Reparar

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Hace unos días tomaba unos mates con una consultante: yo aquí en el invierno polar nórdico y ella por Skype en Buenos Aires con un calor típico del mes de diciembre (temperaturas elevadas en la atmósfera y en todo lo circundante).Estábamos hablando del perdón, de la relación profunda y compleja con su pareja y mi necesidad de conocer un poco más sobre cómo era la relación con sus padres cuando era chica. Mi enfoque la desanimó un poco, porque acostumbrada a que la lleve a "qué sentís ahora" o "qué te pasa a vos", parecía que quería meterme en donde tantos terapeutas antes se metieron: el pasado.Estamos acostumbrados al perdón infantil, aquél que cuando nos hacen una macana (por ejemplo, me pegan) el otro al percibir mi reacción o sus sensaciones internas vuelve sobre sus pasos y pide perdón, queriendo borrar la acción. Esa especie de "borrón y cuenta nueva" es la forma en la que construimos nuestras interacciones en la niñez, y muchas veces en la familia.Reparar, es otra cosa... reparar es reconocer que esa acción sucedió, que lo que hice dejó huella y que quiero de alguna manera compensar mi acción anterior, al menos la parte de la que soy responsable: sea por lo que hice, dije, o por la intención que me guió en lo que sucedió.En el perdón adulto, podemos perdonar sin dar acceso: se que lo que pasó fue malo para los dos, no hay rencor, y tampoco  te quiero ya en mi vida.En el perdón adulto, es necesario también establecer cómo y cuál es la reparación: cómo serán las cosas de ahora en más, fijar acuerdos, establecer un curso de acción si queremos seguir juntos.La reparación a veces es desde volver a abrazar o hacer contacto hasta un plan de acción para evitar que algo que nos lastime vuelva a suceder. Ya no tenemos cinco años y el decir "¿Me perdonas?" o "Te perdono" no alcanza para garantizar que aprendimos de lo que pasó.Mi pregunta, mate por medio, con esta consultante era porque muchas veces nos educan en el perdón infantil y eso es lo que reproducimos en las relaciones adultas... Y ahí entonces, aprendemos a no perdonar como salida. Y la verdad que la ausencia de perdón (a nosotros mismos, a aquellos que nos hirieron) nos mantiene en alerta constante y poco nos permite pensar con claridad.El enojo, el dolor, la aceptación de lo que sucedió, son pasos previos para arribar al perdón. Y cuando llegamos allí habrá qué, si queremos sanar y seguir juntos, pensar una reparación.Reflexión: Hay cosas que por perdonarlas no deben quedar impunes; como abusos físicos o emocionales, manipulaciones o daños... Yo ahí puedo, si quiero liberarme de ese rencor o defensa que me carcome, perdonar. Allí perdonar es liberarse del miedo profundo a que aquello se repita, de ningún modo permitir acceso a la otra persona para que esto vuelva a suceder. Perdonar y preservarse pueden ir unidos... Eso, es reparar para con vos, es cuidarte. 

Perdonar a mamá

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Sé que sos una mujer de carne y hueso. Se que te cuesta expresar lo que sentís.Sé que te da miedo mostrarte vulnerable ante mí.Se que para que hayas tenido que estar tan ausente te tienen que haber pasado cosas muy fuertes para no poder estar cerca de mí en mi niñez.

Sé que me amas, aunque nunca hayas podido decir esas dos palabras que hoy a mí me cuestan tanto decir.Sé que criarme fue un desafío, que no sabías cómo, que querías lo mejor para mí.

Sé que quizá no elegiste ser mamá en ese momento, aunque después lo abrazaste, me abrazaste.Se que todos esos enojos y gritos cuando me equivocaba eran profundos miedos de que me lastimara o me perdieses.Se que me enseñaste todo lo que funcionó para vos o lo que creías que podría funcionar.

Se que me responsabilizaste (me entregaste la capacidad de responder) de las cosas que no podías manejar.Sé que las tradiciones que me enseñaste son las mismas que aprendiste vos y que se vienen transmitiendo entre generaciones desde quién sabe hace cuanto.

Yo, ahora, se quién soy. Yo soy yo, y vos sos vos.Te agradezco todo lo que hiciste por mí, inclusive todo aquello que me hirió, porque de esas cosas aprendí más que de ninguna otra.Te agradezco la vida, y haber sido la puerta de entrada a este mundo.Yo, ahora, me libero de las expectativas de que vos fueras la persona que a mí me hubiera gustado que fueras.

