Budismo en zapatillas

Los falsos gurus

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Hace unos días, un amigo a quien quiero mucho y admiro como profesional, fue a una de estas tantas cenas de fin de año.En la comida, entre tantas otras charlas surgen los sueños y proyectos para el futuro y él pone sobre la mesa su idea de ir a India a hacer un viaje vinculado con el mundo del yoga.Esto despertó un debate sobre si la verdadera espiritualidad necesita de irse a Oriente o si es algo que se puede cultivar a nivel individual.Surgieron los nombres de grandes líderes espirituales y de verdaderas maquinarias de producir dinero asociado al crecimiento personal como un comercio.Uno de los presentes dice: "yo conozco a uno de estos falsos gurús, que no es de India, es de acá: un verdadero chanta" y ahí, para sorpresa de este amigo, esta persona que no me conoce... sí, dice mi nombre.El ambiente del Yoga, la Meditación y el crecimiento personal está lleno de personas que dicen tener la opción correcta, la verdad, y que piden adoración de sus seguidores. También, hay gente que hace mucho trabajo anónimo y que ayuda a que los otros busquen su propio camino.Cuando lo que hago me eligió, y lo digo así porque empecé a enseñar por compartir lo que a mi me hizo bien, supe que iba a ser un desafío principalmente fuera del aula y del consultorio.Soy un varón que trabaja temas profundos llamando a las cosas por su nombre, en una sociedad donde muchos han aprovechado sus posiciones de poder para lastimar a otros.Contrariamente al prejuicio, mi deseo es que cada uno recupere su propio poder, porque ese empoderamiento a mi me salvó la vida.Yo soy de la idea de que cada uno es su propio Maestro.Hay un pequeño "koan" del zen (verso o problema que un maestro da a su alumno para que lo analice y medite sobre él) que dice: "Si ves a Buda en el camino, mátalo".Suena a una apología del magnicidio, pero dentro del contexto de la filosofía oriental quiere decir que no busques maestros afuera, no busques gente que eleves a la categoría de un dios, si no que seas vos tu propio líder y guía.Para el momento en el que Linji escribió este koan, Buda llevaba muerto un buen rato, así que si alguien lo veía al costado de la ruta, era claramente una alucinación.Hay gente que se viste de blanco, prende velas, se cambia el nombre por uno en sánscrito, y juzga a todos los que no cumplen con lo que ellos o sus maestros dictan. Endiosarse no nos hace menos humanos.Yo sé que el que odia y juzga es porque nunca estuvo lo suficientemente cerca, porque no puede tener empatía, porque teme a lo que no conoce. Yo lo he vivido desde los dos lugares: he sido rechazado y rechacé, no lo digo emulando un lugar de santidad.Yo no me creo ejemplo de nada. Tuve una infancia muy dolorosa y mis primeros años estuvieron signados por abusos, alcoholismo y muchas conductas riesgosas que terminaron con un intento de suicidio a mis quince años. Volvería a pasar por mi tumor cerebral y mi cirugía varías veces antes de volver a los primeros años de mi vida.Muchas de las cosas que digo nacieron de lo que resonó en mi o de lo que me digo a mi mismo buscando una respuesta.Cuando yo digo que la vida nos pertenece, no significa que tu vida me pertenezca, si no que es sólo tuya.Y cuando te digo que yo no soy un gurú, maestro o líder espiritual, no es falsa modestia: soy una persona como vos. Empoderate.La única diferencia quizá, es que yo le dediqué decenas de miles de horas a esto, mientras otro se lo dedicó a la ingeniería o a cocinar los mejores pasteles del mundo. La única diferencia es lo que sostenemos.Hablando de no sostener, mi nombre sanniasin es Ramachandran, que significa "agradable luz de luna". Mi maestro dice que quería para mi camino la luz de las emociones (la luna) y uno de los atributos principales del dios Rama en el hinduismo que es el cumplir con el Dharma o propósito vital. Esto último porque en mi vida, durante décadas, me dediqué más a hacer lo que otros esperaban de mi y muy poco de lo que yo amaba. No uso este nombre públicamente, porque desconecta de quien soy y fui. Quiso, amorosamente, que me empoderara.No escribo esto porque esté enojado con quien no coincide con lo que digo, o con la persona que hizo aquel comentario en la cena, porque eso es "parte del juego" en una actividad como esta. Escribo porque los falsos gurús no buscan tu crecimiento si no pararse de manera narcisista en el centro de la escena, y te piden obediencia y que no los cuestiones. Duda de todo.Vivimos un momento donde poco a poco las personas oprimidas recuperan su voz, y lo celebro. Cada triunfo lo vivo como propio. Aquel que te proponga que le creas ciegamente, cuestionale.Lo contrario a la fe, no es la desconfianza si no la certeza. Fe es dar testimonio sin pedir o necesitar prueba. Yo la necesito, y la pido. Después de todo, quiero un camino de certezas. Si ves a Buda en el camino...

