Cuando finalmente vemos lo que es

img_2670.jpg

"Hago lo que puedo con lo que tengo, ese es mi punto de partida" Es un tumor cerebral. Perdón, no hay forma delicada de decir eso. Quizá contándolo así pueda transmitir la sensación que tuve cuando mi médico me llamó ayer por la tarde para decírmelo. Todo pasó tan rápido, aún lo estoy digiriendo.Estoy bien, esto lleva conmigo quizá más de una década (o dos) y lo descubrieron por casualidad. Es benigno y aunque está en una parte pequeñita cerca del cerebelo, mi cuerpo lo cubrió con una capa de denso fluido cerebroespinal protegiendo los tejidos delicados en los que anida mi mente.Venía con unos dolores fuertes de cuello, hombros y cabeza… y como hago Yoga los resolví así hasta que no pude. Y entonces recurrí al médico y me indicó sesiones de fisioterapia mientras me daba unos analgésicos para quitarme las migrañas. Todo funcionó perfecto, estuve mejor y viajé a Buenos Aires.La visita a Argentina para terminar la Formación en Hatha en Valletierra fue de las experiencias más fantásticas que tuve en la vida: más de 1.000 abrazos me dieron, y creo que venía nutriéndome por adelantado.A la vuelta decidí ir al médico a pedir una nueva cita porque aunque había conseguido controlar todos los síntomas y estaba durmiendo mejor, sentía que algo no estaba bien.No quiero detenerme demasiado en los detalles, aunque sí quiero compartir lo que me pareció curioso de este proceso. El lunes llego a la oficina del doctor que queda cerca de mi casa en vez de llamar por teléfono como para hacer más rápido la reserva del turno. Me dice la secretaria que necesito esperar más o menos dos semanas y me pide que la espere porque estaba sonando el teléfono. Cuando corta me dice que acababan de cancelar un turno hoy mismo y que si quería volver en dos horas.Milan, mi doctor serbio que viaja a Argentina a ver a los Rolling porque dice que es el mejor lugar del mundo para verlos, habla un inglés digno y afectado que me hace preguntar todo dos veces y que me da mucha ternura. Yo le comento mi sensación de alerta a pesar de que cada vez estoy mejor y me dice que cree que lo mejor sería hacer una resonancia, que por la seguridad social tardan unas tres o cuatro semanas y que puedo llamar para acelerar el turno.Dejo pasar el martes y el miércoles llamo a laboratorio de imágenes para ver qué turno me dan y me proponen el 22 de octubre. Refunfuño un poco porque tenía una vocecita dentro que me decía que tenía que ir más rápido. Me ofrecen pagarla por completo en forma privada y hacerla al día siguiente, le pido pensarlo un día y llamar de nuevo.El miércoles a la tarde estoy en casa atendiendo consultantes antes de salir a dar una de mis clases favoritas de la semana en uno de los centros de Yoga en los que trabajo aquí en Oslo y recibo un llamado del laboratorio que me dice que tuvieron una cancelación y que si quiero ir el jueves a primera hora a hacer la resonancia. Me sentí aliviado y con sensación ya de tobogán hacia algún lado.Llego al laboratorio tomándome un chai y escuchando un audiolibro en mi teléfono. Fue mi primera resonancia, la primera vez que me meten en el túnel, la primera vez que soy yo de ese lado del vidrio en vez de estar del otro lado ayudando a calmar y a respirar a alguien… la primera vez que soy “paciente”. El técnico termina de hacer la serie completa, me saca de la máquina y me dice que “se olvidó” de que tenía que hacerla con contraste, con lo cual tiene que inyectarme el líquido radioactivo y volver a hacer todo y que para la parte final tenía que tomar algunas vértebras de la parte baja del cuello y requería meterme más hacia el fondo del túnel. Dije a todo que sí, la gente que me conoce desde que era niño (el