Yo, ahora, me doy a mí todo aquello que me hubiera gustado que me dieras vos.Yo, ahora, sano. Yo, ahora, me libero del rencor que sentí todos estos años.Yo, ahora, empiezo a darme cuenta de que no podés lastimarme más y que yo tampoco voy a exigirte que seas alguien que nunca fuiste.

Yo, ahora, me quedo con el aprendizaje.Yo, ahora, me perdono por no haber podido protegerme del daño que sufrí, y sé que con esto que pasamos no volverá a sucederme.Yo, ahora, soy quien sobrevivió a todo lo que pasó, ya no soy aquella criatura herida.Yo, ahora, sé que todos hemos sido víctimas de víctimas, que todos hemos sido lastimados y elijo ser quien sana.

Yo, ahora, te perdono mamá. Hiciste lo que podías con lo que tenías, imperfecta, frágil, y humana.Yo, ahora... sí, ahora yo, ahora me toca hacer a mí.

REFLEXION: A veces el dolor de aquello que no tuvimos nos alcanza y arrastra a lo largo de toda nuestra vida. Para ser felices hay que perdonar, no para dar acceso a que el otro vuelva a lastimarnos, si no para liberarnos de los mecanismos de defensa, de las alertas que esperan que nos defendamos de aquel gran enemigo, que posiblemente ya nunca vaya a volver o tenga el poder de lastimarnos.

Soltar

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Una palabra tan utilizada y tan poco entendida... Se puso de moda en el último tiempo, como vocablo para "cerrar un proceso", como la cosa que "hay que hacer" cuando algo no puede resolverse.Problemas del pasado, cosas irresolubles, acciones del presente, fantasmas del futuro: el remedio común parece el mismo ¡Soltar!Nadie explica cómo, todos recomiendan soltar.¿Por qué nos cuesta tanto?Resulta que, a medida que vamos creciendo, algunas cosas o eventos que cruzamos en nuestro camino los tomamos como seña de identidad. Es decir, como si fuera un corte de pelo, un par de zapatos cómodos, una forma de hablar... nos creemos que somos eso ¿No es gracioso? Nos apropiamos y creamos a veces identidad alrededor de algo que es efímero, que nos lo encontramos en el camino y que, como todo lo demás, es plausible de irse, romperse, cambiar o desaparecer...Nuestro cuerpo cambia a diario (para subsistir, repararse, adaptarse), la Naturaleza es un símbolo de cambio constante a nuestro alrededor. Confundimos a la materia (sujeta a cambio permanente) con la energía (inmutable desde el principio de los tiempos).La energía cambia de contenedor, de forma, y es siempre la misma... La luz del Sol atrapada en la madera seca, que liberamos cuando la quemamos. Los alimentos creados al Sol que transformamos en piel, hueso, cerebro o lo que el cuerpo necesite...Nos apegamos a la materia (o a las personas) como si eso nos dijera quienes somos. Nos cuesta soltar porque... ¿qué seríamos si no fuésemos eso que acabamos de perder?La respuesta siempre está dentro.Un barco no es el puerto en el que recala, ni el ancla que lo ata a ese mar... Un barco es el barco mismo, y el barco no sería nada sin su capitán. El capitán puede cambiar de barco (como la energía de contenedor). Nosotros no podemos soltar porque nos creemos el barco en ese puerto, sin reconocer que somos mucho más que esas experiencias.La vida es un milagro, aquello que hayamos perdido nos lo certifica: tuvimos, en medio de este vasto mundo, la dicha de encontrar, combinar, permanecer, compartir esos instantes con aquello que ya no está ¡Atesoremos la experiencia!¿Qué es soltar entonces?Contectarnos con el presente a través de la respiración, lo que nos trae al "aquí y ahora"... los recuerdos no son ahora... así como abrazamos aquello en el pasado, abracemos lo que hay hoy en este presente.Soltar es abrazar lo que hay hoy como abrazamos ese pasado. La mirada y la energía en el hoy. La vida ES HOY.Hoy estoy soltando aquel que fui antes de mi intervención, porque éste nuevo es claramente diferente, ni mejor ni peor. Ya no ser quien era antes también es una gran oportunidad. Suelto.

