Esta vez, es diferente. No por el número, si no por la sensación de que esta celebración realmente estaba fuera de todo plan.Cuando somos pequeños, las celebraciones de cumpleaños son algo esperado: por la atención, por los regalos, por la expectativa que genera nuestro propio entorno, y también por compartir con nuestros amigos y compañeros.En los festejos hay, en ese entonces, una sensación de hito, de logro que se alcanza.En esta sociedad que le da las espaldas a la adultez, pasados ciertos mojones, a casi nadie le interesa ya ni la torta, ni las velas, ni las fiestas. A algunos aún les interesan los regalos, y otros ya no quieren ver gente porque esos eventos les causan ansiedad social.Mi abuela me hacía una torta, como la que pidiese, y en ese tiempo no se usaban otra cosas que las velas con forma de vela.Como le sucede a muchos, llegué a una edad en la que mi cumpleaños se transformó en saludos y demostraciones de cariño. Un día en el calendario y un número más alto en la edad.En el último tiempo, inclusive los saludos se transforman en mensajes de texto o audio, y ya no hay interacción, a veces ya ni reuniones.En una sociedad que sobrevalora la juventud (todos somos o hemos sido jóvenes, no hay mérito en ello), dejar de ser joven se convierte en algo "a disimular".Este año cumplí 47. Lo curioso es que pensé que nunca iba a llegar a esta edad. Y es literal, cuando tenía unos doce años, estaba convencido que iba a vivir hasta los 46 ¡y casi lo consigo! En ese momento, inclusive mis padres eran menores y uno de mis abuelos había fallecido muy joven. La vida me parecía larguísima.Este es el cumpleaños que "nunca debería haber tenido", y sin embargo aquí estoy. Inclusive mi salud es mejor que antes, y mis ganas de celebrar.Cuando se acaban las expectativas, cuando superamos todos los planes, empezamos a ver el regalo que es la vida, y lo poco que podemos hacer para controlar su existencia.Sin ánimo de parecer excesivamente optimista, este año celebré, agradecí, y disfruté como nunca.Superar esa loca barrera infantil, sumado al tumor cerebral que el año pasado casi me mata, da la sensación de "tiempo extra", aunque claramente es una ilusión.La vida es muy frágil, y toda existencia es para celebrar... los nacimientos, los cumpleaños, los que se van de repente o despidiéndose.Mis arrugas y mis canas dan testimonio de mi viaje en este plano, de "lo que estoy durando". Y mi yoga, mis escritos, mi festejar, mi compartir quizá de "cómo lo transcurro".Eso, la vida es muy frágil, no celebrarla, sería no reconocer el milagro.Contra el tiempo perdemos todos, así que mientras estemos aquí, demos señales de vida.
Amar lo que nos pasa
Otra vez llegué temprano, muy temprano. Nevaba bastante fuerte, y así y todo preferí ir caminando. Inclusive se hizo de día mientras avanzaba calle arriba hacia el hospital. La nieve fresca silencia todos los ruidos, hace las pisadas sordas. Sólo podía escuchar mis suspiros, y hasta el sonido de mi respiración.Es difícil no prever escenarios, no tener expectativas. Mientras trataba de encontrar la entrada correcta al edificio número seis, inhalaba profundo y sentía el aire helado llegar hasta mis pulmones.Amar lo que es, lo que sea que sea...Cuando llegué al área de los consultorios de Neurología, me encontré con los pacientes que esperaban su turno y con las enfermeras de uniforme que los acompañaban hasta la sala de espera. En su mayoría, personas mayores con dificultades serias para valerse por su cuenta, en un largo pasillo lleno de puertas y de sillas a los costados.Mirando con atención los carteles puestos junto a cada puerta, pude dar con los del doctor que me operó en octubre. Mi mente comenzó a comprender que, realmente, la espera estaba terminando en ese mismo instante: a partir de ahora tendría la certeza de lo que estaba sucediendo conmigo hoy.Amar el resultado que venga, abrazarlo y hacer lo que haga falta...Di dos pasos hacia atrás, giré hacia la derecha para medir la distancia hasta la silla más cercana (no puedo aún girar a la izquierda sin marearme) y me senté. Mientras miraba la puerta del consultorio, pensaba en mis migrañas casi constantes antes de la operación, y cuánto mejor me sentía ahora.Me dije a mi mismo qué, si antes mis síntomas habían sido alerta de otra cosa... ahora, que me siento mucho mejor... ¿No debería ser esa ausencia de síntomas una buena noticia?A través de lo vivido, y no sólo con "Mike" (mi tumor), aprendí a ver al cuerpo como lo que es: una fuente inagotable de señales que desesperadamente quieren ser escuchadas.Amar lo que mi cuerpo tenga para decir, sin rechazarlo...Aprendemos a ignorar al cuerpo: usamos zapatos incómodos, ropa apretada, comemos cosas que ni siquiera son comida, adoptamos posiciones al sentarnos que son antinaturales... Nos acostumbramos tanto a lo molesto, que cuando hay algo para prestarle atención seriamente, tiene que elevarse por sobre un enorme ruido de fondo: nuestros hábitos.El Yoga te enseña a escucharte, y creo que fue eso mismo lo que me permitió darme cuenta hace unos meses de que "algo no andaba bien" cuando tenés que tomar un analgésico por día para reducir un dolor de cabeza. Alguna vez lo dije ya, nos acostumbramos a todo, inclusive al dolor.Después de dos semanas de no construir escenarios, o al menos de intentar no hacerlo, me encontraba sentado esperando que sea puerta se abriese, y tenía pensado estudiar cada gesto del médico cuando me