mejor.