Dolor y Sufrimiento

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Hace un par de días hablaba con una lectora de este blog, asidua comentadora, y me decía que era una enorme suerte que no tuviera que pasar dolor. Ahí me di cuenta que quizá estaba dando una idea equivocada de mi proceso: hay dolor, claro que lo hay. Quizá la diferencia es que, después de lo vivido, este dolor es sólo físico.¿Cómo es eso? El dolor no es sólo físico, si no que también puede ser emocional. Nos duele que nos duela, sufrimos porque no podemos aceptar que duela, que no estemos sanos, que siga doliendo.El Buda (que significa El Iluminado) decía que "el sufrimiento es hijo de la negación, el dolor es parte de la vida".A veces estos dos se mezclan (sufrimiento y dolor) y no podemos diferenciarlos... El dolor es información que proviene del cuerpo físico, el sufrimiento es síntoma que viene del cuerpo mental o del alma.Cuando reconocemos que hay un problema, que esto duele, y que negarlo no lo va a hacer desaparecer, cuando aceptamos... "mágicamente" el dolor se hace más soportable.En este proceso, después de atender el síntoma, me di cuenta que venía soportando el dolor por eso de "ser fuerte"... Esa reacción cuando no tomas el analgésico cuando te duele la cabeza, cuando pensas "ya pasará" o cuando el ambiente que te rodea espera que "estes bien"...Quiero confesar aquí que llegué a pensar que algunos de mis dolores (hombros, cuello, cadera izquierda, etcétera) eran achaques de la mediana edad. Uno de mis médicos en Buenos Aires me decía que "después de los treinta, si te duele algo significa que estás vivo, el dolor es parte de la vida". Y aunque mucho de lo dice puede ser interpretado como cierto, el dolor es información de que algo está inflamado o en tensión. Si de algo sirve esta experiencia: ATENDELO.El sufrimiento es innecesario y es una carga adicional en nuestro sistema nervioso, lo que causa una ampliación del mismo dolor que sentimos. Una de las herramientas más poderosas para trabajar sobre ese componente emocional del dolor es la aceptación: abrazar lo que sea que surja, amar lo que es. El trabajo con la respiración es fundamental.Al respecto de esto, desde hace un par de años se viene observando en mujeres con fibromialgia que la meditación y el trabajo terapéutico con lo emocional reduce la intensidad de los episodios y su duración. Como consecuencia adicional e inesperada, también reducen su presión arterial y mejora la calidad del sueño. Todo está conectado.A veces el dolor es tan grande que sentimos nuestra vida miserable, vacía de contenido, y nos olvidamos quienes éramos antes del dolor... Eso trae sufrimiento, y el ciclo se realimenta.El dolor nos recuerda que en nuestro interior somos blandos, sensibles, inflamables... Y el síntoma siempre se conecta con aquello que dejamos en la sombra.Mientras deja de doler, abrazo lo que hay... Y cada vez duele menos. No te acostumbres al dolor.

Benigno

Ayer me sacaron los puntos, y mientras la enfermera iba cortando casa una de las veinte suturas que tenía en la parte de atrás de mi cabeza, me dijo que ya estaba la biopsia definitiva: benigno.Respiré profundo y me permití por primera vez en dos semanas relajarme en cada exhalación. Y aunque creía en que ese iba a ser el resultado, siempre mantuve la mente y el corazón abiertos a lo que pudiera ser. Porque aunque no lo fuera, nadie pierde la vida en el diagnóstico.Hay siempre conexión profunda entre el lugar donde aparecen los trastornos o dificultades de salud y nuestro mundo emocional. Así como hay piezas de la aspiradora o del teléfono que se desgastan o se “estresan”, lo mismo pasa con nuestro maravilloso cuerpo físico.La división que hacemos entre cuerpo y mente es divertidamente arbitraria: todo es mente, todo es cuerpo. El Cuerpo-Mente es una completa unidad. Lo miramos con lupa en vez de verlo en conjunto.El síntoma es una forma de expresar aquello que no se pudo resolver, emerge en el cuerpo físico aquello que en la mente se trabó. El síntoma es la voz del cuerpo.Así es como no hay forma de que algo que nos decimos a nosotros mismos para llamar la atención de nuestra consciencia no sea otra cosa que benigno. Siempre es benigno. Siempre está llamando nuestra atención. Siempre.Escuchemos a nuestro cuerpo, todo lo que tiene para decir es bueno. Si no lo hacemos hoy, puede que mañana empiece a elevar la voz, hasta que parezca un grito, hasta que parezca que es malo con nosotros.