Cuando mi abuelo Domingo murió, ayudé a mi abuela María y a mi madre a desarmar esa parte del ropero donde él guardaba sus cosas. Mi abuelo era un hombre complejo, callado, y para mí siempre había sido un gran enigma.En su armario había desde revistas de historietas como Nippur de Lagash a frascos con tornillos... era muy bueno con sus manos y cuando éramos más pequeños llegó a construir juguetes completamente de madera, uno de mis favoritos era un hipopótamo hecho de una viga de un techo viejo con bolitas de cristal haciendo de ojos. Lo que más miedo le daba a mi madre eran los colmillos que tenía, hechos de tornillos oxidados.En el fondo de ese armario, en el estante superior, dando contra el límite más profundo, descansaba oculta una lata de té de esas que estaban decoradas con la cacería del zorro. Inmediatamente fui a levantar esa tapa metálica que simulaba madera y me invadió el olor dulce del té negro. Estaba llena de papeles prolijamente doblados y había además un par de fotos: mi abuelo guardaba un tesoro.¡Ese hombre de pocas palabras guardaba recuerdos! En alguna de esas pocas fotos se lo veía de uniforme de policía muy joven y sonriente, en otra junto a mi abuela en el día del casamiento. Lo curioso de la segunda foto era que parecía que estaban en un palacio hermoso, como si fuera el mismo Versalles; mirando con atención, podía observarse que era un fondo pintado provisto por el fotógrafo. Esa misma foto, en tamaño mucho más grande, coloreada y retocada a mano estuvo colgada en la galería de su casa toda mi infancia y adolescencia. En esta pequeña versión original podía verse el cartón tras la fantasía, era una verdadera instantánea.Junto a esas fotos, una tercera que era un poco más inquietante: un grupo de hombres muy abrigados, todos muy parecidos entre si, llevando un féretro cubierto de flores en alto. Un par de mujeres lloraban llevándose pañuelos blancos a la cara, llevaban la cabeza cubierta. Entre todos ellos podía ver a mi abuelo mirando hacia adelante, imperturbable, sosteniendo el cajón con una mano. Esa foto en blanco y negro, protegida por una tarjeta nacarada que guardaba sus esquinas, no tenía nada escrito por detrás. Se la muestro a mi abuela, que sin siquiera animarse a agarrarla me dice que era el entierro del abuelo Antonio, mi bisabuelo el italiano. De inmediato comprendí que todos esos hombres iguales que sostenían el cajón en el aire eran sus hijos, todos los Casanova y quienes lloraban detrás de esos hombres eran las hijas y nueras de ese titán que se había cruzado el mundo. Al día de hoy, y mientras escribo estas más de dos décadas más tarde, puedo cerrar los ojos y ver esa foto como si fuera hoy.Tan reservado era mi abuelo, tan poco se hablaba de sus raíces, que el primer papel que me animé a desdoblar me sorprendió por completo. Era un trozo de casi cartulina amarillenta, tan desgastada que tenía ya manchas anaranjadas que parecían de óxido. De un lado tenía anotaciones en una tinta azul marino y del otro unas coloridas estampillas de héroes nacionales italianos. Era el certificado de matrimonio de mi bisabuelo Antonio con su mujer en un pequeño pueblo de Italia junto al mar. Viendo las fechas de nacimiento incluidas en el certificado, se casaron muy muy jóvenes: mis bisabuelos habían sido pasionales y arriesgados. E italianos, muy italianos.