saludara... por supuesto, nada de eso ocurrió.Amar lo que es, desde este presente, sin adelantarme...Una bata blanca entró en mi campo visual por la izquierda y me llamó por mi apellido. Me señaló la puerta cerrada con una mano y sonrió. Su cara era inescrutable. En lo que tardé en sacarme los abrigos, él ya había desplegado imágenes de mi cerebro en dos pantallas.Me dijo que estaba "admirando mis imágenes" y lo primero que pensé era que tenía una linda cabeza, para darme cuenta de que el neurocirujano hablaba de su propio trabajo. Me pidió que mirara la pantalla de la derecha y me preguntó si veía algo anormal en la imagen... "Veo una cabeza completamente normal", le dije. "Es la tuya", me contestó.Estaba absolutamente asombrado, no había traza alguna de "Mike" o siquiera del espacio que había dejado vacante al ser desalojado.Entonces, aquello que el cuerpo me decía, que me sentía bien porque estaba bien, era cierto... El inglés no era la lengua nativa de ninguno de los dos, y a mí de pronto me costaban las palabras... el médico tomó la batuta en la conversación y me empezó a decir que no quedaban huellas aparentes del tumor. Hizo un par de movimientos con el mouse, y puso junto a ese perfil de mi cabeza obtenido recientemente, una instantánea de cuando encontraron a Mike en septiembre del año pasado. Mi cerebelo izquierdo había sido comprimido a la mitad de su tamaño esperado, gracias a este "cuerpo extraño", a esta perla que había hecho crecer dentro de mi cabeza.Cuando le pregunté si podía ayudarme a darme cuenta de la dimensión que había tenido en mi cabeza, me dijo que si lo hubiera tenido en mi mano, no habría podido cerrar el puño sin apretarlo. Dicho de ese modo me parecía gigante.En ese momento, amé al Lucas que fui, al que soportó todo como si una aspirina y un montón de agua fuera hacerlo desaparecer.Amar al que lo soportó... Con respecto a mis mareos y vértigos, mi médico fue muy cauto y claro: podría desaparecer en unos meses, o acompañarme por el resto de mi vida. Cuando giro hacia la izquierda o hacia atrás, siento como si el mundo desapareciera y fuese a caer al vacío absoluto... como quien se asoma por encima de la cornisa de un edificio altísimo.Empecé a hablar y el doctor me interrumpió amablemente, para decir que "cualquier consecuencia de esta naturaleza era mejor que tener un tumor cerebral" y yo comencé a reírme. Era claro que estaba acostumbrado a que los pacientes se quejaran de los efectos secundarios de las operaciones. Yo en cambio seguía asombrado de estar así, y por sobre todo con vida.Amar al que lo sobrevivió...Después de contarme que el patólogo tuvo que chequear varias veces que la muestra estaba viva, porque no había habido actividad celular en las dos semanas que estuvieron analizando a Mike bajo el microscopio, me dijo que era probable que hubiese tenido este tumor prácticamente toda mi vida, allí, creciendo a la sombra.En el Yoga se habla de "samskaras" como marcas profundas que nos dejan los acontecimientos que vivimos, bloqueos en nuestra mente que pueden llegar al cuerpo... teniendo en cuenta que todo lo que está en nuestro cuerpo tiene algún factor emocional, además de lo genético y lo medioambiental... no podía dejar de preguntarme qué fue lo que hizo que dejara que una célula que creció descontrolada terminara transformándose en algo más grande que un damasco. En estos meses, descubrí que a los médicos les encanta comparar a los tumores con frutas, los hace parecer más inofensivos. En cambio, parece que los pacientes solemos compararlos con pelotas de diversos deportes, los hace parecer más reales y agresivos.Escuchó con atención todo lo que tenía para decir, y tomó nota de todo lo que le pareció curioso o un dato trascendente. Me explicó que mi cerebelo tardaría meses en volver a expandirse a su máxima capacidad y que reconectarse con el espacio también sería un desafío para mí. Inmediatamente pensé en las asanas invertidas, en la parada de cabeza, y en otras cosas que aún no he vuelto a hacer y que extraño. Meses. Meses era mejor que nunca.Y lo que fuese a surgir, yo iba a amar eso... lo que pueda ser...Esto de la ubicación espacial es curioso, porque mi cerebelo procesa información que viene del oído medio y de los movimientos que hago, como una forma de medir dónde está el suelo, la pared, etcétera... hay movimientos que me dan la sensación de estar enfrentándome al infinito, y no quizá a la almohada o la puerta del baño.Estos síntomas extraños me dan sensación de fragilidad, y las imágenes que vi en pantalla en el consultorio a la vez me hacen sentir fuerte, de a ratos indestructible. Creo que esa mezcla de sensaciones representa eso de "amar lo que es".Esa combinación extraña de sensibilidad y resiliencia, es la que nos da permiso para probar algo distinto, para sentirnos alegres de haber superado algo que parecía insuperable. Cada paso es un logro, y aunque este no sea el último, me devolvió la visión de que la salud es un proceso, un equilibrio, y por sobre todo aceptación y calma.Le pregunto al médico cuándo vuelvo a verlo, y me dice que todo está tan bien que él cree que directamente cuando se cumpla un año de la operación, no antes. "Cuando menos lo vea, por mí mejor, usted fue el que me abrió la cabeza con una sierra" le contesto y ambos nos reímos.Cuando llegué de nuevo a la calle, había salido el sol: ya no nevaba. No importa, también hubiese amado que hubiera seguido nevando.