Mi perro es mi faro

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Mi perro está enfermo. No parece mortal, aunque es un proceso de desgaste enorme que se lo ha ido consumiendo desde el mes de mayo de este año: primero empezó con una infección en una uña, que unos meses después y fuera de control se cobró un par de falanges.El jueves pasado finalmente la veterinaria decidió que lo mejor era amputarle el dedo, porque esa pequeña y persistente herida ya no cerraría jamás.Supuestamente, esa acción tenía que terminar con unos casi seis meses de tratamientos diarios, medicación y preocupación. No fue así.En el quirófano se agarró una infección y en el primer control de su herida, en esa pata de tres dedos, aparecía el líquido brillante y pegajoso que anticipa la defensa del cuerpo ante las bacterias. Sí, me cuesta mucho decir la palabra "pus"... vengo intentando hacer desaparecer todo signo de infección desde hace ya seis meses, y estoy tratando de eliminarla hasta de mi propio lenguaje.Justamente, para que una herida infectada pueda curarse, a veces hay que abrirla, drenarla, "cortar por lo sano"...Félix es mi compañero, mi constante con quien he recorrido el mundo. Nació en Argentina, y nos conocimos un par de semanas después de que Theo murió de leucemia. En ese momento, en abril de 2011, le dije a mis amigos y familia: "no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro". Acababa de mudarme a Buenos Aires después de ocho años en España, volví a estar con mis padres que estaban en edad de jubilarse, a conocer a mis sobrinos con quien no compartía más que alguna reunión familiar cuando cruzaba el Atlántico... tenía muchas expectativas de lo que iba a ser "volver". Aunque yo me desplacé físicamente desde Europa a Sudamérica, haciendo el viaje inverso que había hecho en 2003, el lugar del que me había ido ya no existía y pude sí estar cerca de mi familia, pero habíamos crecido en direcciones diferentes.Theo había enfermado y murió en mis brazos. Yo estaba recomenzando mi vida en un país conocido-desconocido, con muchas cosas diferentes dentro de mí y en los que me rodeaban. Ninguno de nosotros éramos los mismos, me sentía profundamente desconectado y aislado.Así fue como, gracias a la amiga de una amiga, terminé en un criadero de Schnauzers Gigantes. Acababan de devolver a un macho de tres meses con temblores en una de sus patas sospechando que había tenido moquillo.Me senté en el suelo, el cachorro vino hacia mí y se sentó pegado a mi cadera e inclinó todo su peso sobre mi cuerpo. Suspiró. Y yo lloré. Extrañaba mucho a Theo, y me daba cuenta de que todo lo que estaba pasando alrededor mío era demasiado, que necesitaba una constante, algo que empezara a dar orden a mis días.Nunca un clavo saca a otro clavo, nunca un duelo se cierra cuando se abre una relación nueva. Ergo, queridos amigos "no puedo hacer todo bien, lo siento mucho, no puedo vivir sin un perro" y una semana más tarde se vino conmigo.No fue fácil. Le puse Félix porque nació un seis de enero, y en el Santoral Católico es "San Félix", al menos eso era lo que contaba... en realidad, le puse ese nombre porque detrás de eso estaba yo entonces, la búsqueda de la felicidad. Curioso, porque luego descubriría que la felicidad no se busca, si no que se encuentra (es una forma de ver las cosas, no un estado de situación). De cachorro ya era más grande y pesado que mi perro anterior de adulto. Y aún la presencia de Theo llenaba cada rincón y comparación. Fue cruel con los dos, y muy egoísta haber decidido no esperar un poco más para adoptar una nueva mascota.Vivir con Félix es como entrenar un dragón, o domar una pantera. Es un animal salvaje, poderoso, noble y con una enorme devoción por los humanos. Y en su contracara está