¿Por qué no se hablaba de Italia? En la vereda de enfrente vivía un italiano que había sido miembro de la legión extranjera versión italiana, de los mismísimos Bersaglieri, que no dejaba oportunidad, visita o cruce en la vereda para contar las hazañas vividas en África. Mi bisabuela Francisca, la madre de mi abuela María, había huido desde Barcelona con sus tres hijos durante la Guerra Civil Española y guardaba los fósforos usados mientras te miraba a los ojos diciéndote "quién no puede ahorrar ni un fósforo, no ahorra nada". Yo me enteré que los padres de mi abuelo habían venido de Italia huyendo del hambre, que Domingo había sido policía, todo después de muerto.Hablando con el hermano de mi padre, que hizo las veces de guardián de la historia familiar, primer Doctor en física en Argentina dicho sea de paso, me cuenta que mi bisabuelo hablaba pestes de Italia. Antonio contaba que pasaban realmente hambre, que se había venido al otro lado del mundo cortando toda relación con esa familia que lo había traído al mundo. Varios Casanova habían probado fortuna "haciendo la América" pero sólo mi bisabuelo nunca volvió, y como era casi analfabeto jamás intentó sostener el vínculo, para él Italia estaba muerta.Los padres de Domingo habían emigrado de Italia juntos. Él era el octavo hijo de un total de doce, todos nacidos en Argentina. Y el único de la familia que, harto de trabajar la tierra cuando era adolescente, decidió hacer carrera en la policía. Un problema en una pierna, un raro problema óseo llamado Enfermedad de Paget, lo había alejado de la fuerza en la década del cincuenta. De allí, paradójicamente, fue a trabajar a una fábrica de escaleras de madera hasta que los dolores le impidieron caminar sin bastón. Yo lo conocí usando bastón, y tenía unos cuántos, inclusive alguno hecho por él.Mis abuelos Domingo y María vivían en la misma casa que Antonio había levantado con sus propias manos, y mi tío recorriendo la casa me mostró como los patios se fueron transformando en galerías, cómo las habitaciones se fueron sumando y dónde había escondites para latas y conservas "por si llegaba la guerra".Tanto se respetaba a mi abuelo que nunca se habló de todo aquello mientras estuvo vivo, y ahora se abría "la lata de Pandora" y aparecían todos los hilos que conectaban a estos Casanova con una tierra de la que no sabíamos nada. No teníamos idea de qué había pasado con esa familia que había perdido un hijo y había creado en Argentina una tribu de cientos en sólo tres generaciones. Sí, Antonio y María Cristina tuvieron doce hijos; que en promedio tuvieron unos tres o cuatro descendientes cada uno; que tuvieron dos o tres hijos y que ahora son padres y madres de otros tantos... de esos dos tórtolos emigrantes, que se reprodujeron como los gorriones liberados en el puerto de Buenos Aires, más de 200 Casanova pueblan hoy el mundo.Yo quería saber más. Siempre quiero saber más.Conectar con nuestro árbol, reconstruirlo, saber de dónde venimos, siempre que sea posible, es una fuente inagotable de "darse cuenta". La manzana nunca cae lejos del árbol: nos atraviesan las mismas cosas que traspasaron a esas generaciones anteriores. Estamos aquí resolviendo enigmas y preguntas que los otros esbozaron y no pudieron terminar de responder. Mirar la raíz nos hace entender la rama.Desde la apertura de esa lata empecé a comprender que éramos parte de algo más grande, que esa conexión se había cortado de forma premeditada y que, probablemente, alguien estaría del otro lado esperando una carta que nunca llegó. Ese día me propuse saber qué había del otro lado, y empecé a sentir un poco de orgullo por mi apellido. Llamarme "Casanova" fue motivo de cientos de burlas cuando iba al colegio, pero ahora mis bisabuelos habían sido jóvenes y aventureros y habían cruzado el mundo. Tardé doce años en dar el siguiente paso, en escribir esa carta que nunca se envió. Aunque esa, por supuesto, es otra historia.