No sabemos el propósito de nada
Estoy en un avión. Y no me explotó la cabeza... mi mente había fabricado la imagen de que mi cerebro iba a explotar en el aire como explotaban las cabezas de los marcianos en "Mars Attack".No es que tuviese que temer, ya que mi médico me dio autorización para hacer este vuelo.Bueno, con el miedo ya sabes cómo es, no? A veces no tiene que ver con la lógica si no con lo que desesperadamente queremos evitar.Voy camino a Londres, a ver unos amigos y unas exposiciones. Es un viaje de dos horas, Y cuando no tengo nada para hacer, medito o escribo... y cada vez más, la escritura se vuelve una actividad contemplativa: escribo, observo, no juzgo, sigo escribiendo.Aún estoy a la espera de los resultados de mi primer chequeo, y todo lo que hago pasa por el filtro de aprovechar este tiempo, de no hacer la espera un desperdicio.Si los resultados son que necesito más tratamiento, al menos hice todo lo que podía con este tiempo. Si los resultados son que no necesito más tratamiento, mi vida no estuvo en suspenso por algo que no sucedió.Ayer, hablaba con una gran amiga, que recientemente fue diagnosticada con un tumor maligno en su pulmón derecho.Y mientras hacíamos una llamada de audio por WhatsApp, uno a 12.400 km de la otra, hablábamos exactamente de eso: no sabemos cuál es el propósito de nada.Mientras lo estamos viviendo, no tiene sentido, y muchas veces asumimos para qué sirve lo que vivimos. Y te prometo que nos equivocamos.¿Para qué sirve un tumor? ¿Para qué le sirve a ella un cáncer? ¿Para qué nos sirven el dolor o la desilusión?Mi amiga, enorme creyente y practicante, hoy está enojada con todo.Los dos hemos hecho cosas buenas, y desde alguna perspectiva pareciera que no nos ha ido bien.Sorpresa.Ese deseo humano de prevenir el dolor y la enfermedad, siendo buenos y "haciendo las cosas bien" puede ser simplemente eso: nuestra esperanza, lo que queremos como premio a lo que hicimos.Sorpresa.A veces queremos entender y dar sentido, y resulta que no funciona...No sabemos cuál es el propósito de nada, simplemente se lo asignamos desde lo que queremos que suceda o tratamos de evitar.Creemos que podemos decidir sobre el propósito de las cosas, cómo usarlas, cómo darles sentido... somos parte de algo más grande, un tejido celeste, y cada cosa que sucede es un aprendizaje.¿Eso significa que hay sincronía entre lo que vivís vos y lo que vivo yo? Escucho a diario esto de "necesitaba leer justo esto", "no sabes lo bien que me viene lo que acabas de publicar", "parece que me estuvieras leyendo la mente", "eso lo escribiste para mí" y otros grandes éxitos. Amo eso <3Hay una danza entre la luna y el mar... hay una danza entre las estaciones y el árbol, y por supuesto entre cada evento humano.No cabe en nuestra cabeza el tamaño, o el sentido, de lo que vivimos. A veces por forzar aquello que queremos que sea nos olvidamos de lo que realmente está pasando aquí, delante de nuestros ojos.Con esta amiga, ella enojada y yo completamente empático con su enojo, coincidíamos en algo que nos sorprendió cuando ambos dimos a conocer nuestros desafíos: nos cubrieron de amor, cambió la forma en la que nos vimos a nosotros mismos, y nos pusimos a hacer todo lo que demoramos en hacer en nuestra vida.Y esa demora aplica a lo que teníamos que hacer por nosotros mismos, y las situaciones con las que queríamos "hacer las paces". El Buda hubiera dicho: "y lo peor es que creemos que tenemos tiempo".Si yo hubiera seguido creyendo en que no servía de nada escribir, no estarías leyéndome en este momento. No sabía el propósito de mi escritura, hasta que me reconocí que hace 36 años que escribo, que hace seis años había abierto una cuenta en WordPress sin escribir ni una entrada, y ahora escribo desde mi teléfono en un avión y con miedo a que mi cabeza explote. A veces, casi siempre, no sabemos el propósito de nada.¿Y cuál es el sentido detrás de estos sinsentidos? Aprendemos, siempre que nos abramos a la lección. Y yo ya no me cierro a nada, no hay tiempo.Mi amiga y yo aprendimos a no postergarnos, a no jugar a que tenemos tiempo, a decir más "te quiero" y más "te amo", a darnos permisos, a decir que "no" más seguido, a no forzarnos, a dejarnos amar...En definitiva, frente a la adversidad uno puede confundirse y llegar a creer que es una mala noticia.Sorpresa.Hay siempre un bien mayor, y si le abrimos la puerta, pasará a través nuestro, y allí aparecerá el sentido. Somos parte de algo más grande.Ya el vuelo lleva más de una hora de recorrido y releyendo lo que he escrito creo que apruebo en coherencia, hasta aquí al menos. Y mi cabeza no explotó. Primer viaje en avión desde el desalojo de Mike, un paso más, un miedo menos, una zona de confort un poco más grande.La última sorpresa, fue abrir hoy "Un curso de milagros" y encontrarme con la frase de hoy.... si crees que era "No sabemos el propósito de nada" estás en lo cierto.El mundo es sincrónico, todo sucede por algo, aunque no sepamos desde este lugar por qué pasan las cosas. Todo está lleno de amor.
