Mujer de fuego

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Su centro de estética se desmoronó con la cuarentena por el COVID-19, y decidió vender algunas cosas y pedir prestado algo de dinero para participar en un "telar de la abundancia" como forma de reflotar su negocio. Estas son mis conclusiones después de mi charla con Beatriz y con otras personas que participaron de estos esquemas de "empoderamiento".

Este va a ser un post raro, desde ya te lo adelanto. El ochenta por ciento de mis lectores son mujeres, y han sido las más golpeadas por la crisis económica que generó el nuevo coronavirus.

La desesperación da espacio a la creatividad, a querer una salida fácil y rápida. Y para eso, los esquemas piramidales conocidos como "flores de plata", "telares de la abundancia" o "fractales" parecen ser ideales.

No voy a hablar aquí del sistema, de por qué se considera una estafa o cómo demuestran matemáticamente que es imposible ganar dinero sin que alguien sufra y lo pierda. Si querés leer al respecto, podés seguir los enlaces que están en el texto, yo quiero hablarte de otra cosa.

Quiero contarte la historia de cuatro personas que se están haciendo preguntas sobre el poder personal y que han pasado por esta experiencia. Te cuento cómo lo veo yo y quiero conocer tu opinión.

Beatriz

Clara se junta a tomar mate con Beatriz en Ramos Mejía todos los días a la hora de la siesta, mientras su marido trabaja haciendo repartos. Ella fue la que le trajo la idea: tenía una amiga que había conseguido pagar todas sus deudas a través de un círculo de mujeres que le habían hecho un "regalo".

Le habló de la solidaridad femenina, de combatir el capitalismo, de derrotar al patriarcado y de la importancia de los chats de los miércoles donde todas se apoyaban y las "mujeres de viento" les transmitían tanta sabiduría.

Perdón que corte el relato acá: antes de que alguien se me tire al cuello, yo estoy de acuerdo en todo con Clara, desde la solidaridad femenina hasta el punto que escribí después de sabiduría.

Beatriz, que viene atada a los vaivenes económicos de tener un pequeño emprendimiento en Ramos, quiere participar de esas reuniones tan nutritivas, quiere poder contar con un grupo de mujeres "en la misma", y le gusta que no sea vender filtros de agua o detergente milagroso: esto suena más espiritual y mucho más conectado con lo que ella está pasando y siente que le falta.

Clara le cuenta que para participar, se tiene que convertir en "mujer de fuego" y para eso tiene que hacerle un regalo a la "mujer de agua" de este telar de la abundancia, para que ella pueda cumplir su sueño (que en este caso es irse un mes a India a encontrarse con ella misma, suena remanido pero prometo que no lo inventé).

El regalo consiste en 100.000 pesos argentinos (unos mil dólares más o menos al momento en el que te estoy escribiendo) y como este sistema es para dinamitar el sistema que tiene oprimidas a las mujeres, el dinero se entrega en efectivo en un sobre, no puede pasar por los bancos.

Clara le dice que piense bien a quién se lo cuenta, porque la gente no lo entiende y la juzgan enseguida... ¿quién no quiere un millón de pesos? Le cuenta además que todo lo que aprende en los chats de los miércoles es increíble, que son como sesiones de terapia, libros de autoayuda, intensivos de coaching y todo lo que se te ocurra junto.

Martina

Ella se acaba de ir a vivir sola, se pudo comprar los electrodomésticos de su casa gracias al fractal en el que participó y que viene empujando desde que entró en diciembre del año pasado. Creó un pequeño manual de entrenamiento con las cosas que fueron saliendo de los chats, y otras que le "legaron las hermanas mayores" en PDF, y algunos videos de tejedoras que vienen participando de estos telares desde la crisis de 2009.

La semana pasada recibió una carta documento, la formalización de una denuncia penal en su contra por "lavado de activos e intermediación financiera no autorizada". Una de las que puso dinero para su "regalo" no pudo terminar de pasar a ser "mujer de agua" y se quedó siendo simplemente "mujer de viento" (las que reclutan, pero fíjate vos la ironía). Lo peor de todo es que la conoce, la reclutó ella y es la chica que le hace color a domicilio.

Martina fue a hablar con sus "hermanas mayores", con las tejedoras que la incorporaron, y le aconsejaron destruir los manuales y borrar todos los chats. Le dijeron que "esto pasa porque nos quieren someter, pero si hiciste todo bien, no van a poder demostrar delito, porque no lo hay".

Está desolada. Mira su heladera y su microondas con desconfianza. No sabe lo que va a pasar. Por lo pronto, decidió consultar a una abogada especializada en delitos financieros. Digamos que no volvió muy contenta, ni tan tranquila después de la primera charla con ella. Así y todo, Martina siente que si no hubiera sido por el fractal en el que participó, no podría disfrutar de su departamento como lo está haciendo ya que no tiene tarjeta de crédito para comprar cosas en cuotas.

Jazmín

La cuarentena la complicó muchísimo. Ella trabaja en una oficina como supervisora de área, tiene un muy buen sueldo. El problema es su mamá, que ya no puede ir a la panadería a trabajar y su marido, que le redujeron el sueldo. Todos dependen de ella, ahora no puede ni enfermarse, ni siquiera ponerse un poquito de mal humor con toda la presión que tiene encima. La miran con mala cara porque ella "es afortunada". Teletrabajar con los dos chicos en casa, más marido tirado viendo tele, más madre llamando todos los días a cada rato para ver cómo va todo... es casi imposible. Todos somos Jazmín.

Una compañera de la oficina está encargada de juntar el dinero de las otras mujeres del telar. Jazmín no participó porque no tiene de dónde sacar esa plata, pero habla a diario con Cata que está tratando de que no se caiga, porque si no, las que pusieron se quedan sin retorno.