Sanar hacia adelante
Cuando era chico, recuerdo a mi madre con esos dolores de cabeza que la alejaban de todo: llegaba a usar anteojos negros al más mínimo rayo de sol, vivía tomando ergotamina como solución parcial a esas jaquecas que parecían interminables.Ella fue una de las primeras gerentes de sistemas mujer en Argentina, era un ambiente duro para una mujer con una inteligencia superior. Los fines de semana se refugiaba en el silencio de su habitación, con sus libros y con música lírica de fondo para evitar los ruidos que provenían de afuera.Como quien entra en una iglesia, hacíamos silencio y caminábamos despacio sobre la alfombra de su habitación para acercarnos a la cama y pedir un beso o contar alguna historia del colegio. Éramos cuatro hermanos, yo el mayor. Todos varones. En esa casa todos intentábamos que ella se sintiera a gusto, y que pudiera relajarse.Mi madre tuvo una vida muy afortunada para algunas cosas y muy compleja en otras... ahora que lo pienso ¿no es así la vida de todos?Sus problemas de salud, desde que tengo memoria, fueron un desafío para participar en la vida familiar... cualquiera creería que era su devoción al trabajo, su excelente reputación "a pesar de ser mujer", en un ambiente tan machista... la verdad es que la vida familiar en mis recuerdos transcurría en esas tardes con ella viendo televisión en su cama, bordando tapices, haciendo rompecabezas y tratando de escuchar atentamente lo que queríamos compartir con ella...La vida la dotó de una voz magnífica. Tenía voz de trueno, y a la vez su registro era de soprano lírica. Esas combinaciones que te ensordecen y que a la vez le permitían cantar de manera soberbia arias de Mozart.Su salud con los años se hizo más frágil y sus temores a pasar dolor en público se hicieron aún más grandes y su salida decorosa fue el aislamiento, no soportaba mostrarse débil frente a los demás o tener que dar explicaciones al respecto.Ella nos enseñó el amor por los libros, siempre animándonos a leer más, a buscar en la literatura el refugio que ella encontró en genios como Asimov, Cortázar o Agatha Christie. Su género fuerte era una mezcla de evasión con lógica y misterio...Yo quería una madre que me cocinara, que fuera a las reuniones de la escuela, que me abrazara fuerte cada noche a llegar a casa, que leyera las composiciones que escribía, que guardase los dibujos que le hacía (aunque debo reconocer que algunos siempre conservó). Quería tener una madre como la que tenían mis amigos en el colegio, de esas que te hacían la merienda y te enseñan la tabla del siete. Todos tenían una madre así menos yo.Es injusto pedirle eso a una madre que vive sumergida en el dolor crónico, creo que ahora lo comprendo mejor. Ella se esforzó por darnos un hogar en el que no faltara nada, en el que hubiera hasta clases de inglés e instrumentos musicales... ella se esforzó por ser todo lo libre que mi abuela no había podido ser. La familia de mi madre es una larga historia de mujeres frustradas y mi madre apostó por ser la primera generación que vencía esa terrible profecía. Y tuvo un enorme precio para ella: su salud.Mi madre aprendió a ser dura, a empujar, a salir adelante a pesar de todo... y por eso nunca se cayó un "te amo" de sus labios. Su forma de dar amor era trabajar doce horas por día y que tuviéramos una pileta en el fondo de casa, que por suerte en algún momento ella también empezó a disfrutar.Con los años, después de tanto no acertar, le encontraron un raro tipo de epilepsia que explicaba esas migrañas impresionantes: eran pequeños ataques. Cuando finalmente supieron cómo controlar esos dolores y el terrible estado físico y mental en los que te sume el dolor interminable ella ya tenía 70 años y su cuerpo lleno las marcas de quien ha vivido