Para sanar, hay que aceptar
Ser paciente
Por supuesto llegue temprano, cuarenta y cinco minutos temprano. Afuera aún estaba tímidamente amaneciendo y las calles cubiertas de la nieve dura acumulada de la semana anterior.Anoche no pude dormir demasiado, me desperté antes de que sonara el despertador y me puse en movimiento con mi práctica matinal de meditación. Contemplar para mi se volvió como cepillarme los dientes, me sentiría muy raro si saliese a la calle sin hacerlo.La sala de espera estaba casi vacía, y elegí un sillón cerca de la puerta del laboratorio donde está el resonador para sentarme a leer. A mi lado, una señora de unos setenta años, con el cabello todo blanco, espera al paciente que está dentro agarrando su cartera con fuerza y mirando fijamente a la pared blanca que tenemos enfrente.Llega la hora y exactamente a las nueve y quince sale la técnica radióloga a buscarme sonriente diciendo mi apellido con tono divertido. Nos conocemos. Es la misma técnica de todas mis veces anteriores en el hospital, es nuestra tercera vez juntos. Ella se parece mucho a Patsy Kensit, una actriz inglesa, y pienso decírselo esta vez.Me pasa el camisón de hospital para que me cambie y me da las instrucciones del caso. Mientras tanto, el paciente que espera la señora de cabello blanco es sometido a los imanes del enorme aparato. Todo coordinado en la mayor eficiencia, y con mucha amabilidad y cuidado.Cuando finalmente entro a la sala, ya con mi bata con pequeñas banderitas noruegas y mis calzoncillos largos, noto que algo anda mal... bueno, no es que algo esté literalmente mal, sino que el resonador es mucho más pequeño y no solo en tamaño: el agujero por el que meten la camilla es sensiblemente más chico.Me ponen tapones para los oídos, una gorra verde con elástico y unos auriculares para bloquear el sonido: estoy listo para poder hasta dormir en una obra en construcción. Lo único que escucho es mi respiración y como trago saliva.Pregunto por el tamaño del túnel en el que descansará la camilla conmigo dentro y, efectivamente, es más pequeño. Es diez centímetros de diámetro más pequeño que el que está en el área de neurología en la tercera planta, el que conozco. En un total de setenta centímetros de diámetro, un túnel de sesenta centímetros o menos parece un poco a ser enterrado vivo. Perspectivas.Esto me hace acordar a una pariente de mi edad que pesaba tanto que las balanzas de las farmacias no llegaban a marcar su peso, y ni siquiera podía subirse con los dos píes a la báscula sin la referencia de alguien cercano. Cuando tuvo que hacerse una resonancia magnética por una infección que le estaba comiendo los huesos, la médica que la atendía le explicó que iba a contactar al zoológico donde contaban con un aparato que soportaba su perímetro y kilos. Después de saber que en ese aparato diagnosticaban hipopótamos se hizo colocar un balón gástrico. No se si su médica se lo dijo en serio o no, lo cierto es que bajó más de cien kilos en el siguiente año y medio. Perdón, necesitaba distraerme un poco.Como saben lo que están buscando y lo que van a controlar, me dice la técnica que el ciclo solo durará doce minutos y será directamente con contraste. La noticia me pone de buen humor y le digo que se parece a Patsy Kensit, y por supuesto le tengo que explicar quién es... "¿Arma Mortal 2? ¿Mel Gibson?"... claro que ella no sabe de qué le estoy hablando."Patsy" me presenta a una estudiante que será la encargada de encontrar la vena en mi brazo derecho para la vía del gadolinio. Ese es el nombre de la sustancia utilizada frecuentemente para las resonancias.El líquido radiactivo que se utiliza durante la prueba genera un ligero calor en la garganta y el pecho, y se disipa rápidamente en el torrente sanguíneo. Así los tumores y los edemas pueden verse con claridad en las pruebas.Esta chica, que no habla mucho inglés, no encuentra la vena a la primera y "Patsy" le tiene que pedir que le deje las jeringas de contraste, que no fluyen como debiera. Hermoso ayudar a que estos estudiantes consigan más experiencia, el moretón y la mancha de sangre que me quedó después evidencia que aún es un poco pronto para dejarla hacer esto sola.Acostado en la camilla, me ponen la máscara para mantener quieta la cabeza y procesar las imágenes. Me da la alarma anti pánico, una perilla gris que se aprieta como la que se usa para medir la presión sanguínea por medios tradicionales. Es un botón para pedir que te saquen del túnel si algo sucede. Una pequeña parte de los pacientes que toman estos estudios tienen crisis de ansiedad y sienten que no pueden respirar en ese espacio, que está perfectamente ventilado. La estudiante empieza a meter la camilla dentro presionando un botón, y como no lo mantiene apretado, se para y arranca de golpe, como si estuviera aprendiendo a manejar y tuviera problemas para regular el freno. Los tres nos reímos, yo un poco de los nervios, y "Patsy" le dice algo en noruego que para mí sonó como "Dejá, dejá..." y se ve que tomó el control de la botonera porque entré como si fuera a