niño que se me salía para afuera, porque el interior está ahí muy vivo) sabe que yo ante todo soy muy obediente.Termina la resonancia y el técnico me dice que le pareció increíble lo tranquilo que estuve y lo quieto que me quedaba, en una parte de mi mente seguía repitiendo mantras a Ganesha y respirando inhalando en seis y exhalando en doce o más.Mientras estaba atendiendo, ese mismo jueves a las cuatro de la tarde (menos de ocho horas después del túnel) Milan me llama y me dice que no hay forma “buena” de decir esto. Y me lo dice.Desde allí, creo que esta semana fueron tres semanas en una: llamadas varias, médicos muy responsables, directos, claros, profesionales y muy cuidadosos. Cada vez se más, el panorama hasta ahora es muy bueno. Es un meningioma en la fosa posterior, junto al cerebelo. Tiene todos los números para ser benigno y es súper común. Hay gente que se muere sin saber que lo tiene, se descubren en las autopsias. Voy a estar bien, me tienen que abrir para sacármelo porque aunque no invadió nada, está empujando. No hay mucho lugar ahí.Estoy acompañado, estoy bien, muy acompañado por la persona que me ama y que amo; acompañado también por mi perro.Hoy fui al hospital y es genial, de verdad que es sin lugar a dudas el mejor hospital en el que estuve en la vida. Hogwarts de los hospitales, me dio mucha tranquilidad.Conocí a Brigitte, la neurocirujana que me hizo la admisión para ver de donde vengo y qué me pasa. Me hizo un montón de tests neurológicos. Sorpresa. NO TENGO SINTOMAS. Me refiero a los que vienen del tumor.¿Cómo se explica? Brigitte me dice que todos los síntomas que tuve remitieron con tratamiento, que tenían una explicación diferente, que no provenían del tumor porque en ese caso la fisioterapia y las mejoras posturales no habrían eliminado algunos de ellos como sí lo hicieron.¿Y entonces? El cuerpo habla, el cuerpo “hizo la mímica” de la sintomatología, y no la tengo. Quiero públicamente agradecerle a mi cuerpo por llevarme de la mano a buscar lo que no funcionaba. Llamalo intuición, inteligencia superior, la mano de Dios, la Divinidad que habita en mí, sexto sentido, la voz del inconsciente… ALGO me llevó acá para que me lo saquen rápido, y a ese ALGO se lo agradezco. La vida es hoy.Vamos por partes ¿Qué sentido tiene contar esto acá? Ahora te hablo a vos, sí a vos: vos y yo hace rato que nos leemos, que te vengo diciendo que a las cosas hay que llamarlas por su nombre, que hay que integrar lo que pensamos, sentimos y hacemos. Me parece que ahora me toca a mí aplicarme el cuento. Integridad, sin máscaras, vulnerable.Y si lo pensas, es probable que cuando vos y yo nos hayamos conocido yo ya tuviera este cuerpo extraño en mi cabecita, esta especie de “callo” de causa desconocida y con certera influencia emocional.Entonces yo voy a hablar acá de lo que me pasa, no del tumor, no te asustes ¿Temas médicos? Pocos, voy a dejar que los médicos hagan su magia porque como SIEMPRE te dije: “que al síntoma lo atiendan los médicos”.Yo te quiero hablar acá de tener miedo, de sentir ansiedad, de cómo calmarlos, de abrirte a recibir amor, a pedir ayuda, a aceptar lo que la vida trae en cada momento. Yo te quiero hablar de abrazar lo que la vida trae y aprender de ello. Cuando finalmente vemos lo que es, se corre el telón, y finalmente lo que estaba esperando ser atendido puede ser escuchado.Te va a parecer muy loco y capaz excesivamente optimista: yo creo que me vengo preparando para verlo desde hace rato y finalmente se juntaron mis herramientas con aquello que debería enfrentar. Lo veo con mis consultantes todo el tiempo. Y lo quiero compartir con vos, porque te quiero cerca, porque si tenés ganas quiero que me acompañes.Gracias :)IMG_2577