más dolor del que el cuerpo soporta íntegro.Cuando yo vivía en España, recibía en mi casa durante los veranos a niños que venían de los campamentos de refugiados del Sahara Occidental, un triángulo yermo entre Marruecos, Argelia y Mauritania... Estos pequeños venían a Madrid a pasar el verano, que en el Sahara llegaba a más de 55 grados; aprendían español, recibían atención médica y conocían el mundo más allá de las tiendas de campaña de la Cruz Roja y las casas hechas de ladrillos de barro.Después de haber pasado un día en el mar haciendo paseos juntos en kayak, me lastimo una mano con un remo y unos caracoles en la orilla. Mohamed, que tendría entonces unos siete años, y eran sus primeras vacaciones en la playa, me vio profundamente perturbado y se acercó a darme un abrazo y me dijo: "Nigbik Ibgala" (te quiero mucho, en hasania). Recuerdo haberlo abrazado muy fuerte, a punto tal que quienes pasaban junto a nosotros en la arena creían que quien se había lastimado era el niño.Así fue que primero aprendí a poder decirlo cómodamente en un dialecto del árabe, luego en italiano al visitar a mi familia en mi pueblo natal (otra historia, quizá otro día) y luego hasta en catalán y por que no en inglés... Me tomó un tiempo largo porque llegué a decirlo más fácil en noruego que en castellano: "te amo". Y cada vez que lo digo imagino a mi madre finalmente pudiendo decirlo, y me veo a mi mismo sanando ese trauma de la niñez, sanando hacia adelante, siendo yo aquel que ella no pudo ser.Cada uno ama como puede, como fue amado... nosotros sanamos desde donde nuestros padres han sido heridos, somos parte de esa Consciencia en expansión. No podemos modificar el pasado, si podemos hacer nuestro presente y nuestro futuro distinto. En octubre pasado, el día que pude ir hasta el baño por mi propio pie, después de la operación y aún con los vendajes en mi nuca, la barba afeitada por pedido del médico, aún con la vía puesta y el suero y la medicación goteando... Me miré en el espejo y me sonreí. Pensé en Mohamed, en mi madre, en la enorme cicatriz que tenía en la nuca, en la pelota de golf que me habían sacado de la cabeza y me dije: "Nigbik Ibgala" y me dispuse a ir lentamente hacia la habitación con una sensación de duda en el estómago. Volví sobre mis pasos y mirándome a los ojos en ese mismo espejo me dije hasta en voz alta: "te amo, gracias".Que el amor pase siempre a través del dolor, para sanar hacia adelante.
Más luz
El 21 de diciembre, aquí en el norte, fue la noche más larga del año. Aunque fue el comienzo del invierno, a partir del día siguiente los días empiezan a ser más largos... casi una declaración de esperanza con varios grados bajo cero y anocheciendo antes de las cuatro de la tarde en Noruega.En esta integración paulatina de la cultura vikinga me enseñó que el árbol de Navidad era la promesa de todo lo que vendría luego de la oscuridad, del frío, de esa tierra que parecía muerta. El árbol lleno de luces, de adornos que simbolizan todo aquello que deseamos, era el punto de reunión de las familias nórdicas y los regalos casi un premio por haber sobrevivido a la peor parte del año.Norte o Sur, significado pagano o católico, es el momento de renacer.Por un momento este año pensé en que quizá no podría celebrar esta Navidad... pensé en qué querría si la última hubiese sido eso: la última.La vida es tan frágil y rara. El mundo cambia tan rápido...Ver, entender, estar en paz conmigo, con los demás. Luz, más luz.En esta Navidad que pensé no llegaría a tener, te escribo estas palabras junto al fuego y tomando un té con canela y brandy. Aquí, deseando que renazcas, que no pierdas la esperanza de que a partir de ayer algo cambió en el cielo, que dentro tuyo está la semilla de esa luz.Renacer. Feliz en Navidad.