flotar en el espacio.Los sonidos que el resonador hace, más graves y más agudos, asemejan a máquinas mecánicas, como bombas de pozos de agua, sistemas hidráulicos o un martillo neumático golpeando contra metal en diferentes ritmos. Para conseguir diferentes imágenes de todos los tejidos del cuerpo, mueve diferentes piezas que hacen ruidos distintos. Hay videos en YouTube que muestran estos raros sonidos y se usan para familiarizar a los pacientes con los sonidos que se encontrarán.Después de haber estado en ese caño durante media hora las veces anteriores, los doce minutos se pasaron bastante rápido. Los dediqué a repetir mantras y a crear imágenes en mi mente como si estuviera usando un japa mala (un collar de cuentas que se usa para repetir mantras). Intentaba que lo único que se moviera fuese mi abdomen al inhalar y exhalar.Lo que me enseñó la experiencia previa... bueno, las tres resonancias anteriores, es a perder un poco el miedo a los espacios reducidos y a los sonidos fuertes ¡y a hacer foco en cualquier otra cosa que no fuera el espacio reducido!Cada vez que los sonidos provenientes de las bobinas y los imanes cambiaban, me decía "ya está, no puede ser... es pronto" y seguía un poco más. De pronto se hizo el silencio y la camilla se empezó a deslizar hacia afuera. Esta vez fue sin sobresaltos, realmente reconfortante.Al salir, pregunté como me hacía con el resultado de la prueba y "Patsy Kensit" me dijo que, como era un control, tendría que esperar una semana y se pondrían en contacto conmigo.El término "paciente" viene claramente de eso: del que tiene paciencia, de ese suspenso (de quedar suspendido) y tener que esperar a que otros tomen la iniciativa.Y hay que aprender a ser paciente, a transformar esos tiempos de espera en acción propia, hacer algo por uno y por mantenerse en eje y en calma.La verdadera diferencia en la salud es el empoderamiento, cuando uno hace por uno mismo. El dejar de ser simplemente "el que espera", para ser "el que espera y hace", por supuesto eso hace la diferencia. Estoy aprendiendo a ser activamente paciente. Consejos que enseñaba a mis consultantes más lo que aprendí en primera personaQuiero compartir con vos una serie de consejos extraídos de la práctica profesional y enriquecidos con mi propia experiencia en "el túnel". Por supuesto que se complementan con lo que los médicos sugieran y no reemplaza ninguna de sus recomendaciones:Una semana antes de la resonancia
- Familiarizarse con los sonidos que produce el resonador. Para hacerlo hay videos en YouTube. Mi consejo es escucharlos con el mayor volumen soportable y con auriculares.
- Practicar la postura "Savasana" o postura del cadaver, para acostumbrarse a la inmovilidad, por períodos prolongados de tiempo. Es la postura de relax del yoga y ayuda a generar quietud física y mental.
- Practicar la respiración abdominal (hacia el abdomen) donde la inhalación sea contando hasta cuatro y la exhalación sea contando hasta ocho, siempre que sea cómodo. Exhalaciones más largas que las inhalaciones, eso calma la mente y activa la relajación profunda.
- Cuando se hayan pueden combinarse los sonidos, la inmovilidad y la respiración como entrenamiento para evitar la ansiedad durante la prueba.
El día de la resonancia
- Comer bien e hidratarse bien, a no ser que la indicación médica sea en contrario.
- Vestirse con ropa cómoda y dejar todos los objetos metálicos en casa (anillos, cadenas, cinturones, aros, piercings, etcétera).
- Dejar todos los objetos de valor que no sea necesario llevar con nosotros también en el hogar. Vamos a tener que dejarlos en el guardarropas durante casi una hora.
- Preparar en la mochila o bolso una banana, una botella de agua y algo para entretenerse durante las esperas como un libro, tejido o un cuaderno (vamos por lo analógico).
- No todos los centros diagnósticos lo ofrecen, es una excelente idea llevar tapones para los oídos.
Durante la resonancia
- Empezar a practicar la postura inmóvil y la respiración en cuanto podamos estar en la camilla.
- En la aplicación del contraste, que puede ser antes o en mitad del estudio, cuando pinchan con la aguja lo mejor es exhalar por la boca con la mandíbula relajada. Eso hace que todo el brazo y los hombros se relajen y duela menos la entrada de la vía.
- Si nuestra mente se disparara a pensamientos de tensión y ansiedad, se puede repetir un mantra (si usas alguno) o cantar mentalmente una canción que ayude a concentrarse y calmarse.
- Todo empieza y termina, este es el momento de ser realmente paciente.
Después de la resonancia
- Hidratarse. Hay que tomar mucho líquido para eliminar el contraste por la orina.
- Tomarse un par de horas para readaptarse, si es posible.
- Puede que haya algo de mareo o vértigo, inclusive desde estar dentro del resonador. Es frecuente y se resuelve en algunas horas. Lo mismo sucede con los dolores de cabeza. Si continuaran, por favor consulta a tu médico.
- Compartí tu experiencia. Es una prueba cada vez más frecuente, que puede salvar vidas, y cuantos más le perdamos el miedo mejor.