Cata pasa mañanas enteras chateando con Jazmín en Teams sobre a quién debería reclutar. Estuvieron hablando mucho del tema del dinero, pero le parece que lo más atractivo para que alguien entre en el sistema es el contenido que se comparte y cómo se apoyan entre ellas.

En los chats se comparten las meditaciones de Deepak Chopra sobre la abundancia, se hacen revisiones de las creencias que cada una tiene sobre el dinero, se hacen ceremonias de sanación del linaje femenino y se apoyan comprándose entre ellas productos, clases y viandas: generaron una red de colaboración con la que no contaban ¿y eso no vale 100.000 pesos?

Fabián

Sí, también hay varones, pero tienen que tener una sensibilidad especial. Porque no cualquiera lo entendería. Él celebra haber aprendido tanto de todo lo que sus compañeras y compañeros han vivido. Entiende que este saber no tiene por qué compartirse de manera gratuita y lo siente como una forma de terapia. Es verdad que quizá podría haber pagado casi dos años de terapia con esa cantidad de dinero, pero cree que esto es un crecimiento exponencial acelerado. No puede esperar dos años para aprender a sostenerse por si mismo, no económicamente sino de forma emocional.

Para Fabián esto es también un grupo de pertenencia, a quién contarle sus problemas y sus avances. Celebraron entre todos cuando pudo ponerle un límite a su papá, después de la forma abusiva en la que se porta con su madre; o cuando finalmente pudo decirle a su pareja que tener un hijo no tiene que ver con cuánto ganan sino con tener o no ganas, y que él tiene ganas.

Para él no pasa por reclutar a nadie, porque si la cosa termina acá mismo, el siente que "ya ganó". Se lo contó a un par de amigos, pero su mujer no lo sabe, porque para participar usó parte de la plata que estaban ahorrando para las vacaciones. Sabe que tendrá que devolverla, pero espera que a lo largo de este año pueda ir reponiéndola.

Empoderarse en tiempos de crisis

Muchos de nosotros venimos haciendo camino para ser más libres. Sea por educación, por los derechos que tenemos como individuos, por la situación social o económica que vivimos, nos sentimos atrapados y buscando el camino de salida. Cada uno lo mejor que puede.

Se habla de empoderarse, de ganar poder, de recuperarlo, de hacerlo valer... porque es lo que corresponde, y a lo que todos tenemos derechos: hacernos valer.

Detrás de estos esquemas financieros, aparece con fuerza este mensaje de merecimiento, apoyo, crecimiento personal y pertenencia.

En el Budismo, se habla de "Las Tres Joyas", el Buda (el Maestro), el Dharma (las enseñanzas que dejó) y la Shanga (el grupo de pertenencia que hace camino con vos). Un grupo de pertenencia es de las cosas más valiosas que un ser humano puede darle a otro, porque muchas veces es el caldo de cultivo necesario para poder crecer, el espacio para poder expresarse con seguridad y libertad.

Yo creo en la fuerza de la Shanga, porque me ha sostenido en mis momentos más oscuros, en mis situaciones de mayor vulnerabilidad, y cuando más perdido estuve. E intento que así sea para el resto de mi familia lógica (la elegida, en contraposición con la bio-lógica). Muchos hacen camino solos en estos tiempos difíciles.

Empoderarse no es arreglarse solo, muchas veces es poder pedir ayuda, consejo o colaboración para poder tener las herramientas para valerse por su propio pie.

Vivo como una contradicción que para poder crecer en poder personal, tenga que entregar lo que no tengo, que el saber al que necesito acceder para poder crecer sea tan caro y provisto por alguien con tan poca experiencia.

Lo veo desde los filtros de agua, los contenedores plásticos, los cosméticos, los detergentes, los batidos dietéticos... ya no vendemos productos, vendemos experiencias y entrenamiento. Esas empresas que te capacitan para ser "emprendedor" y "transfieren habilidades para generar negocios exitosos". Si no llegas a vender para sostenerte, al menos -como dice Fabián- "te quedas con la experiencia".

Y veo a quienes lideran estos esquemas confundidos y confundiendo. El llegar a estar en la cima de una pirámide de cuatro escalones, el haber recibido un "regalo" (atención al uso de esta palabra para evitar acciones legales), los pone en una posición de relativo privilegio.

Siento al escribir esto que nos volvimos tan mezquinos que no somos capaces de vincularnos con gente que está en la misma situación que nosotros.

Empoderarse es tener el poder sobre las decisiones que toma, sin someterse, sin codepender. Tiene mucho de ser libre.

Hoy, compartiendo con una amiga, me decía que acababa de leer "el poder personal es el buen uso de la propia energía".

Mi pregunta, para la que no tengo respuesta, con la que quiero abrir este diálogo, y del que quiero aprender, es: ¿Es necesario pasar por una experiencia como esta para pertenecer? ¿O para acceder a un dinero que proviene del sufrimiento ajeno? ¿Podríamos construir una red de apoyo mutuo sin tener que poner grandes sumas de dinero? ¿Es esto realmente una forma de terminar con el capitalismo? ¿O es que yo no conocí hasta ahora casos de éxito?

NOTA IMPORTANTE: Todos los casos que te comparto aceptaron contar su situación si cambiaba sus nombres o profesiones, con el fin de ayudar a otros a evaluar su decisión de participar en estos sistemas y conocer sus riesgos. Increíblemente, todos estos casos llegaron a mi en las últimas dos semanas, y no son todos los que conozco sino sólo los que acordamos compartir su experiencia. Esto se está moviendo mucho y tener una opinión al respecto puede ser relevante.