Reparar 3
Hace unos días tomaba unos mates con una consultante: yo aquí en el invierno polar nórdico y ella por Skype en Buenos Aires con un calor típico del mes de diciembre (temperaturas elevadas en la atmósfera y en todo lo circundante).Estábamos hablando del perdón, de la relación profunda y compleja con su pareja y mi necesidad de conocer un poco más sobre cómo era la relación con sus padres cuando era chica. Mi enfoque la desanimó un poco, porque acostumbrada a que la lleve a "qué sentís ahora" o "qué te pasa a vos", parecía que quería meterme en donde tantos terapeutas antes se metieron: el pasado.Estamos acostumbrados al perdón infantil, aquél que cuando nos hacen una macana (por ejemplo, me pegan) el otro al percibir mi reacción o sus sensaciones internas vuelve sobre sus pasos y pide perdón, queriendo borrar la acción. Esa especie de "borrón y cuenta nueva" es la forma en la que construimos nuestras interacciones en la niñez, y muchas veces en la familia.Reparar, es otra cosa... reparar es reconocer que esa acción sucedió, que lo que hice dejó huella y que quiero de alguna manera compensar mi acción anterior, al menos la parte de la que soy responsable: sea por lo que hice, dije, o por la intención que me guió en lo que sucedió.En el perdón adulto, podemos perdonar sin dar acceso: se que lo que pasó fue malo para los dos, no hay rencor, y tampoco te quiero ya en mi vida.En el perdón adulto, es necesario también establecer cómo y cuál es la reparación: cómo serán las cosas de ahora en más, fijar acuerdos, establecer un curso de acción si queremos seguir juntos.La reparación a veces es desde volver a abrazar o hacer contacto hasta un plan de acción para evitar que algo que nos lastime vuelva a suceder. Ya no tenemos cinco años y el decir "¿Me perdonas?" o "Te perdono" no alcanza para garantizar que aprendimos de lo que pasó.Mi pregunta, mate por medio, con esta consultante era porque muchas veces nos educan en el perdón infantil y eso es lo que reproducimos en las relaciones adultas... Y ahí entonces, aprendemos a no perdonar como salida. Y la verdad que la ausencia de perdón (a nosotros mismos, a aquellos que nos hirieron) nos mantiene en alerta constante y poco nos permite pensar con claridad.El enojo, el dolor, la aceptación de lo que sucedió, son pasos previos para arribar al perdón. Y cuando llegamos allí habrá qué, si queremos sanar y seguir juntos, pensar una reparación.Reflexión: Hay cosas que por perdonarlas no deben quedar impunes; como abusos físicos o emocionales, manipulaciones o daños... Yo ahí puedo, si quiero liberarme de ese rencor o defensa que me carcome, perdonar. Allí perdonar es liberarse del miedo profundo a que aquello se repita, de ningún modo permitir acceso a la otra persona para que esto vuelva a suceder. Perdonar y preservarse pueden ir unidos... Eso, es reparar para con vos, es cuidarte.
Perdonar a mamá
Se que sos una mujer de carne y hueso.Se que te cuesta expresar lo que sentís.Se que te da miedo mostrarte vulnerable ante mí.Se que para que hayas tenido que estar tan ausente te tienen que haber pasado cosas muy fuertes para no poder estar cerca de mi en mi niñez.Se que me amas, aunque nunca hayas podido decir esas dos palabras que hoy a mí me cuestan tanto decir.Se que criarme fue un desafío, que no sabías como, que querías lo mejor para mí.Se que quizá no elegiste ser mamá en ese momento, aunque después lo abrazaste, me abrazaste.Se que todos esos enojos y gritos cuando me equivocaba eran profundos miedos de que me lastimara o me perdieses.Se que me enseñaste todo lo que funcionó para vos o lo que creías que podría funcionar.Se que me responsabilizaste (me entregaste la capacidad de responder) de las cosas que no podías manejar.Se que las tradiciones que me enseñaste son las mismas que aprendiste vos y que se vienen transmitiendo entre generaciones desde quién sabe hace cuanto.Yo, ahora, se quién soy. Yo soy yo, y vos sos vos.Te agradezco todo lo que hiciste por mí, inclusive todo aquello que me hirió porque de esas cosas aprendí más que de ninguna otra.Te agradezco la vida, y haber sido la puerta de entrada a este mundo.Yo, ahora, me libero de las expectativas de que vos fueras la persona que a mí me hubiera gustado que fueses.Yo, ahora, me doy a mí todo aquello que me hubiera gustado que me dieras vos.Yo, ahora, sano. Yo, ahora, me libero del rencor que sentí todos estos años.Yo, ahora, empiezo a darme cuenta que no podes lastimarme más y que yo tampoco voy a exigirte que seas alguien que nunca fuiste.Yo, ahora, me quedo con el aprendizaje.Yo, ahora, me perdono por no haber podido protegerme del daño que sufrí, y se que con esto que pasamos no volverá a sucederme.Yo, ahora, soy quien sobrevivió a todo lo que pasó, ya no soy aquella criatura herida.Yo, ahora, se que todos hemos sido víctimas de víctimas, que todos hemos sido lastimados y elijo ser quien sana.Yo, ahora, te perdono mamá. Hiciste lo que podías con lo que tenías, imperfecta, frágil, y humana.Yo, ahora... sí, ahora yo, ahora me toca hacer a mí.REFLEXION: A veces el dolor de aquello que no tuvimos nos alcanza y arrastra a lo largo de toda nuestra vida. Para ser felices hay que perdonar, no para dar acceso a que el otro vuelva a lastimarnos, si no para liberarnos de los mecanismos de defensa, de las alertas que esperan que nos defendamos de aquel gran enemigo, que posiblemente ya nunca vaya a volver o tenga el poder de lastimarnos.