Saltar hacia el miedo
"Todo lo que siempre has querido está del otro lado del miedo" George AddairEs domingo por la noche, y mañana a las nueve de la mañana tengo el chequeo de mis primeros noventa días después de la operación. Durante el primer año tengo que hacerme controles trimestrales y después uno por año, de por vida.Hay una pequeña chance de que Mike (el nombre cariñoso de ese bulto que crié en mi cabeza) decida volver. Y aunque los meningiomas son células de crecimiento lento, lo mejor es saberlo cuanto antes y controlarlo antes de que vuelva a hacer destrozos.No debería darme miedo, o sí... el chequeo consiste en una resonancia magnética, que puede ser de una media hora en un caño repleto de poderosísimos imanes. La primera vez que estuve en un tubo de esos fue cuando me diagnosticaron el tumor cerebral, los últimos días de septiembre de este año, La segunda vez fue después de la operación, para ver que todo estuviera en su lugar. La tercera al mes de la operación cuando empecé con el vértigo y el mareo.Sólo una de las tres veces el resultado fue "sin novedades": la primera supimos de la existencia de una masa de 31mm de diámetro que crecía desde la segunda capa de las meninges hacia adentro; la segunda transcurrió sin novedades teniendo en cuenta que hacía menos de 24 horas me habían cortado el cuello en un tajo de casi 20 centímetros y aserrado mi cráneo para desalojar a Mike; la tercera fue cuando empecé con los mareos y supe que tenía una pequeña filtración en las meninges, producto aún de la operación. No me gustan las resonancias: mi mente se pone en alerta, mi experiencia previa desconfía de lo que pueda suceder después.El miedo es una emoción positiva.El miedo tiene que ver con la autopreservación, es una contracción, una protección, un mecanismo de evitación para garantizar evitar el dolor o sufrimiento, inclusive para preservar la vida. El problema sería quedarse anclado en ese sentimiento de cuidado. Eso va dañando la salud de a poco, yo he vivido el efecto erosionante del miedo.Yo, antes de tener un tumor cerebral, cuando iba al médico decía que era una persona sana, sin mayores síntomas casi nunca. Tuve un par de cólicos renales, que es algo que corre en la familia de mi madre y que la medicina tradicional china vincula con el miedo; y mi única operación fue de adenoides (vegetaciones) cuando tenía menos de seis años. Para casi medio siglo de vida, me gustaba decir que era sano como un roble. Y lo sigo siendo a excepción de Mike, claro que Mike no es una excepción pequeña. Inclusive algunos especialistas occidentales y orientales vinculan a los tumores con el miedo y el control.El miedo nos puede hacer evitar algo por completo, o enfrentarlo a través de esa sensación. Yo podría evitar ir mañana al hospital, y así no enterarme de cómo estoy y cómo va el proceso. La verdad que, como el día de la operación, me río de esa posibilidad. Sí, el día en el que iban a operarme, por temas de quirófano se demoró mi entrada una hora y poco y fantaseé con irme del piso de neurocirugía sin decirle nada a nadie. Dos minutos después me acordé que estaba con medicación por mis síntomas y comencé a reírme. Hoy también me río de la alternativa de huir.Otra alternativa podría ser detenerme frente a lo que pasa y "prepararme mentalmente" postergando la cita que tengo mañana. Rápidamente mi mente me recuerda que el tiempo siempre es un factor vital en la salud y que cuando intentamos congelar lo que nos pasa, es algo tan antinatural, que nuestro cuerpo y nuestra mente sufren: estamos hechos para fluir, somos literalmente líquidos.Cuando salimos de la parálisis y la huida el miedo se convierte en incertidumbre.No se lo que va a pasar mañana, sí se que voy a ir y que voy a hacer lo que me pidan. Y que después ya tengo que soltar el control y las suposiciones, porque mi mente busca en la experiencia previa y me dice que en dos tercios los resultados no fueron buenos. Mi parte más humorística dice que si la primera fue una mala noticia y la segunda sin novedades... la tercera fue una menos mala noticia y por ende la cuarta será aún más sin novedades... las dos alternativas son lógicas, la mente siempre trata de prever escenarios para buscar qué herramientas usar. La cuestión profunda es que con la incertidumbre nada sirve, excepto lo que experimentemos o... sí, lo que la mente se crea cierto. Y ahí, reconozcamos, la mente puede volverse un poco tremendista: se prepara para lo peor.La forma de salir de la incertidumbre es, muchas veces, abrazar ese caos.Suena hermoso, y a veces aterrorizante. Abrazar el caos es no querer ordenarlo, es cruzarlo a través, ver lo que pienso y se me ocurre como eso: lo que pienso y se me ocurre. Si querés saber qué pienso en este momento, entre las cosas que mi mente baraja están: el tumor volvió a crecer, el agujero en mi duramadre no se cerró, hay algo creciendo en algún otro lado, hay problemas con mis venas en el cerebro... suena todo "hermoso". Mi mente está desesperadamente intentando prever un escenario para ver qué tiene que poner a disposición, yo a cada pensamiento respiro profundo y cuando exhalo lo suelto. Nada de todo eso es algo que yo pueda aseverar desde mi experiencia, simplemente busco convertir incertidumbre en certeza, en el peor escenario, para prepararme.El miedo y la incertidumbre son el paso previo a aprender algo.El paso posterior a "todo es posible, no se qué es cierto" es ver lo que es, enterarse, aprender una nueva habilidad, superarlo, encajar aquello que atravesamos, tener ahora una certeza. Lo que sea que llegue, se acaba la incertidumbre y algo concreto suele presentarse delante de nuestros ojos. En este ejemplo sería el resultado de mi resonancia y el médico concretando el curso de acción, aunque sea para decirme que todo está en orden y que tengo que seguir haciendo todo bien como hasta ahora.Todo aquello que deseas, está del otro lado del miedo.Yo quiero la