atento a los descuidos, glotón, posesivo y obsesivo, testarudo y feroz si alguno de su manada está en peligro. Yo he aprendido a ser menos civilizado a su lado. Le encanta el agua, el barro y perseguir gatos o conejos. Su mejor sentido es el olfato, si la intuición no cuenta.Yo sé que nuestro tiempo tiene principio y fin. No creo que el final esté cerca, aunque no quiero imaginarme qué sucederá después si esta misteriosa bacteria... no quiero ponerlo en palabras, dejémoslo así. Hoy agradezco que me haya sacado de todos los espacios oscuros, haya sido mi constante en un mar de cambios, hayamos recorrido ya cuatro países juntos y dos continentes.En la fragilidad de nuestro tiempo juntos, voy a asegurarme que la felicidad no sea una circunstancia que se crea si no un sentimiento que se alimenta, que cada momento esté lleno de amorosa presencia, porque así siempre lo fue de su lado.Anne Lamott, en su libro "Pájaro a pájaro", tiene una frase que me atravesó el corazón: "Los faros no corren por toda la isla buscando botes para salvar. Ellos se quedan ahí, brillando". Félix ha sido mi faro durante mis viajes, mis desafíos y este último año de mi recuperación... hoy me toca ir hacia él, para asegurarme de que siga brillando todo lo que su luz pueda dar.

Ladran

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Salirse del sistema tiene su precio. Claro que pertenecer a él también. La familia de origen nos marca un "guión", también llamado mandato, algo que "venimos a ser" ¿Pero es esto realmente el propósito de nuestra existencia?Yo no sé si crees en el alma, en la esencia de los seres o en el destino. Quiero hablarte quizá de algo más concreto y menos metafísico: la libertad como parte de la vida.Es verdad que la familia nos trae al mundo, que encarnamos en un árbol con historia, genes, cultura... ¿Y somos solamente eso?Es ahí donde comienza a esbozarse el concepto de la libertad. Nuestras familias, por sus costumbres y experiencias, tienen una "idea" o "plan" para cada uno de sus miembros. Y nosotros en esencia, podemos estar de acuerdo y abrazar o no ese camino pre marcado.Por ejemplo, mi abuela María fue migrante de la Guerra Civil Española, apenas sabía leer y escribir, tuvo una vida muy dura laboralmente, con opciones muy limitadas. A pesar de ello (mejor dicho "a través de ello") salió adelante y le transmitió a su familia un bien muy preciado: la resiliencia. Por otra parte, sus dos hijos fueron profesionales universitarios, un Doctor en Física y el otro Ingeniero Industrial. Esa inteligencia y maña para enfrentar la adversidad y los desafíos se transformó en un plan brillante: que sus hijos tuvieran el estudio que ella no tuvo. Se casó con la persona correcta, con un interés común, y mi padre y mi tío son dos luminarias ¿Es eso lo que realmente querían? No lo sé, eso lo saben ellos, y respeto sus decisiones: todos los caminos que nos traen al presente son buenos caminos.El éxito o terminar una carrera poco tiene que ver con el deseo. Yo sí puedo hablarte de mi, y contarte que ni el Yoga, ni la Psicología Budista y Transpersonal fueron mi primera opción o carrera. Durante años trabajé en el mundo corporativo (otro día si querés te cuento más) e hice mi primer estudio en Comunicación Social ¿Me hacía feliz? No, ganaba muy buen dinero siendo infeliz yo y haciendo infelices a muchas personas a mi alrededor. A pesar de ello, era "lo que se esperaba de mi".De más de una manera, lo que yo hago, la vida que llevo, las opciones que tomé, hasta el lugar donde elegí llamar "hogar", se sale del "guión" que mi familia de origen tenía para mi y para lo que se supone que mi vida "debería ser". Tanta comilla marca la diferencia entre lo que los demás ven cuando me miran y lo que veo yo ¿Estoy yo