Soltar
Una palabra tan utilizada y tan poco entendida... Se puso de moda en el último tiempo, como vocablo para "cerrar un proceso", como la cosa que "hay que hacer" cuando algo no puede resolverse.Problemas del pasado, cosas irresolubles, acciones del presente, fantasmas del futuro: el remedio común parece el mismo ¡Soltar!Nadie explica cómo, todos recomiendan soltar.¿Por qué nos cuesta tanto?Resulta que, a medida que vamos creciendo, algunas cosas o eventos que cruzamos en nuestro camino los tomamos como seña de identidad. Es decir, como si fuera un corte de pelo, un par de zapatos cómodos, una forma de hablar... nos creemos que somos eso ¿No es gracioso? Nos apropiamos y creamos a veces identidad alrededor de algo que es efímero, que nos lo encontramos en el camino y que, como todo lo demás, es plausible de irse, romperse, cambiar o desaparecer...Nuestro cuerpo cambia a diario (para subsistir, repararse, adaptarse), la Naturaleza es un símbolo de cambio constante a nuestro alrededor. Confundimos a la materia (sujeta a cambio permanente) con la energía (inmutable desde el principio de los tiempos).La energía cambia de contenedor, de forma, y es siempre la misma... La luz del Sol atrapada en la madera seca, que liberamos cuando la quemamos. Los alimentos creados al Sol que transformamos en piel, hueso, cerebro o lo que el cuerpo necesite...Nos apegamos a la materia (o a las personas) como si eso nos dijera quienes somos. Nos cuesta soltar porque... ¿qué seríamos si no fuésemos eso que acabamos de perder?La respuesta siempre está dentro.Un barco no es el puerto en el que recala, ni el ancla que lo ata a ese mar... Un barco es el barco mismo, y el barco no sería nada sin su capitán. El capitán puede cambiar de barco (como la energía de contenedor). Nosotros no podemos soltar porque nos creemos el barco en ese puerto, sin reconocer que somos mucho más que esas experiencias.La vida es un milagro, aquello que hayamos perdido nos lo certifica: tuvimos, en medio de este vasto mundo, la dicha de encontrar, combinar, permanecer, compartir esos instantes con aquello que ya no está ¡Atesoremos la experiencia!¿Qué es soltar entonces?Contectarnos con el presente a través de la respiración, lo que nos trae al "aquí y ahora"... los recuerdos no son ahora... así como abrazamos aquello en el pasado, abracemos lo que hay hoy en este presente.Soltar es abrazar lo que hay hoy como abrazamos ese pasado. La mirada y la energía en el hoy. La vida ES HOY.Hoy estoy soltando aquel que fui antes de mi intervención, porque éste nuevo es claramente diferente, ni mejor ni peor. Ya no ser quien era antes también es una gran oportunidad. Suelto.