certeza. al menos esta, quiero saber sobre mi salud y si tengo que hacer algo para mantenerla o recuperarla también quiero saberlo. Esa confirmación que estoy buscando requiere atravesar miedo y ponerme en acción, e incertidumbre y abrazarla sin suponer y así abrazar lo que hoy es.El miedo es una alerta de que hemos llegado al límite de nuestra zona de confort.Ya no podemos estar cómodos con lo que sabemos o lo que tenemos, hay que dar un paso más allá de lo que nos resulta familiar o de lo que sabemos hacer. Estamos quebrando una forma de ser porque la forma en la que hacíamos las cosas antes ya no nos funciona, por ejemplo escondernos de lo que pasa o ignorarlo. Nadie sale de la zona de confort porque quiere, lo hace porque no le queda opción.Crecemos porque todo lo que sabemos ya no nos sirve.Así como lo que supe hace dos meses en mi tercera resonancia no es suficiente para decir cómo estoy hoy, muchas veces aquello que hemos aprendido nos sirve hasta que ya no nos sirve: estrategias, argumentos, formas de pensar, formas de vestirnos y hasta trabajos o relaciones de pareja. Salir de la zona de confort no es fácil y, una vez más, lo hacemos porque nuestro sistema caducó.El miedo nos prepara para la acciónDesde la descarga de adrenalina, el aumento del pulso, la sensación de alerta y hasta la descarga de nuestros intestinos; el miedo nos prepara para lo que va a venir y nos deja en estado de actividad. Es muy difícil comer o dormir, o sencillamente dejar de pensar en lo que tememos si tenemos miedo. Yo personalmente no puedo pensar en otra cosa que en el control de mañana por la mañana. Es más, tenía pensado escribir hoy sobre otra cosa, y mi mente se mantuvo enfocada en esto.Saltar hacia el miedo (y a través de él) nos hace libresNo puedo hacer otra cosa en este momento, así que atravesándolo decidí escribirlo, observarlo y compartirlo en primera persona y no como una creación lógica de lo que se hace cuando uno tiene miedo. Hay mucho juicio sobre si el miedo es algo bueno o malo, yo creo que es profundamente bueno, y que hay que poder saltar hacia él y cruzarlo para aprehender lo que está del otro lado.Así como vencer el miedo a volar te permite llegar al lugar al que querés ir, vencer el miedo a besar a alguien puede ser el comienzo de una relación, decir que sí a esa propuesta laboral puede significar crecer profesionalmente... mañana voy a ir a hacerme esa resonancia para que sea el comienzo de una nueva certeza. Y la que sea, la voy a enfrentar. Y cuando el miedo vuelva, le voy a dar la bienvenida, es parte de crecer.El remedio frente al miedo es el amorSi el miedo es contracción, el amor es expansión. Así que como me amo mucho y me cuido todo lo que puedo, mañana iré a hacerme el control... porque cualquier otra alternativa no sería buena para mi salud y mi tranquilidad mental en el mediano plazo. No importa el tipo de adversidad al que te enfrentes, el camino siempre es a través de lo más oscuro y lo más complejo. Nadie está solo, que nos pasen estas cosas es símbolo de que estamos vivos.
Dolor y Sufrimiento
Hace un par de días hablaba con una lectora de este blog, asidua comentadora, y me decía que era una enorme suerte que no tuviera que pasar dolor. Ahí me di cuenta que quizá estaba dando una idea equivocada de mi proceso: hay dolor, claro que lo hay. Quizá la diferencia es que, después de lo vivido, este dolor es sólo físico.¿Cómo es eso? El dolor no es sólo físico, si no que también puede ser emocional. Nos duele que nos duela, sufrimos porque no podemos aceptar que duela, que no estemos sanos, que siga doliendo.El Buda (que significa El Iluminado) decía que "el sufrimiento es hijo de la negación, el dolor es parte de la vida".A veces estos dos se mezclan (sufrimiento y dolor) y no podemos diferenciarlos... El dolor es información que proviene del cuerpo físico, el sufrimiento es síntoma que viene del cuerpo mental o del alma.Cuando reconocemos que hay un problema, que esto duele, y que negarlo no lo va a hacer desaparecer, cuando aceptamos... "mágicamente" el dolor se hace más soportable.En este proceso, después de atender el síntoma, me di cuenta que venía soportando el dolor por eso de "ser fuerte"... Esa reacción cuando no tomas el analgésico cuando te duele la cabeza, cuando pensas "ya pasará" o cuando el ambiente que te rodea espera que "estes bien"...Quiero confesar aquí que llegué a pensar que algunos de mis dolores (hombros, cuello, cadera izquierda, etcétera) eran achaques de la mediana edad. Uno de mis médicos en Buenos Aires me decía que "después de los treinta, si te duele algo significa que estás vivo, el dolor es parte de la vida". Y aunque mucho de lo dice puede ser interpretado como cierto, el dolor es información de que algo está inflamado o en tensión. Si de algo sirve esta experiencia: ATENDELO.El sufrimiento es innecesario y es una carga adicional en nuestro sistema nervioso, lo que causa una ampliación del mismo dolor que sentimos. Una de las herramientas más poderosas para trabajar sobre ese componente emocional del dolor es la aceptación: abrazar lo que sea que surja, amar lo que es. El trabajo con la respiración es fundamental.Al respecto de esto, desde hace un par de años se viene observando en mujeres con fibromialgia que la meditación y el trabajo terapéutico con lo emocional reduce la intensidad de los episodios y su duración. Como consecuencia adicional e inesperada, también reducen su presión arterial y mejora la calidad del sueño. Todo está conectado.A veces el dolor es tan grande que sentimos nuestra vida miserable, vacía de contenido, y nos olvidamos quienes éramos antes del dolor... Eso trae sufrimiento, y el ciclo se realimenta.El dolor nos recuerda que en nuestro interior somos blandos, sensibles, inflamables... Y el síntoma siempre se conecta con aquello que dejamos en la sombra.Mientras deja de doler, abrazo lo que hay... Y cada vez duele menos. No te acostumbres al dolor.