para cumplir con ese plan y esas expectativas?A veces, por amor a nuestro clan, a nuestra familia de origen, postergamos todo deseo individual para ser aquellos que los demás quizá necesitan que seamos. El tema es que, a pesar de haber nacido en una familia con historia y roles que cubrir, puede que en nuestro interior haya otras pasiones latiendo, otros rumbos con ansia profunda de explorar.Ahí, en ese punto de conflicto, uno se alumbra a si mismo. Y uso este verbo porque tiene algo de darse luz y otro poco de hacerse nacer.Lo que está por verse en ese momento es si uno es capaz de escucharse en ese auto llamado, si es capaz de verbalizarlo y pasar a la acción, y si el clan puede aceptar que elijamos postergar aquello que tenían pensado o diagramado para nosotros y nos "permitan" esa libertad.Aquí la noticia: la vida nos pertenece. Nadie puede decidir por nosotros nada. La vida nos pertenece, y lo repito absolutamente a propósito. Por supuesto que les debemos la existencia y todos los dones con los que nos han traído al mundo, inclusive las dificultades y desafíos de haber nacido en este lugar, con estas condiciones y con esa historia. La vida, así y todo, nos pertenece.¿Otro ejemplo? Una chica es encerrada por sus padres en un baño para evitar que huyera con su novio músico de pelo largo, tiene 20 años. Finalmente se pone de novia con la persona que su familia cree que es la correcta: un buen tipo, muy trabajador y religioso. Se casan, tienen tres hijos varones. Hoy han pasado ya 20 años de aquel momento y ella se da cuenta que no lo ama, y que aún extraña a aquel hombre que la hacía sentir que la vida era una aventura. Hoy, la relación es más estrecha entre el yerno y la suegra, que entre la madre y la hija ¿Quién tiene razón?Porque la vida es inmensamente sabia, nos encontramos con que la mayoría, aunque no todos, despiertan frente a su propia libertad para vivir su vida. Y hay clanes, como decíamos, más aceptantes de esa libertad que otros... Hay resistencias, y fuertes!Ojo, a veces hay coincidencias, y son reales, y todos viven en profunda armonía. Si ese es tu caso, entonces este no es tu post, pero tampoco entonces necesitabas que te hablaran de esto. Este mensaje va más a los que se sienten ovejas negras, a los que sienten que si se toman esa libertad que viene ya con el hecho de estar vivo, están traicionando los planes de otro.Segunda noticia importante: los hijos no nos pertenecen. Yo no tuve hijos biológicos, aunque sí fui padre sustituto durante muchos años (esos seguro no te pertenecen, los que nacieron de vos tampoco). Ahí, La Biblia dice en el Génesis que Dios creó al Hombre con "libre albedrío" y quizá se refería a eso... ¿Dónde queda esto de honrar al Padre y a la Madre? Enorme respeto y agradecimiento por habernos traído a este plano, habernos dado todo lo que nos dieron... ¿Ahora? Ahora eso es nuestro.Hay clanes que, cuando uno reconoce que el guión no le pertenece, celebran esa libertad y ayudan a desplegar alas. En general, son los clanes que se han formado en el amor y la propia libertad. Amar es querer la mejor versión del otro, y reconocer que el camino siempre es propio.Hay clanes que, en la misma situación, juzgan, limitan, reprimen, someten, censuran... ladran.Nadie, excepto vos, puede decirte si tu camino es el correcto. Nadie, excepto vos, puede determinar si los planes de tu clan son tus planes. Estar vivo es ser libre. Y si los que te rodean no son capaces de reconocerte esa libertad, ladran.Si te interesa el tema y querés indagar un poco más en tu propio proceso, podés contactarme aquí

Cumplir años y celebrarlos