Dolor y Sufrimiento
Hace un par de días hablaba con una lectora de este blog, asidua comentadora, y me decía que era una enorme suerte que no tuviera que pasar dolor. Ahí me di cuenta que quizá estaba dando una idea equivocada de mi proceso: hay dolor, claro que lo hay. Quizá la diferencia es que, después de lo vivido, este dolor es sólo físico.¿Cómo es eso? El dolor no es sólo físico, si no que también puede ser emocional. Nos duele que nos duela, sufrimos porque no podemos aceptar que duela, que no estemos sanos, que siga doliendo.El Buda (que significa El Iluminado) decía que "el sufrimiento es hijo de la negación, el dolor es parte de la vida".A veces estos dos se mezclan (sufrimiento y dolor) y no podemos diferenciarlos... El dolor es información que proviene del cuerpo físico, el sufrimiento es síntoma que viene del cuerpo mental o del alma.Cuando reconocemos que hay un problema, que esto duele, y que negarlo no lo va a hacer desaparecer, cuando aceptamos... "mágicamente" el dolor se hace más soportable.En este proceso, después de atender el síntoma, me di cuenta que venía soportando el dolor por eso de "ser fuerte"... Esa reacción cuando no tomas el analgésico cuando te duele la cabeza, cuando pensas "ya pasará" o cuando el ambiente que te rodea espera que "estes bien"...Quiero confesar aquí que llegué a pensar que algunos de mis dolores (hombros, cuello, cadera izquierda, etcétera) eran achaques de la mediana edad. Uno de mis médicos en Buenos Aires me decía que "después de los treinta, si te duele algo significa que estás vivo, el dolor es parte de la vida". Y aunque mucho de lo dice puede ser interpretado como cierto, el dolor es información de que algo está inflamado o en tensión. Si de algo sirve esta experiencia: ATENDELO.El sufrimiento es innecesario y es una carga adicional en nuestro sistema nervioso, lo que causa una ampliación del mismo dolor que sentimos. Una de las herramientas más poderosas para trabajar sobre ese componente emocional del dolor es la aceptación: abrazar lo que sea que surja, amar lo que es. El trabajo con la respiración es fundamental.Al respecto de esto, desde hace un par de años se viene observando en mujeres con fibromialgia que la meditación y el trabajo terapéutico con lo emocional reduce la intensidad de los episodios y su duración. Como consecuencia adicional e inesperada, también reducen su presión arterial y mejora la calidad del sueño. Todo está conectado.A veces el dolor es tan grande que sentimos nuestra vida miserable, vacía de contenido, y nos olvidamos quienes éramos antes del dolor... Eso trae sufrimiento, y el ciclo se realimenta.El dolor nos recuerda que en nuestro interior somos blandos, sensibles, inflamables... Y el síntoma siempre se conecta con aquello que dejamos en la sombra.Mientras deja de doler, abrazo lo que hay... Y cada vez duele menos. No te acostumbres al dolor.
Benigno
Ayer me sacaron los puntos, y mientras la enfermera iba cortando casa una de las veinte suturas que tenía en la parte de atrás de mi cabeza, me dijo que ya estaba la biopsia definitiva: benigno.Respiré profundo y me permití por primera vez en dos semanas relajarme en cada exhalación. Y aunque creía en que ese iba a ser el resultado, siempre mantuve la mente y el corazón abiertos a lo que pudiera ser. Porque aunque no lo fuera, nadie pierde la vida en el diagnóstico.Hay siempre conexión profunda entre el lugar donde aparecen los trastornos o dificultades de salud y nuestro mundo emocional. Así como hay piezas de la aspiradora o del teléfono que se desgastan o se “estresan”, lo mismo pasa con nuestro maravilloso cuerpo físico.La división que hacemos entre cuerpo y mente es divertidamente arbitraria: todo es mente, todo es cuerpo. El Cuerpo-Mente es una completa unidad. Lo miramos con lupa en vez de verlo en conjunto.El síntoma es una forma de expresar aquello que no se pudo resolver, emerge en el cuerpo físico aquello que en la mente se trabó. El síntoma es la voz del cuerpo.Así es como no hay forma de que algo que nos decimos a nosotros mismos para llamar la atención de nuestra consciencia no sea otra cosa que benigno. Siempre es benigno. Siempre está llamando nuestra atención. Siempre.Escuchemos a nuestro cuerpo, todo lo que tiene para decir es bueno. Si no lo hacemos hoy, puede que mañana empiece a elevar la voz, hasta que parezca un grito, hasta que parezca que es malo con nosotros.