Benigno
Ayer me sacaron los puntos, y mientras la enfermera iba cortando casa una de las veinte suturas que tenía en la parte de atrás de mi cabeza, me dijo que ya estaba la biopsia definitiva: benigno.Respiré profundo y me permití por primera vez en dos semanas relajarme en cada exhalación. Y aunque creía en que ese iba a ser el resultado, siempre mantuve la mente y el corazón abiertos a lo que pudiera ser. Porque aunque no lo fuera, nadie pierde la vida en el diagnóstico.Hay siempre conexión profunda entre el lugar donde aparecen los trastornos o dificultades de salud y nuestro mundo emocional. Así como hay piezas de la aspiradora o del teléfono que se desgastan o se “estresan”, lo mismo pasa con nuestro maravilloso cuerpo físico.La división que hacemos entre cuerpo y mente es divertidamente arbitraria: todo es mente, todo es cuerpo. El Cuerpo-Mente es una completa unidad. Lo miramos con lupa en vez de verlo en conjunto.El síntoma es una forma de expresar aquello que no se pudo resolver, emerge en el cuerpo físico aquello que en la mente se trabó. El síntoma es la voz del cuerpo.Así es como no hay forma de que algo que nos decimos a nosotros mismos para llamar la atención de nuestra consciencia no sea otra cosa que benigno. Siempre es benigno. Siempre está llamando nuestra atención. Siempre.Escuchemos a nuestro cuerpo, todo lo que tiene para decir es bueno. Si no lo hacemos hoy, puede que mañana empiece a elevar la voz, hasta que parezca un grito, hasta que parezca que es malo con nosotros.
Lo que falta
¡Yo celebro cada logro, y vos conmigo! Eso es genial, estoy muy agradecido. Así y todo, no quiero transmitir una situación ridícula donde parezca que todo es perfecto. Todo es avances, eso sí!Aún tengo 20 puntos en la parte de atrás de la cabeza, una raya vertical que tiene 15 centímetros de largo y que sale desde el centro de mi cabeza a la altura de las orejas y termina en la mitad de mi cuello más allá del nacimiento del pelo. Tira, pica, aún está inflamada aunque mucho menos. No me molesta mostrarla, está a la vista todo el tiempo (es bueno que le de el aire), lo que sucede es que está en una zona donde no va a aparecer nunca en las selfies jajaja... el pelo crece y de verdad que no me importa si se ve o no. Es y será una bella cicatriz.Me canso mucho, física y emocionalmente. Todavía las luces fuertes, mucha gente, sonidos con muchos graves, los sabores amargos o ácidos me aturden. Puedo caminar media hora o quizá un poco más, aunque no llego aún a los diez o quince kilómetros que hacía en el día.Si no llegara a respetar mis límites me sentiría irritado, rígido, como afiebrado, muy triste y abatido. No vale la pena. Me cuido mucho, aprendí a hacerlo.La hipertonia muscular que tenía en el cuello y los hombros a causa de Mike, hacía que mi postura (pelvis, hombros y cabeza) fuera difícil de alinear ¡¡Ahora no!! Soy más alto, e inestable y pararme derecho requiere una reeducación que he comenzado. Ahora me toca a mi desarrollar esos músculos.Camino como un señor mayor (más mayor, más respeto) y me siento frágil a veces. Puedo estar máximo media hora ante una pantalla y necesito descansar la vista. Duermo siestas para recuperarme, aunque sean breves.Tengo un ligero dolor de cabeza casi constante. Con los analgésicos desaparece unas horas. Lo llevo bien, no es algo grave.Tengo a veces tinitus (sonidos o pitidos en los oídos sin razón aparente). Se que es producto de mi estado y lo abrazo.Mi memoria de cortísimo plazo está aún reprocesando y acomodándose. Es normal. Así y todo pierdo pensamientos, en general solo cuando escribo y estoy por empezar el párrafo siguiente. Se que se irá, asusta un poco a veces. Antes de este párrafo tuve otra idea y la perdí. No sirve buscarla porque no vuelve. Aceptar y seguir.La vulnerabilidad no es debilidad, es humanidad, coraje de ir a través de, reconocer.Nada de esto me impide ser feliz. Nada. Esto también pasará o lo abrazaré completo. Es lo que soy hoy y lo abrazo.Lo que falta es parte del camino, que no te empañe la vista. Sea donde estés hoy, te acompaño.
Lograrlo
Todos los días descubro algo nuevo ¡Y lo celebro! Después de mi primera noche en casa de forma definitiva, esta mañana salí a la esquina a explorar el mundo y comprar cosas para desayunar. Quizá para vos es una tarea diaria, después de mi intervención lo viví como un pequeño milagro.Lograr es parte salir de lo cómodo y conocido. A veces es difícil porque la mente se acostumbra a repetir. De pronto necesitas un cambio o lo que hacías no te funciona...Quiero proponerte una lista para vos o para los que están en el camino de lograrlo. Para mí lograrlo es hacer, salir de lo seguro... el resultado es otra cosa, aunque puede sorprenderte si salís de la zona de confort:
- Tratate con compasión, mucho amor y paciencia.
- No te exijas para cumplir con otros.
- Hace lo que puedas con lo que tenés, que ese es tu punto de partida.
- No esperes resultados, no tengas expectativas.
- Abraza lo que hay, la vida es un milagro y es imperfecta.
- Ámate por estar haciendo el intento.
- La zona de confort es para descansar, quizá no para vivir allí.
- Tené miedo, es parte del juego: hacerlo a través del miedo, de lo humano.
- Se vulnerable y fallá, porque te prometo que de los errores se aprende más que de los aciertos.
- Si nada de esto funcionara, volvé al primer punto de la lista.
Celebrar cada pequeño logro. Es sobre los que construimos los logros más grandes.
foto sacada por mí en Hyde Park en Londres, una ciudad que me sacó una y mil veces de la zona de confort ¡y la amo por eso!