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Esta vez, es diferente. No por el número, si no por la sensación de que esta celebración realmente estaba fuera de todo plan.Cuando somos pequeños, las celebraciones de cumpleaños son algo esperado: por la atención, por los regalos, por la expectativa que genera nuestro propio entorno, y también por compartir con nuestros amigos y compañeros.En los festejos hay, en ese entonces, una sensación de hito, de logro que se alcanza.En esta sociedad que le da las espaldas a la adultez, pasados ciertos mojones, a casi nadie le interesa ya ni la torta, ni las velas, ni las fiestas. A algunos aún les interesan los regalos, y otros ya no quieren ver gente porque esos eventos les causan ansiedad social.Mi abuela me hacía una torta, como la que pidiese, y en ese tiempo no se usaban otra cosas que las velas con forma de vela.Como le sucede a muchos, llegué a una edad en la que mi cumpleaños se transformó en saludos y demostraciones de cariño. Un día en el calendario y un número más alto en la edad.En el último tiempo, inclusive los saludos se transforman en mensajes de texto o audio, y ya no hay interacción, a veces ya ni reuniones.En una sociedad que sobrevalora la juventud (todos somos o hemos sido jóvenes, no hay mérito en ello), dejar de ser joven se convierte en algo "a disimular".Este año cumplí 47. Lo curioso es que pensé que nunca iba a llegar a esta edad. Y es literal, cuando tenía unos doce años, estaba convencido que iba a vivir hasta los 46 ¡y casi lo consigo! En ese momento, inclusive mis padres eran menores y uno de mis abuelos había fallecido muy joven. La vida me parecía larguísima.Este es el cumpleaños que "nunca debería haber tenido", y sin embargo aquí estoy. Inclusive mi salud es mejor que antes, y mis ganas de celebrar.Cuando se acaban las expectativas, cuando superamos todos los planes, empezamos a ver el regalo que es la vida, y lo poco que podemos hacer para controlar su existencia.Sin ánimo de parecer excesivamente optimista, este año celebré, agradecí, y disfruté como nunca.Superar esa loca barrera infantil, sumado al tumor cerebral que el año pasado casi me mata, da la sensación de "tiempo extra", aunque claramente es una ilusión.La vida es muy frágil, y toda existencia es para celebrar... los nacimientos, los cumpleaños, los que se van de repente o despidiéndose.Mis arrugas y mis canas dan testimonio de mi viaje en este plano, de "lo que estoy durando". Y mi yoga, mis escritos, mi festejar, mi compartir quizá de "cómo lo transcurro".Eso, la vida es muy frágil, no celebrarla, sería no reconocer el milagro.Contra el tiempo perdemos todos, así que mientras estemos aquí, demos señales de vida.

Resolver o repetir

No se lo tenía que contar a nadie, era nuestro secreto. Y las cosas que me pedía que hiciera eran las que hacen los adultos. Y mis padres no querían que yo me enterase de esas cosas, porque entonces me haría grande más rápido y ellos querían que yo fuese para siempre un niño. Y esto era absolutamente normal. Y lo hacía todo el mundo. Tenía que sentirme honrado de que me enseñaran esto siendo tan chico, pero tenía que merecérmelo.Yo era tan inocente, que creí todo lo que él me decía. Era una de las personas que más admiraba en el mundo ¿por qué no iba a creerle?Durante décadas, estas cosas que sucedieron no tuvieron palabra para definirlas. Y por eso quiero hablarte de "lo que pasó" sin ponerles un nombre.Después de "aquello", que no fue una vez sino algo que se repitió a lo largo de por lo menos cuatro años, mi vida cambió por completo, por supuesto.Empecé a tener problemas en el colegio: de concentración, violencia física, me perdía en mis fantasías, no comía, y mis maestras llamaban a mis padres sin entender qué era lo que pasaba. Me estaba convirtiendo en un preadolescente rebelde y "necesitaba más disciplina".Psicopedagogas, psicóloga, pediatra... nadie