Lo que falta
¡Yo celebro cada logro, y vos conmigo! Eso es genial, estoy muy agradecido. Así y todo, no quiero transmitir una situación ridícula donde parezca que todo es perfecto. Todo es avances, eso sí!Aún tengo 20 puntos en la parte de atrás de la cabeza, una raya vertical que tiene 15 centímetros de largo y que sale desde el centro de mi cabeza a la altura de las orejas y termina en la mitad de mi cuello más allá del nacimiento del pelo. Tira, pica, aún está inflamada aunque mucho menos. No me molesta mostrarla, está a la vista todo el tiempo (es bueno que le de el aire), lo que sucede es que está en una zona donde no va a aparecer nunca en las selfies jajaja... el pelo crece y de verdad que no me importa si se ve o no. Es y será una bella cicatriz.Me canso mucho, física y emocionalmente. Todavía las luces fuertes, mucha gente, sonidos con muchos graves, los sabores amargos o ácidos me aturden. Puedo caminar media hora o quizá un poco más, aunque no llego aún a los diez o quince kilómetros que hacía en el día.Si no llegara a respetar mis límites me sentiría irritado, rígido, como afiebrado, muy triste y abatido. No vale la pena. Me cuido mucho, aprendí a hacerlo.La hipertonia muscular que tenía en el cuello y los hombros a causa de Mike, hacía que mi postura (pelvis, hombros y cabeza) fuera difícil de alinear ¡¡Ahora no!! Soy más alto, e inestable y pararme derecho requiere una reeducación que he comenzado. Ahora me toca a mi desarrollar esos músculos.Camino como un señor mayor (más mayor, más respeto) y me siento frágil a veces. Puedo estar máximo media hora ante una pantalla y necesito descansar la vista. Duermo siestas para recuperarme, aunque sean breves.Tengo un ligero dolor de cabeza casi constante. Con los analgésicos desaparece unas horas. Lo llevo bien, no es algo grave.Tengo a veces tinitus (sonidos o pitidos en los oídos sin razón aparente). Se que es producto de mi estado y lo abrazo.Mi memoria de cortísimo plazo está aún reprocesando y acomodándose. Es normal. Así y todo pierdo pensamientos, en general solo cuando escribo y estoy por empezar el párrafo siguiente. Se que se irá, asusta un poco a veces. Antes de este párrafo tuve otra idea y la perdí. No sirve buscarla porque no vuelve. Aceptar y seguir.La vulnerabilidad no es debilidad, es humanidad, coraje de ir a través de, reconocer.Nada de esto me impide ser feliz. Nada. Esto también pasará o lo abrazaré completo. Es lo que soy hoy y lo abrazo.Lo que falta es parte del camino, que no te empañe la vista. Sea donde estés hoy, te acompaño.
Lograrlo
Todos los días descubro algo nuevo ¡Y lo celebro! Después de mi primera noche en casa de forma definitiva, esta mañana salí a la esquina a explorar el mundo y comprar cosas para desayunar. Quizá para vos es una tarea diaria, después de mi intervención lo viví como un pequeño milagro.Lograr es parte salir de lo cómodo y conocido. A veces es difícil porque la mente se acostumbra a repetir. De pronto necesitas un cambio o lo que hacías no te funciona...Quiero proponerte una lista para vos o para los que están en el camino de lograrlo. Para mí lograrlo es hacer, salir de lo seguro... el resultado es otra cosa, aunque puede sorprenderte si salís de la zona de confort:
- Tratate con compasión, mucho amor y paciencia.
- No te exijas para cumplir con otros.
- Hace lo que puedas con lo que tenés, que ese es tu punto de partida.
- No esperes resultados, no tengas expectativas.
- Abraza lo que hay, la vida es un milagro y es imperfecta.
- Ámate por estar haciendo el intento.
- La zona de confort es para descansar, quizá no para vivir allí.
- Tené miedo, es parte del juego: hacerlo a través del miedo, de lo humano.
- Se vulnerable y fallá, porque te prometo que de los errores se aprende más que de los aciertos.
- Si nada de esto funcionara, volvé al primer punto de la lista.
Celebrar cada pequeño logro. Es sobre los que construimos los logros más grandes.
foto sacada por mí en Hyde Park en Londres, una ciudad que me sacó una y mil veces de la zona de confort ¡y la amo por eso!