se dio cuenta. Ni mis padres. Ni mis hermanos ni yo tuvimos palabra para contarlo o pedir ayuda.Durante esos años, empecé a escribir, por crear un mundo donde pudiera evadirme. Y empecé a mentir, como una forma de protegerme frente a la profunda invasión psíquica de unos padres y una abuela fervientemente religiosos.En esa época, para ir hacia el patio en el fondo de mi casa, había que pasar por la cocina. Cuando nadie me veía, abría la puerta de la heladera, tomaba alguna de las botellas de vermouth que estaban allí enfriándose, le daba un buen trago y salía a jugar. Tenía doce años. Nadie nunca lo supo.Por los problemas escolares empecé a ir a una psicóloga, primero me pasaba a buscar mi madre con el auto y luego cuando tuvimos que venderlo por las deudas, empecé a ir en tren por mi cuenta. Iba por las mañanas, antes de entrar al colegio.Con ella, yo llamaba al alcohol "la capa". Cuando necesitaba escaparme de todo lo que me dolía, "me ponía la capa" y se me pasaba. Después de ponerme la capa, me sentaba en el tobogán del jardín y me ponía a mirar los árboles mientras sentía como el ritmo de mi corazón iba apagándose en mi pecho.Gracias a ella, dejé de "usar la capa". Y también pude tomar un poco de distancia de ese que quería mostrarnos a mi y a mis hermanos cómo ser adultos más rápido.Una tía, convencida de que "hacer terapia" me iba a alejar de mi familia y de Dios, me pidió que dejara de ir a la psicóloga, para ir a ver a un cura salesiano. Yo tenía mucho miedo de enfrentar a mis padres, y ella me sugirió que, en el mismo día y horario de mi terapia, me fuera con ella a ver a este guía espiritual. El camino era a través de la Iglesia, yo iba a estar bien.Mi tía decía que yo estaba muy mal alimentado, que mis brazos parecían fideos, y que tenía un tono gris en la piel. Tenía que "hacer un esfuerzo", porque si yo no ponía voluntad, nunca iba a ser una persona normal.Ella y mi abuela decían que mi madre había tenido a sus hijos como quien compra juguetes, y que ya se había cansado de nosotros. Era su propia madre.El sacerdote me hacía preguntas muy incómodas sobre mi cuerpo y lo que hacía cuando estaba solo o en la ducha, y después de cada encuentro los abrazos eran más largos y me acariciaba la cara mirándome a los ojos.Pasé de sentirme escuchado y comprendido a volver a usar "la capa" para huir de todo aquello.No había palabras entonces para describir lo que sucedió, ni las hay ahora para definir el horror que pasamos, y lo solos que estábamos. Yo era un poco más grande, pero mis hermanos tenían apenas cinco años, y no supe protegerlos, ni pedir ayuda.Tal fue la ausencia de palabra, que cuando mis padres finalmente se enteraron de lo que pasó unos cuantos años más tarde, no pude contarlo, como ahora.Mis hermanos "recordaron" parte de ese horror cuando, veinte años más tarde, uno de ellos reconstruyó trozos de su memoria en una consulta psicoanalítica. Más allá de los blancos cosidos entre sí a través de la lógica y la suposición, un profundo sentido de desconfianza se apoderó de todos nosotros.Hoy, cada uno tiene una versión diferente de esos años, y fuimos incapaces de sentarnos a juntar las piezas: nos comió la vergüenza y la ausencia de palabras, no supimos abrazarnos. Y ya no nos hablamos, porque de tanto guardar un secreto, nuestra familia se rompió en pedazos.Décadas más tarde, supe que mi madre y sus hermanas fueron abusadas sexualmente cuando eran niñas, y ella aún usa una capa, aunque no se sube arriba de ningún tobogán a mirar los árboles.Alguien alguna vez dijo que "lo que no se resuelve se repite" y algún otro que "si nadie se entera es como si no hubiera pasado". Yo creo que el primero tenía razón y que el segundo quizo tapar el Sol con un dedo, o quizá con una capa.